una musulmana en la Aldea Global

Sabora Uribe

HOMENAJE EN EL XX ANIVERSARIO DE SU MUERTE (1998-2018) CENTRO DE DOCUMENTACIÓN Y PUBLICACIONES ISLÁMICAS CDPI. 2018 EDICIÓN Y NOTAS DE HÁASHIM CABRERA. TEXTOS INTRODUCTORIOS DE HÁASHIM CABRERA Y JADICHA

CANDELA. SELECCIÓN DE TEXTOS Y ENTREVISTAS DE LATIFA ESCUDERO URIBE Y HÁSHIM CABRERA. INTRODUCCION GENERAL DE ISABEL ROMERO

CENTRO DE DOCUMENTACIÓN Y PUBLICACIONES ISLAMICAS CDPI

Depósito Legal: ISBN:

Junta Islámica

C/ Claudio Marcelo 17, 10 14002 Córdoba

TIf.: 0O-34- 957 634071 fax: 957 713203

e-mail: correoOjuntaislamica.org web: www.juntaislamica.org

Edición, diseño y maquetación: Háshim Cabrera Selección y tratamiento de imágenes: Háshim Cabrera

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Indice de contenidos

4 I. Introducción + 11 4 II. Semblanza + 15

O III. Selección de textos de Sabora o Texto introductorio + 22 —3.1. Una musulmana española en la Aldea Global o 23

—3.2. El hueco de Dios o 33

—3.3. La familia islámica o 37

—3.4. La última polémica sobre la infancia o 53

—3.5. ¿Repetirá Turquía el error de Argelia? o 54

—3.6. Musulmanas denuncian el asalto a su derecho a ir con la cabeza cubierta o 56 —3.7. Otoño o 58

—3.8. En qué creen los que no creen o 59

—3.9. El espíritu de Ramadán + 61

—3.10. Una fuente en la vida o 63

—3.11. Reuniones en la Puerta de Asia o 65

—3.12. Notas sí, notas no o 72

—3.13. El pan o 75

—3.14. La cabeza de cordero + 78

—3.15. La noche + 82

—3.16. El resplandor. Versos para leer a medianoche « 84 —4.5. Jutba pronunciada por Abdelmu'min Aya en la Universidad Islámica In- e ternacional Averroes de Córdoba el viernes 13 de noviembre de mil novecien- —3.17. Diario del Hach o 97 tos noventa y ocho » 142 —3.18. Carta a Rahima González o 103

—3,19. —3,20. —3.21. —3,22. —3,23. —3.24. —3,25. —3,26. —3.27. —3.,28. O IV. Textos dedicados a Sabora + Texto introductorio + 126

—4..1. Penúltimas conversaciones con Sabora. Crónicas muladies o 127

Historia o 106

Oficina de escritores o 107

Cuarteto o 109

Soneto + 112

Sobre el padre 114

Apunte o 116

Texto suelto o 117

Otro texto suelto + 119

Sobre el término y concepto de yinn o 121

La forma o 124

Háshim Cabrera

—4,.2, A Sabora, como un perfume de violetas 136

Carmen Mora

—4,3. Aunque el sueño quiera vencernos 138

Francisca del Carmen Sánchez

—4.6. Acerca de los términos 'shahid” (mártir) y 'shahada' (testimonio) » 147

Muhámmad Mustafá Kamal

—4.7. Comunicado de Asociación An Nisá o 150

—4.8. Comunicado de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas + 152

—4.,9. Sabora Uribe o El clamor sosegado 154 J,M, Martín Portales

—4,10. Torera o 158

Zahra Contreras

—4.11. De Kámila a Sabora o 160

Kámila Toby

—4.12. Cinco flechas hacia la eternidad o 162

Saleh Simón Pérez

—4,13. Sabora Uribe: Una creyente califa de la creación o 164

Jadicha Candela

—4,14. Canción para Sabora 168 Mehdi Flores

—4.15. Perfume del encuentro o 170 Mehdi Flores

o 4.16. Fatua del mufti, profesor Abdul Bari Al-Zamzami, por la que se dicta- Blanca Andreu mina la condición de mártir en la persona de Sabora Uribe o 172

—4.17. ¡Labbaika! ¡Aquí estoy! o 175 Mulay Rachid Haddaoui

—4. 18. Carta a Latifa Escudero Uribe e 177 Jadiya Martinez

—4,19. De grises y verdes o 179

Bashira Escudero Uribe

—4.20 Carta a Marta Latifa o 181

Carlos Castilla del Pino

O V. Entrevistas o Texto introductorio + 183 —5.1. Entrevista a Hidaya Lanchas o 185 —5.2. Entrevista a José María Valls + 194 —5.3. Entrevista a Kámila Toby o 205 —5.4. Entrevista a Rahima González o 221 —5.5. Entrevista a Zahra Contreras o 233

—5.6. Entrevista a Isabel Romero + 249

4% Du'a o 263

I Introducción

ya Islámica quiere celebrar en este año 2018 el veinte aniver- sario de la desaparición de una de las figuras clave del islam con- temporáneo español, nuestra compañera y hermana Sabora Uribe. Esta publicación pretende recoger tanto un semblante personal como su proyección intelectual de mujer comprometida con su tiempo y con su espiritualidad. Sabora, probablemente a su pesar, es un sím- bolo de referencia en eso que se ha venido llamando el islam espa- ñol. Una aparente contradicción entre algo que es en mismo uni- versal pero al mismo tiempo esencialmente diverso en su materiali- zación, como lo es el ser humano en su conjunto.

Sabora enamorada, esposa, enamorada, madre, enamorada, compañera de otra esposa y enamorada ¿Por qué tanto énfasis en ese aspecto? Porque les digo, sinceramente, que ese aspecto fue el que vertebró su vida y personalidad.

El amor a la vida, a su esposo, a sus hijos a los que crió como si cada uno de ellos fuera el hijo único, con maestría exquisita para que casi no se notara. Amor al islam y al profeta, la paz sea con él, como artífice imprescindible para poder comprender y vivir en la re- alidad la revelación divina. Amor al conocimiento, a la investigación, a la pregunta incesante sobre aquello que su yo racional no podía

aceptar. Y así, aunque se sometía a la voluntad de Dios, suplicando misericordia y dando gracias cuando algo quedaba desvelado, era crítica con aquello que, aunque aceptado en el terreno humano, no conseguía encajar en sus fundamentos de mujer, esposa y madre.

Una mujer íntegra, con sus valentías y sus miedos, cediendo todo el terreno que fuera necesario para la convivencia en armonía y, donde no llegaba a más, desplegaba la inmensa misericordia que su corazón albergaba. Ella se describió a misma como "una musul- mana en la aldea global”, siendo muy consciente de la unicidad de Dios y de todos los seres humanos en El: reconocidos o no como musulmanes, criaturas del Creador en la búsqueda constante de la verdad sobre la vida y por supuesto sobre la muerte.

Su desaparición en trágicas circunstancias se produjo en los al- bores del proyecto editorial y de comunicación más importante que ha impulsado Junta Islámica: www. webislam.com, hijo digital de su hermana mayor, la revista Verde Islam, donde se sentaron las bases de un pensamiento que aún hoy, más de veinte años después, es referencia obligada para toda aquella persona que entienda el islam como un elemento dinámico y fundamental de la sociedad contem- poránea. Un proyecto que estuvo y está libre de ataduras ideológi- cas, de intereses políticos, de rémoras culturalistas, de patrones mo- dales y morales, de esos que falsamente han sido vendidos como “tradicionales”, pero que se alejan como el agua del aceite de la ver- dadera búsqueda espiritual.

No son buenos tiempos para el pensamiento en general, y menos aún para el que se realiza desde el islam. Son tiempos en los que todo se tilda de haram! y se tiñe de miedo, miedo a expresar, a co- municarse, miedo a equivocarse, olvidando que nuestra intención es buena y se ofrece al Creador, equivocado o acertado, será con- templado y aceptado por Alláh (swt) y así lo ha manifestado en re- petidas ocasiones a través de Su mensaje, el Sagrado Corán. ¿Para qué nos querría Alláh apartados de la vida, de Su Creación, aparta-

1. Prohibido, en contraposición a halal, que es 'permitido”.

2. Corán, sura 51: ayat 56-58. 3. Sahih Al Bujari, 2:47.

4. Musulmania es un término simbólico que utili- zan algunas personas que consideran que los musulmanes procedemos de un único país y de cultura y sociedad homogéneas. Así, obvian que 1.600 millones de personas que se reconocen como musulmanas, habitan los cinco continen- tes conviviendo con sus diversos modelos cultu- rales y sociales originales.

dos de aquellos que tienen derecho a conocer la Revelación a través nuestra, de nuestros actos, de nuestras vidas?

“[...] realmente, ese recordatorio beneficiará a los creyentes. Y [diles que] no he creado a los seres invisibles y a los hombres sino para que Me [conozcan y] adoren. [Pero, además, ] no quiero de ellos sustento, ni les pido que Me alimenten: ¡pues, realmente, Dios es el

Proveedor de todo sustento, el Señor del poder, ¡el Eterno!”

Así como su Mensajero dijo en un hadiz, autentificado por todos los grandes sabios, lo siguiente a este respecto:

"Omar ibn al-Jattab (r.a) dijo: He oído al Mensajero de Alláh decir: 'Los actos son según las intenciones, y para cada ser humano hay según su intención/ (...)”.3

Musulmania?* nos acecha, aísla, fragmenta y rompe esa grandeza perceptiva del universo como un todo, y no como un club social en el que solo caben los elegidos. Vieja y nueva paradoja, presenta la necesidad de sentirse más o mejor que los otros. Una construcción enfermiza del yo y de los demás, de los míos y de los que no son. Y al final, la muerte nos sorprende para dejarnos solos ante Allah, ante la conciencia plena de nuestra existencia.

Sabora era consciente de todo ello. Aceptó el reto de la vida y de que la vida conlleva la muerte. Una muerte que casi adelantó, como una premonición de una despedida temprana a la que sin duda se entregó, con la conciencia de que el momento de su retorno había llegado. Y nos dejó con el reto de aceptar la forma en que se produjo, como una prueba más de que nuestra voluntad es pura fantasía ante la omnipotencia de Allah (swt).

Les invito a adentrarse en su relato, amorosamente hilado por Háshim Cabrera, al que doy las gracias en nombre de todos, por haber tenido la valentía de aceptar este reto. Me consta que este ha

sido muy grande para su persona, de que se trata un nuevo encaje sobre su historia individual y sobre la historia colectiva.

Gracias igualmente a la familia de Sabora, de Mansur y de Ka- mila, compañera y amiga de una aventura vital sin referentes en los que apoyarse, sacando adelante a hijos e hijas maravillosos orgullo- sos del legado común. Assalamu aleikun wa rahmatullah.

Isabel Romero Arias. Presidenta de Junta Islámica. Mayo 2018

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5. Neurólogo, psiquiatra y escritor andaluz, fue uno de los intelectuales más destacados de la izquierda española durante el fran- quismo, autor de más de viente ensayos y de un libro de memorias. Desarrolló la mayor parte de su actividad en Córdoba.

6. El Melero es un conjunto de dos chalets, alto y bajo, que están ubicados en lo más alto del barrio cordobés de El Brillante. Sabora convivió con un grupo de compañeros y com- pañeras en El Melero Bajo. Como anécdota diremos que en El Melero Alto fue donde Ma- nuel de Falla compuso "Noches en los jardi- nes de Córdoba”, tras una estacia de algunos meses, según relata Carlos Castilla del Pino. Nota del editor.

IT. Semblanza

Mer Jesús Uribe Alastra (Sabora), hija de Eulogia y de Juan, nació en el seno de una familia católica tradicional, el 25 de Diciembre de 1949 en Gernika, País Vasco. Según ella misma confiesa en alguno de sus escritos, de su adolescencia recuerda las lecturas de Tomás de Kem- pis y del Grupo Cántico. Se licenció en psicología en la Universidad Complutense de Madrid.

En esta ciudad, cuando tenía 22 años, se casó con Francisco Escu- dero Bedate, médico-psiquiatra de profesión. A comienzos de los años setenta, ambos se trasladaron a Córdoba integrándose en el equipo del psiquiatra Carlos Castilla de Pino” y desarrollando una intensa labor psi- coterapéutica y de análisis. En aquellos años de la Transición, la con- tracultura, la antipsiquiatria y la psicodelia, vivieron una experiencia comunitaria muy interesante en un chalet de la sierra cordobesa deno- minado El Melero?, donde se cimentaron las principales relaciones hu- manas que vertebrarían sus vidas desde entonces hasta su muerte. Allí vivieron y conocieron el psicodrama, el psicoanálisis, la hermenéutica del lenguaje, la Gestalt y las corrientes más vanguardistas de dinámica de grupos y técnicas psicoterapéuticas alternativas.

Marx, Engels, Bakunin, Freud, Adler, Jung, Reich, Marcuse, Sartre, Laing, Cooper, Esterson..., eran algunos de los autores que se leían en aquel contexto imprevisible y enriquecedor, además de los textos fun- damentales de las diversas tradciones de sabiduría, especialmente del yoga y la vedanta. A Sabora, además, le fascinaba la literatura, y en al-

gunos de sus textos deja caer su admiración por Machado y sus lectu- ras de Carlos Bousoño.

En este rico contexto, Sabora desarrolló su etapa de mayor dedicación profesional en su condición de psicóloga clínica. No podemos saber hasta qué punto profundizó en sus conocimientos en este ámbito, dado su ca- rácter hermético y reservado, aunque podemos dar testimonio de su profunda implicación en el terreno de la psicoterapia y de su ayuda des- interesada a personas que entonces necesitaban de un cierto apoyo psi- cológico.? A decir de algunos de sus compañeros de entonces, Sabora era la persona de mayor confianza para Carlos Castilla del Pino. En aque- lla tesitura, supo conciliar su dedicación profesional con sus obligaciones como madre, pues ya por entonces había nacido su hija Marta Latifa.

La experiencia de El Melero acabó en 1977 con la dispersión de quie- nes vi-vieron en aquella comunidad durante cuatro intensos y fructífe- ros años. Mansur y Sabora —entonces aún Paco y May— junto con su hija Marta, tras un frustrado intento de viaje a India, iniciaron un peri- plo por algunas ciudades europeas y, tras visitar la ciudad de Amster- dam, acabaron recalando en la comunidad sufí del sheij? Abdelgáder Dallas, que por entonces lideraba un amplio movimiento de conversos en Reino Unido, España y Sudáfrica. Francisco Escudero aceptó enton- ces el islam y recibió el nombre de Mansur Abdussalam.

Poco tiempo después, en mayo de 1978, María Jesús, May Uribe, aceptó también el islam, recibiendo el nombre de Sabora. Desde la co- munidad in-glesa de Norwich, la familia Escudero marchó a Tucson, Ari- zona, Estados Unidos, donde nació su segunda hija, ya musulmana, Bashira. Un tiempo después regresaron a España y Mansur fue nom- brado entonces emir de la comunidad sufí instalándose en la sierra de Huelva, concretamente cerca de Aracena, en el pueblo de Alájar, si- tuado en el Valle de Las Cruzadas.

Durante todo este periplo, desde El Melero hasta el mismo final de sus días, el matrimonio Mansur Escudero/Sabora Uribe compartió con el de Abdelkarim Carrasco/Hidaya Lanchas la mayor parte de las expe- riencias vitales que atesoraron. Desde Alájar, la comunidad marchó a Sevilla y de allí a Granada.

En 1981, Mansur Escudero se casa en esta última ciudad con su se- gunda esposa, Kámila Toby, una joven norteamericana que pertenecía

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7. Prueba de su inclinación terapéutica fue el profundo estudio que llevó a cabo, ya como musulmana, de la obra "Tratado de Higiene”, del hakim andalusí Muhámmad Ibn Al Jatib sobre medicina preventiva, al- gunas de cuyas sinopsis publicamos en la revista Verde Islam a mediados de los años noventa.

8. Maestro espiritual. También, anciano ve- nerable.

9. Morabitún es un término histórico que se usa para referirse a los sufíes que estaban re- fugiados en un ribat o castillo, alternando el recuerdo de Dios con las luchas fronterizas. De este término árabe deriva el vocablo 'al- morávide”. N. del Editor.

a la comunidad morabitún? del sheij Abdelgáder. Desde entonces hasta su trágica muerte, Sabora compartió a su marido y vivió una relación de profunda hermandad con ella, constituyendo uno de los escasos ejemplos de poligamia estable que se han producido entre los musul- manes españoles.

A mediados de los años ochenta, tras abandonar la comunidad mo- rabitún del maestro Dallas, Mansur hizo un viaje a China, donde se doc- toró en Acupuntura. A la vuelta, la familia Escudero se trasladó a Mo- tril (Granada) donde comenzó su andadura el Centro de Medicina Inte- gral Marjalillo Alto, un proyecto de síntesis entre la medicina conven- cional y las medicinas alternativas, con los doctores Bashir Villén, Ab- derrahim Romero y Yahia Molina, que sigue funcionando en la actuali- dad con gran éxito. En esta etapa, Sabora participó en la fundación de la entidad religiosa Junta Islámica, ya a finales de la década y, junto a Abdennur Coca, Zahra Contreras, Háshim Cabrera y su esposo Mansur, fundaron el Centro de Documentación y Publicaciones Islámicas (CDPI).

Sabora Uribe desempeñó un papel axial en aquella tesitura. Realizó sendos análisis sobre la mujer y la familia islámica, cuidadosamente fundamentados en el Corán y en la tradición musulmana, al mismo tiempo que inculcaba en los restantes miembros del CDPI un cuidado especial por el idioma dada su función social y gnoseológica primordial.

Sabora tenía una conciencia profunda del valor de las palabras y de sus significados. Era, desde un punto de vista literario, claramente ma- chadiana, huyendo siempre de cualquier artificiosidad y teniendo pre- sente que la mejor expresión, oral o escrita, es aquella que sirve a la comunicación de los contenidos y las experiencias interiores. Sabora fue en realidad una maestra del lenguaje entre los miembros del CDPI. No en vano había llevado a cabo sendos estudios sobre hermenéutica del lenguaje con el doctor Castilla, como dijimos anteriormente.

Podríamos decir que su cualidad intelectual básica fue la de defen- der una suerte de humanismo trascendental, situando al ser humano en el centro de sus meditaciones y reflexiones, teniendo en cuenta al mismo tiempo su condición de criatura, de ser creado por Dios, con sus limitaciones y cualidades intrínsecas. Siempre hubo en ella una actitud de sometimiento a lo real, de consideración delicada y humilde hacia lo humano, rozando siempre la compasión pero sin explicitarla del todo, como si no quisiese mostrar su rango espiritual debido a un misterioso

UNA MUSULMANA E N LA ALDEA GLOB

pudor que podía resultar hechizante. Nunca reclamó nada para ,” 10

misma y raramente se la oyó pronunciar las palabras “yo” o “mío”.

Además de dedicarse a criar y educar a sus hijos y atender exquisi- tamente a las numerosas personas que constantemente acudían a su casa, siempre participó activamente en las tareas organizativas de los musulmanes en España y, especialmente, en las publicaciones dirigi- das a dar a conocer el islam a la comunidad hispanohablante.

Cuando la familia Escudero se trasladó a Almodóvar del Río (Cór- doba) en el año 1994, Sabora se dedicó con ahínco a promover los pro- yectos editoriales y de difusión del islam, toda vez que sus hijos eran ya jóvenes inquietos y vigorosos. Fue directora del Centro de Docu- mentación y Publicaciones (CDPI), redactora jefe de la revista Verde

Islam?! y primera directora de www. webislam.com,!*? el portal en In- ternet de los musulmanes españoles.

Precisamente, al año justo de iniciar su publicación, el 28 de Octu- bre de 1998, cuando el portal estaba ya a la cabeza de las publicacio- nes islámicas on-line en castellano, Dios le concedió el honor del mar- tirio, mientras trabajaba en su último artículo titulado "Una musulmana española en la Aldea Global”, que aparece publicado en este volumen con el resto de sus textos y que da título a la presente edición.

En realidad, la vuelta a Córdoba diecisiete años después de la par- tida, supuso, tanto para Sabora como para Mansur, una reconexión con antiguos amigos y personas con las que habían mantenido estrechos lazos en la etapa de El Melero, ahora como musulmanes, con un crite- rio más aquilatado y ponderado. Dar as Salam, la residencia almodo- vense de la familia Escudero, pronto se convirtió en un lugar de en- cuentro multicultural y abierto, como siempre habían pretendido sus moradores, llegándose a forjar interesantes y útiles proyectos que con- tinúan en nuestros días.

La muerte de Sabora confrontó a todos sus hermanos y hermanas musulmanes, y a un sinnúmero de amigos, con la finalidad, con el pro- pósito, limpiando los corazones de muchos lastres inútiles. La vida y la muerte adquirieron entonces una dimensión más justa y cabal para toda la comunidad. Su legado espiritual se hizo visible en forma de ac- titudes, en forma de paciencia y de humildad, de sentido de la realidad, unos tesoros que fueron las cualidades más notorias que expresó du-

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10. En su texto “Otoño” dice textualmente: "Caiga la lluvia sobre la hojarasca y cubra y disuelva las excrecencias indeseables del yo”.

11. Verde Islam fue la primera revista de pensamiento y análisis sobre el islam hecha por musulmanes tras la promulgación de la Ley de Libertad Religiosa en España. Se pu-

blicaron veinte números y un número cero que incluyen temas diversos sobre espirituali- dad, geopolítica, ecología, economía, botá- nica y ciencias en general.

12. El portal www.webislam.com fue un pro- yecto pionero en los medios de comunicación en Internet. Desarrollado por el informático Juan Antonio Gómez (Abdel Hagqq), se situó en poco tiempo a la cabeza de las publicacio- nes islámicas en castellano a nivel mundial.

rante su vida y que tan necesarias son para transitar un camino de re- conocimiento y espiritualidad.

No pudieron conocerse las razones últimas que condujeron a un joven vecino de la localidad, que no conocía a Sabora, a perpetrar un acto tan gratuito y sangriento. Quedaron en al aire un número consi- derable de incógnitas que, finalmente, se dejaron ahí, sin querer inda- garse más a fondo. Es fácil imaginar y comprender que un suceso de esta dimensión señale un antes y un después en la vida de quienes lo sufren. Para su esposo, Mansur Escudero, quijote y soñador, supuso la pérdida irreversible del ancla que le había mantenido durante treinta años unido a la realidad cotidiana, como un necesario contrapeso a su visión mágica del mundo.

El homenaje multitudinario que se hizo a Sabora en Almodóvar, cua- renta días después de su partida, fue una honda experiencia de solida- ridad y hermandad. Allí se deshicieron por un momento barreras y doc- trinas, dife-rencias y hostilidades. Musulmanes y no musulmanes de todas las culturas y escuelas se dieron cita entonces para constatar que el islam estaba reverdeciendo entre las cenizas de quienes allí se en- contraban, recibiendo el impagable regalo de la conciencia de Dios, de la Realidad, asistiendo a su manifestación inefable, testigos de Su in- menso poder. El número 10 de Verde Islam fue dedicado de forma mo- nográfica a Sabora por todos los miembros y amigos de Junta Islámica y publicado en el verano de 1999.

Sabora Uribe tuvo cinco hijos con Mansur: Marta Latifa, Bashira, Hanif, Muhámmad y Shahid. Por su parte, Kámila tiene otros cinco: Duha, Yusuf, Layla, Isa e Ihsán. Los diez hijos de ambos matrimonios han compartido hasta hoy el compromiso ético y comunitario de sus padres, sus pensamientos y tareas, y mantienen una relación de her- mandad que podriamos calificar de ejemplar.

Sabora destacó especialmente en su defensa de la verdad y en la lucha contra la injusticia y cualquier forma de discriminación de los de- rechos fundamentales de los seres humanos, especialmente los de la mujer, sin ningún atisbo de sensacionalismo o radicalismo. Siempre fo- mentó el diálogo y la compresión mutua entre las personas, indepen- dientemente de su adscripción ideológica, religiosa o política y, aunque desarrolló su trabajo desde una posición de gran discreción y humil- dad, rehuyendo siempre que le era posible cualquier tipo de protago-

UNA MUSULMANA E N LA ALDEA GLOBAL 19

nismo público*3, se convirtió en un apreciadísimo referente, tanto para quienes la conocieron personalmente como para quienes lo hicieron a través de sus escritos. Hizo especial hincapié en el valor de la educa- ción, especialmente de las mujeres, una preocupación que le acompañó durante toda su vida.

Su búsqueda de conocimientos era proverbial, y citaba a menudo los dichos proféticos al respecto. Mostró una sincera preocupación por los temas de su tiempo, que, en parte, siguen siendo los de hoy, antici- pándose en sus análisis y conclusiones a muchos de los problemas y si- tuaciones que ahora nos acucian, en pleno proceso de globalización.

Tenía una honda conciencia social y mostró una especial sensibilidad hacia los oprimidos, las mujeres, los niños, los refugiados, las víctimas de la injusticia y de la guerra. Después de su trágica muerte, se pro- dujeron innumerables muestras de solidaridad y afecto hacia su figura y su pensamiento procedentes de todo el mundo. En el presente volu- men incluimos una selección de dichos testimonios. Hemos omitido los cientos de mensajes de condolencia que entonces llegaron a la redac- ción de Verde Islam procedentes de todos los rincones del globo.

Quienes le conocieron de cerca destacan de ella un profundo sentido de la realidad**, paciencia y perseverancia, una ecuanimidad y una hu- mildad ejemplares, virtudes que anclaron en muchas ocasiones los des- bordamientos de una comunidad que atravesó épocas y contextos muy dinámicos y tempestuosos. Desde una posición aparentemente dis- tante, supo mantener y templar el pulso de las diversas actividades de un grupo muy heterogéneo inmerso en un sinfín de proyectos de muy distinta naturaleza, muchos de los cuales continúan en la actualidad.

Hemos de tener en cuenta, además, su papel conciliador en el con- texto del proceso de normalización del islam en España. No en vano, su marido, Mansur Abdussalam Escudero, además de Presidente de la en- tidad Junta Islámica, fue Presidente de la Federación Española de Enti- dades Religiosas Islámicas (FEERI) y Secretario General de la Comisión Islámica de España (CIE), máximo órgano institucional de interlocución entre los musulmanes españoles y el estado desde finales de la década de los ochenta del pasado siglo hasta su muerte en 2010, En dicho con- texto, Sabora Uribe jugó un rol fundamental, al seguir tan de cerca todo ese proceso de normalización del islam español. No cabe duda que su influencia fue, en ese contexto, especialmente profunda y benéfica.

13. Tampoco le gustaba que la fotografia- sen y de ahí las dificultades que han sur- gido a la hora de encontrar las imágenes

para ilustrar la presente publicación.

14, Tanto en su etapa de El Melero,

donde quienes la conocieron destacan su marcada vivencia del "aquí y ahora”, como tras su conversión al islam, Sabora fue eso que los sufíes denominan una "Bint al waqt”, una hija del instante, alguien que estaba plenamente presente en el aconte- cer de cada momento.

Supo dar su opinión, siempre sabia y ponderada, en los momentos en que se exigían a los nuevos musulmanes respuestas difíciles. Le pre- ocupaba especialmente el hecho de que la unión de todas las comuni- dades islámicas de España fuese un asunto aún no resuelto. Pedía cons- tantemente por la unión de todos los musulmanes y por una correcta interpretación de las fuentes islámicas.

En palabras de J.M. Martín Portales: "La vida y el pensamiento de Sa- bora Uribe, ecuánime y autocrítica, frágil y maternal, sencilla y pro- funda, humilde y valiente, encarna la esperanza de un tiempo venidero que requerirá de la paciencia y de la constancia que quedaron expre- sadas en su propio nombre. Porque la luz atraviesa la vida y la muerte, y nunca podrá ser aniquilada.

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15. Ley islámica que dimana del Corán y la Sunnah profética. Literalmente: "Camino que conduce a un manantial”.

III. Selección de textos de Sabora

Axa siempre tuvo una marcada inclinación hacia las letras y la escritura, y fue una lectora fiel —ella misma nos habla de sus lec- turas adolescentes, de Tomás de Kempis y del Grupo Cántico—, la pro- ducción textual de Sabora Uribe, si exceptuamos su dedicación episto- lar, comprende básicamente el periodo entre 1990 y 1998, que es el tiempo en que se desarrollan los proyectos editoriales del CDPI de Junta Islámica. Comienza con el inicio de la publicación de la revista Verde Islam y continúa con la salida a Internet del portal web. Sus temáticas son muy variadas, desde reflexiones sobre la vida cotidiana hasta aná- lisis geopolíticos, pasando por los temas clásicos del humanismo: la fa- milia, la condición de la mujer, los roles sociales, etc.

Su concepción de la condición femenina es casi arquetípica de lo que podríamos denominar como un feminismo netamente islámico, ajustán- dose siempre a lo claro de la Shariah!*”, contenido básicamente en el Corán, y cuestionando, en cambio, aquellas interpretaciones interesadas que son, en realidad, fruto del consenso y de la historia patriarcales o de meros in- tereses extraislámicos. Ahí nos encontramos con una visión muy ponderada y aquilatada, sin estridencias, que sitúa el rol femenino justo en el centro del hecho social, allí donde aparece localizado en el propio Corán. Consi- deraba que "la condición femenina impulsa nuestra tendencia a la solida- ridad, a la generosidad y en este sentido somos revolucionarias.

Entre las lecturas que cita en sus escritos aparecen autores como Francisco Ayala, Pablo García Baena y el Grupo Cántico, Carlos Casti- lla, Carlos Bousoño, José Miguel Ullán, Elena Caffarena, Rilke, Max Wer- theimer, Pedro Laín Entralgo, Al Ghazali o Muhámmad Ibn al Jatib. Ash- Shafi “i, sheij Fahdlalla Haeri, Ibn Ata “llah, Muhámmad Asad, Maurice

Bucaille, sheij Muzzafer Ozak al-Yerrahi, Nur al-Yerrahi, Hammudah Ab- dalati, Martin Lings...

No tenía problema en reunir en una misma frase a San Juan de la Cruz y a Ludwig Wittgenstein. Junto a ellos aparecen las referencias de los autores tradicionales del islam, los grandes transmisores de hadices, y sobre todo, el Corán, guía clara que le permite establecer un criterio al mismo tiempo sencillo y flexible.

Su estilo es netamente machadiano, certero, sin adornos, consciente de la validez e influjo que las palabras tienen en el alma humana. Po- siblemente, la conciencia de la identidad lenguaje/pensamiento le venía de su participación en los seminarios sobre hermenéutica del lenguaje con el equipo del doctor Castilla del Pino, en Córdoba, en los años se- tenta. Como ella misma afirma en alguno de sus escritos: ”...las es- tructuras del lenguaje remiten a modos de funcionamiento del pensa- miento”. La dimensión terapéutica de las palabras era el corolario del hecho de ser primordialmente soportes significativos del estado psico- lógico del ser humano. Posiblemente esta conciencia le llevó a cuidar especialmente su discurso, a hacerlo esencial, escueto, sin intención estética alguna y, por eso mismo, de una gran belleza, reconociendo la universalidad ya que, según nos recuerda "...cualquier idioma me pa- rece admirable, digno de ser preservado, cultivado y cuidado”.

Resulta difícil no citar aquí la aleya coránica que dice:

"No ves cómo Dios propone la parábola de una palabra buena? [Es] como un árbol bueno, firmemente enraizado, [que extiende] sus ramas hacia el cielo, y que da sus frutos en cada estación con la venia de su Sustentador. Y [así es como] Dios propone parábolas a los hombres, para que reflexionen [sobre la verdad]. Y la parábola de una palabra mala es un árbol malo, arrancado [de sus raíces] sobre el suelo, total- mente incapaz de resistir. [Así,] Dios da firmeza a quienes han llegado a creer por medio de la palabra de firmeza inquebrantable en esta vida y en la Otra; pero deja que se extravíen los malhechores: pues Dios

hace lo que quiere. “€

En sus textos, Sabora nos revela algunos de sus secretos espiritua- les, su relación íntima y su diálogo con Dios, su silencio mistico y sonoro en pos del conocimiento y de la Verdad, de la Realidad. En su escueta producción poética advertimos una profunda experiencia espiritual. El

Islam

16. Corán, Sura 24, Ibrahim, ayat 23-26.

texto que abre la selección, "Una musulmana española en la Aldea Glo- bal” es una declaración de principios simple y radical, en el sentido de que, además de resumir de manera escueta su 'lugar' en el contexto de la comunidad humana global, matiza determinadas actitudes de manera que logra escapar de cualquier maximalismo para entrar en una reali- dad llena de matices, humana al fin y al cabo, y declarar abiertamente su alejamiento de cualquier dogmatismo, clericalismo o maniqueísmo. Hemos de tener en cuenta que el concepto de globalización comenzaba en aquellos años de finales del siglo XX a abrirse paso con fuerza en el debate intelectual, adquiriendo un marcado protagonismo. Sabora se interesaba por esas cuestiones que afloraban de la mano de las nuevas tecnologías que comenzábamos a usar con timidez.

Resulta casi profético su rechazo a los nacionalismos y populismos, como si hubiese intuido que esa globalización nos iba a conducir en mu- chos casos a determinadas actitudes involucionistas que, desgraciada- mente, vemos hoy aflorar con fuerza en las sociedades postindustria- les más desarrolladas. También tuvo la clara intuición de vislumbrar los peligros de homogeneización cultural —pérdidas identitarias— que nos está trayendo la globalización neoliberal. Y todo ello, a pesar de que su partida se produjo tres años antes de aquel fatídico 11 de septiembre que apuntaló con fuerza el proyecto de esa misma globalización neoli- beral como modelo del nuevo orden mundial.

Frente a todo eso proponía una adhesión incondicional a la comuni- dad islámica global, a la Ummah?*”, asumiendo una identidad islámica

dimanante de la Sunnah?? profética y, por tanto, respetuosa con la di- versidad de lenguas y culturas que pueblan la tierra, esa Aldea Global que alcanzó a vislumbrar antes de partir de este mundo. Su pensa- miento podría considerarse una suerte de vacuna intelectual contra toda forma de fanatismo religioso.

En la selección de sus textos que hemos hecho, algunos de ellos fue- ron publicados en papel, en la revista Verde Islam??, y otros lo fueron digitalmente en www. webislam.com. De algunos de estos últimos des- conocemos la fecha exacta de su publicación, y sólo tenemos una apro- ximación, debido a los diversos 'volcados” que ha sufrido el portal a lo largo de su historia. También hemos encontrado alguna carta. En cual- quier caso hemos recuperado algunas de las ilustraciones originales de los textos, que acompañan también a la presente publicación.

24 UMNIAOMEMUSOÓINM A/ANA TEENX TO SALDEA GLOBAL

wés Islam

17. Comunidad islámica global.

18. La Sunnah es la costumbre del profeta (saaws) contenida en los dichos o hadices.

19. El número cero de la revista Verde Islam salió a la luz en febrero de 1995, en Almodóvar del Río, Córdoba.

3.1. Una musulmana española en la Aldea Global

(Texto escrito y publicado en Webislam, en vísperas de su muerte, el 26 de octubre de 1998)?

Me presento aquí en tanto musulmana, es decir en tanto creyente, y en tanto mujer.

Como creyente asumo la unidad de Alláh y mi existencia subsidiaria a Su voluntad, a la que procuro someterme de buen grado. Reconozco la autoridad de Muhámmad como mensajero y la bendición que supone contar con la guía del Corán y el ejemplo del Profeta, paz y bien. Igual- mente, en tanto creyente, en tanto califa de la Creación, acepto la li- bertad de aprender, cuestionar e investigar cualquier tema que se me presente conveniente, analizándolo desde todos los puntos de vista, sin temor de llegar hasta el límite de lo considerado convencional o permi- tido —y que recaiga sobre mis hombros la responsabilidad de este cues- tionamiento y la acción que se derive del conocimiento adquirido. En tanto creyente reivindico el derecho y el deber de observar todas las formas de la creación —entre las que incluyo las diversas manifesta- ciones humanas, en tanto actualizaciones sucesivas de las capacidades potenciales que Alláh ha depositado en los seres humanos— como la manera más adecuada de servir a la función para la que hemos sido creados y como un acto de aproximación y amor hacia el que nos arras- tra Su Misericordia.

Así pues, considero irremplazable el conocimiento de Alláh que obtengo mediante el estudio de la Creación y la práctica de la oración, esas char- las íntimas con Allah que sosiegan, además de los ojos, el corazón.

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20. El día 28 de octubre de 1998, fecha del asesinato de Sabora, se cumplía un año justo de la salida a la red del portal www.webis- lam.com

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Y no hay verdad cuya clave no esté establecida en el Corán y mati- zada por la Sunnah, y más allá de eso es una cuestión personal en- contrar en cada momento el acierto o el error tras la mejor intención.

Como creyente que se ha incorporado al islam en su edad adulta, tras haber probado otros sistemas religiosos y filosóficos, vine en parte atraída por los grandes espacios que brinda, por la falta de dogmas y anatemas, por la ausencia de culpa primaria, de pecado original, por la falta de un clero estigmatizante que señala a cada instante quién está del lado de los buenos y quién del lado de los malos, sin maniqueísmos: cada persona nacida pura y libre para aceptar su destino, su sitio y papel en el mundo.

No obstante, con el tremendo don de una guía, de un norte, de unos parámetros para no naufragar en un universo sin límites. La mente hu- mana precisa de referencias esenciales para manejarse entre sus con- tingencias y cada pueblo ha recibido el Mensaje de una forma u otra. Los musulmanes contamos con el Corán y el modelo de desenvolvi- miento de una comunidad que emergió y se estableció en un momento histórico y en un espacio geográfico determinados.

Nuestra vida transcurre como una ilusión que fluye entre las cone- xiones nerviosas de nuestro organismo, generando una huella sensorial engañosa que da lugar a una memoria frágil. Por esa razón nos conec- tamos cinco veces al día con la Realidad, en relación con la cual ad- quiere sentido el resto de nuestra conducta y peso el conjunto de las manifestaciones de las criaturas que pueblan los mundos.

Y traigo aquí, de entre los 99 Hermosos Nombres con los que Allah ha querido que Le denominemos, el más repetido y el que principia la serie: el Misericordioso, el Clemente, Rahmán, Rahím, el atributo que preside las relaciones entre el Creador y Sus criaturas. Y, siendo así, considero el desarrollo de esta cualidad, en la medida de lo posible, una prioridad para todos nosotros: ¿no intentaremos ser compasivos con nuestros iguales, cuando El se ha establecido como El Compasivo?

Como musulmana no olvido las palabras del Profeta, la paz y las ben- diciones sean con él, según las cuales nadie es verdadero creyente hasta que no desee para su hermano lo que desea para mismo, fi- jando el radical compromiso que nos liga a todos y cada uno de los miembros de la más genérica comunidad de seres humanos, compro-

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miso que nos habla de que no hay redención si no es para todos. Con relación a esto quisiera hacer una reflexión sobre un concepto que in- unda en estos tiempos los medios de comunicación y que es el con- cepto de globalidad. Esta es, a mi entender, la verdadera globalidad, que lo ha sido siempre aunque no se hablara así de ella, y es el hecho de que la humanidad en su conjunto es una totalidad que abarca a todos sus componentes por el mero hecho de serlo, razón por la cual cada uno se hace acreedor de unos derechos, una consideración y res- peto, y aún más, un amor diría, por parte de los demás, en contra de los cuales sólo podrá actuar en caso de verse agredido, pues en tal caso el agresor pierde sus prerrogativas.

Una forma de ver la globalidad

El término globalidad suele utilizarse en estos tiempos para describir una situación provocada por el acceso simultáneo a la misma informa- ción desde cualquier punto del planeta y a cierta homogeneidad de usos y costumbres que ello implica, una uniformidad que los gestores de los mercados mundiales fomentan por el interés que tiene este fenómeno para sus industrias. Para este movimiento económico, carente de otro fundamento, se ha inventado un soporte pretendidamente ideológico ad hoc, la tesis del "pensamiento único”.

Como rebote de esta homogeneidad facilitada por la información y fomentada por los poderes financieros, los nacionalismos van cobrando un auge notable. Desde una perspectiva islámica considero que los na- cionalismos tienen sentido como lugares de encuentro familiares y có- modos, son un ámbito privado hecho de afinidades y gustos. Sin duda, en un momento pueden cumplir una finalidad política positiva, pero siempre guardan un lado inhóspito para el que no posee rasgos de per- tenencia y un germen de división y rechazo.

Así pues, el planteamiento nacionalista me parece contrario a la voca- ción universal que tiene el islam. Y no veo que la cuestión de promocio- nar el nacionalismo, por muy árabe que sea, mejore en nada la situación recíproca de quienes son y de quienes no lo son. Hay una ummah, una comunidad de correligionarios, en la que me incluyo, que tiene la sufi- ciente fuerza aglutinante y la necesaria amplitud de miras como para abrazar a los mil millones aproximados de musulmanes que pueblan este

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planeta; una comunidad de creyentes que busca cumplir su vida sintoni- zando con el mensaje tal y como Muhámmad lo ha transmitido. Esta es la identidad que me parece positivo fomentar, una identidad necesaria para mí, pero suficiente. Las demás me vienen dadas por las circunstan- cias de tiempo y lugar en que he nacido y por mi trayectoria vital.

En este punto me parece conveniente hacer una precisión y distin- guir entre el pueblo árabe y el idioma árabe. Al primero pertenecen unos pocos, el segundo nos pertenece a todos, es patrimonio universal y está disponible para que, quien quiera, lo aprenda, lo viva y lo dis- frute. Todos los idiomas, todos los lenguajes, han servido alguna vez para comunicar a los pueblos que los utilizan los mensajes que Alláh ha querido enviarles: haced el bien, evitad el mal; no Me asociéis a nada ni a nadie; mantenedMe en vuestra conciencia, permaneced en el ca- mino recto; no os alejéis de Dios.

Todas las lenguas son concreciones de la capacidad que Alláh confi- rió al ser humano, del regalo que le hizo al enseñarle el nombre de todas las cosas. Por ello son un legado cultural del que todos somos herederos. En consecuencia, cualquier idioma me parece admirable, digno de ser preservado, cultivado y cuidado.

Para nosotros el árabe ocupa un lugar especial por cuanto la revela- ción del Corán descendió con sus letras y porque el árabe fue el vehií- culo que utilizó Muhámmad para dar sus enseñanzas. Y aunque no es imprescindible para entrar en contacto con el Corán y el hadiz, con- sideramos su aprendizaje altamente recomendable, pues hay que estar en sintonía constante con las fuentes y el dominio del árabe es un ins- trumento de ayuda insustituible. Además, las estructuras del lenguaje remiten a modos de funcionamiento del pensamiento, lo que permite captar y comprender mejor la idiosincrasia de aquella primera socie- dad islámica cuando se gestó en vida del Profeta y de sus compañeros.

La educación

El conocimiento de la lengua árabe me lleva a una consideración gene- ral acerca de la educación y el acceso a la información, dos instrumen- tos de poder que ejercen una influencia creciente en nuestro mundo: en efecto, las nuevas redes de comunicación, que se saltan a la torera las

fronteras de los países y brindan acceso inmediato a la misma infor- mación desde cualquier punto del planeta, han cambiado los modelos comportamentales a la hora de manejarla y confieren un alcance prác- ticamente ilimitado a quien propaga información y a quien pretende modelar las actitudes sociales con ella.

En cuanto a la educación, bien sabido es que poseerla cumple varias funciones de importancia: es imprescindible para acceder a un buen em- pleo, a puestos de responsabilidad; es necesaria para incrementar la dig- nidad, la capacidad de reflexión, el disfrute de un amplio campo de des- arrollo humano. Ahora más que nunca la educación es condición necesa- ría para no naufragar en el océano informativo de las redes y obtener de ellas justo lo que interese para una formación más y más específica, a medida que la general se va haciendo universal. En muchos países ya se ha establecido un mínimo educativo para todo el mundo, pero aún falta mucho para que esta situación se generalice y sobre todo —y aquí hablo desde mi condición de mujer— para que incluya a las niñas y mujeres, aproximadamente un 60%, que se ven fuera de este ordenamiento.

Una enseñanza obligatoria, estandarizada, uniforme, quizás no sea la mejor opción en todos los casos, pero sin duda es mejor que la ig- norancia y el desconocimiento y el situarse fuera de los recursos que ofrece el desarrollo. La idea de que no importa si la mujer está educada o no es preciso erradicarla por completo. Hay que poder acceder a una educación mínima y eso no será suficiente, sólo con ella no pasará esa mujer automáticamente a tener sabiduría o a ser más libre: la educa- ción es un primer escalón, después habrá de aprender a distinguir entre los conocimientos, útiles o no, y además aprender a utilizarlos para mo- dificar su realidad. Pero es un primer paso que no se puede eludir.

O sea que, en tanto mujer, mi discurso se orienta en dos sentidos funda-mentales: Primeramente, en reivindicar el derecho a la educa- ción; y será fácil para quien tenga un poco de perspectiva a largo plazo darse cuenta de que es un bien para la sociedad en su conjunto con largas repercusiones en las generaciones venideras.

Por otro lado, las mujeres tenemos poderosas conexiones con la tie- rra, con el sustento, a causa de nuestras características fisiológicas y nuestra capacidad para procrear, lo que nos convierte en una gran fuerza conservadora. Sin embargo, esta misma inclinación nos hace querer abarcarlo todo bajo nuestras alas protectoras, lo que impulsa

21. "Saber estar”, reaccionar respecto a lo que cada ocasión demanda, y esto es precisamente a lo que apunta la espiritualidad musulmana. Al-islámu kul-luhu adab, “el islam todo él es adab”, dijo Muhámmad. Adab es la cortesía es- piritual del camino; lo que rige los comporta- mientos adecuados (ajláq). MONTURIOL, Yara- tullah. Términos-clave del islam. CDPI. Junta islámica. Almodóvar del Río. 2006.

nuestra tendencia a la solidaridad, a la generosidad y en este sentido somos revolucionarias.

Es consecuencia de ejercer el conocimiento derivado de la evidencia de que las riquezas que encierra el planeta son suficientes para ali- mentar a todos, lo que falla es la distribución, el reparto. Y aquí se pre- cisa del ádab*? tradicional que la educación islámica ha venido propor- cionando a los musulmanes: el valor sagrado de la vida, el respeto, el compartir, el defender por encima de todo los valores que hacen la vida en comunidad más fácil y gratificante, es decir, la comprensión, la pa- ciencia, la receptividad al sufrimiento de los demás, la aceptación de las personas tal y como son y la interpretación de los signos que configu- ran una situación concreta como signos de la voluntad de Alláh. Lo que no está en contradicción con la indagación de los intermediarios que intervienen en ella ni con el diseño de estrategias para modificar o man- tener lo que se desea.

Los actos son por su intención. Combinar ádab y formación técnica y humanística multiplicará las estupendas capacidades de la mujer. Sa- bemos que ello depende de las condiciones socioeconómicas generales de la sociedad y no es tarea de un día conseguirlo, pero proponérselo como meta es empezar a lograrlo.

El feminismo

A lo largo de este siglo hemos visto también la evolución de un fenómeno sociológico característico, que es el feminismo. Si rastreamos a lo largo de la historia, la natural diferencia entre los sexos ha dado lugar a manifes- taciones en la organización social que han conducido a fases de equilibrio y de desequilibrio en las relaciones entre los hombres y mujeres.

Un postergamiento secular de la mujer dio nacimiento al movimiento feminista que, sin duda, consiguió derechos fundamentales para la mujer occidental; sin embargo, algunas formulaciones extremas han introducido un sesgo en esas justas reivindicaciones femeninas, si- tuando a las mujeres frente a los hombres y viceversa, haciendo de cada bando un enemigo del otro. A mi modo de ver esto es un error tre- mendo y peligroso porque introduce una división abismal en la especie humana, una fisura que puede arruinarnos a todos.

Este es precisamente el segundo punto que me interesa resaltar: la necesidad de colaborar y contar unos con otros, una necesidad que es tan obvia que no debiera precisar aclaración. La familia se construye con el esfuerzo conjunto de un hombre y de una mujer, cualquier empresa o proyecto se levanta sobre un trabajo común, la sociedad entera se man- tiene sobre esfuerzos coordinados e integrados de sus miembros, que son hombres y mujeres. Tal necesidad no parece tan evidente en las so- ciedades opulentas que producen individuos aislados, que valoran sobre todo la comodidad de un fácil acceso a bienes de consumo y que pare- cen tenerlo todo hecho, pero sigue siendo una necesidad. Quizás el islam sea el sistema que más hincapié hace en este aspecto comunitario de la aventura del ser humano sobre la tierra e insiste en el reforzamiento de los lazos entre la colectividad en contra de esas tendencias centrífugas predominantes en el ámbito occidental, y quizás por esa razón y por cen- trarse en lo Real, y en la resolución de las necesidades reales de la gente y no en subvenir a las falsas necesidades creadas artificiosamente, se tiende en occidente a ver la propuesta islámica como peligrosa.

Los maquinadores, los manipuladores de conciencias han declarado al islam como su enemigo porque les desenmascara, les pone en evi- dencia y en verdad se opone a su magia engañadora.

Todos los sistemas en su práctica generan unos vicios, pero produ- cen también sus propios mecanismos correctores. Ahora que el planeta parece estar al alcance de la mano, que la información de un suceso cualquiera está a disposición de todas las personas con independencia de su localización geográfica, ahora que se sabe lo que inquieta en esencia a los seres humanos aquí y allá, podemos vernos y sentirnos próximos a nuestros semejantes, percibir que estamos hechos de la misma pasta. De manera que nuestro mundo exageradamente indivi- dualista y amante del bienestar por sobre todas las cosas se ve con- frontado a diario con unos hechos variopintos, con guerras y sufri- mientos, con desbordamientos de la naturaleza y aberraciones de la conducta humana. No es casualidad que nuestra prensa esté plagada de noticias terribles, así el ciudadano lector valorará más su tranquili- dad y alimentará un difuso sentimiento de culpabilidad; atemorizado, será dócil y creerá a pie juntillas los axiomas que los ideólogos propo- nen, un tanto incómodo por su responsabilidad en los hechos.

Y creerán los hijos del nuevo siglo que los niños y el crecimiento eco- nómico son incompatibles y que el modelo democrático y de bienestar

tal y como está instaurado aquí es lo mejor y es el ideal del desarrollo humano, sin cuestionarse que ése es el ideal que occidente proclama, pero no necesa-riamente el que nos viene bien a todos.

Hace falta educación, estudio, reflexión y seguridad en la capacidad para distinguir entre lo que nos conviene o no, para descubrir la pro- paganda antiislámica que se filtra en los medios.

La vida en todas las latitudes está hecha de tensiones, violencias, ajustes, encuentros, etc. Esto sigue siendo así y estas condiciones se vencen trabajando en la dirección de armonizar, con confianza entre unos y otros. Parece una proposición fantástica, pero el islam no puede ser menos, es revolucionario, idealista y romántico, según se dice, pero yo creo que es tremendamente realista en el mejor sentido de este con- cepto. Hay muchos mundos al decir del Corán y todos nos pertenecen si sabemos llegar a ellos, para lo cual habremos de comenzar afirmando su existencia y creyendo en la posibilidad de traerlos aquí. Estos mun- dos sólo se pueden recrear gracias al esfuerzo de un grupo, hombres y mujeres al unísono.

Se encuentre fuera o dentro de nosotros mismos, el enemigo es el que nos incita a tener un pobre concepto de Alláh, el que nos presenta la realidad como estrecha y pacata, el que reduce nuestros mundos a uno solo, a ése que tiene una apariencia más sólida y alienta la sepa- ración y el enfrentamiento entre los diversos grupos humanos, entre las diferentes nacionalidades o entre los hombres y mujeres. Construir el futuro exige la colaboración de todos y trasciende las metas de una persona en concreto. Sabe Dios cómo será, pero está en nuestras manos cumplir con el decreto, por eso se necesita el acceso a la infor- mación, la formación indispensable para descifrarla y la voluntad de hacer el mejor uso de ella.

Doy mi alabanza y agradecimiento a Allah.

3.2. EL HUECO DE DIOS

(Publicado en Verde Islam 2. Septiembre de 1995)

ice Carlos Bousoño, en el momento de recoger un premio por su

labor en las letras españolas, que aún le duele el hueco de Dios. A nosotros también nos dolía, nos hería aquel vacío desolador que nos quedaba tras haber arrojado lejos a la Iglesia, que se nos antojaba en- gañadora y desleal —nos referimos al aparato eclesiástico y no, desde luego, a la fe en Jesús en tanto portador de un mensaje— y al mismo tiempo la idea de Dios que ella traía aparejada, a la que parecía inde- fectiblemente unida y sin la cual no parecía poderse sostener. Nos dolía como un miembro fantasma aquella amputación drástica y nos sumía- mos en la crisis. Para muchos de mi generación esta crisis fue una au- téntica iniciación, un rito prescrito, un altísimo precio pagado para po- nernos en condiciones de acceder al mundo de la razón, del conoci- miento, arrastrando, no obstante, como consecuencia de semejante ex- tirpación, cierta melancolía, una sensación de paraíso perdido sin re- torno posible.

Al cabo de un tiempo nos pareció haber tocado fondo en nuestras pesquisas intelectuales cuando un buen maestro nos enseñó que la esencia del pensamiento es paradójica y contradictoria como la de los seres humanos y llegamos a palpar esa zona fronteriza en la que el ra- ciocinio comienza a claudicar, ese territorio innombrado, mas como tal reconocido en su existencia por pensadores y personas sensibles cuya impronta gravita sobre nosotros, haciéndonos contemplar el mundo desde una perspectiva determinada.

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Allí donde San Juan de la Cruz apela al balbuceo, a las imágenes de arrebatado fulgor para intentar decir lo que parece indecible, Wittgenstein se atiene al silencio, nos deja ante el umbral del misterio confesando que le faltan palabras para describirlo. No hay posibilidad de estructuración ra- cional en este punto, pero un instante más allá está la mística, la diáfana pradera en la que se aúnan ética y estética para dar paso a la luz. No es una simple ensoñación vaga, permite y precisa de un trabajo de rees- tructuración, un salto cualitativo en el manejo del pensamiento.

Tras pensar y repensar el tema de Dios y llegar a la conclusión de que tan indemostrable es su existencia como su no-existencia, según las pre- misas del pensamiento lógico tradicional, nos atenemos a una interpre- tación de la realidad que Le incluya, una visión del mundo que tiene mucho que ver con la poesía que capta y expresa esencias significativas, como una propuesta hecha desde la irracionalidad, como una prospec- ción en el alma individual que ha de extraer la esencia universal y des- plegarla para que otras almas puedan reconocerse y sublimarse. Es ape- lar a la irracionalidad en ese enclave donde se abre la puerta de otra di- mensión y se convierte en catalizador de energías que alientan la com- plejidad estructural del ser humano, una conciencia que puede ejerci- tarse sobre la realidad en su conjunto y sobre misma, en pos del es- quivo conocimiento, en una búsqueda que abarca toda su existencia.

Así pues, nos dolía el hueco de Dios de tal modo que hubimos de bus- car un remedio. Si hacerse musulmán parece una salida extravagante, es, sin embargo —analizada la situación con detalle— la única opción factible y operativa que se nos presenta para llenar una laguna desazo- nadoramente vacía en el ámbito de la espiritualidad y cubrir la necesi- dad de pensar en Dios, nombrarlo y relacionarse con El, utilizando el pensamiento sin cortapisas, libre de jerarquías que no sean las que asume el propio discernimiento. En este sentido es un sistema indivi- dualista, siendo en cada caso la persona responsable de su conducta y elecciones, aunque cuenta el individuo con un código social y de cos- tumbres que le tiende un puente de plata para su inserción en el más amplio seno de la sociedad y que contempla:

o El derecho a la propiedad privada o El derecho a la protección de la familia

e La obligación de la asistencia social

o El derecho al divorcio

o El mantenimiento de una conducta honesta, creíble, para de- jarla como legado a la siguiente generación

o La asunción natural del sexo

o Un sano espíritu comunitario

o Una explícita condena de la usura

o Una amplia recomendación sobre la conveniencia de pactar y

respetar los pactos

o En general, una elección de la sencillez y la facilidad en la vida cotidiana para hacerla más llevadera.

Nada de pecado original, nada de material y espiritual, concepción sintética del hombre, de naturaleza compleja, "mestiza" como gusta decir hoy día, con pulsiones de vida y de muerte, con inclinaciones cons- tructivas y destructivas, teniendo por sentido de su vida el aceptar con humildad sus limitaciones y el intentar superarlas con entusiasmo, cre- ando su destino, aceptando Su designio, el designio de una divinidad que se nos hace inteligible a través de noventa y nueve atributos, de los que ha preferido insistir en uno: El Compasivo. Así se repite incesante- mente en el Corán y así lo confirma Muhámmad, Mensaje y Mensajero que constituyen un supremo gesto de amor hacia la humanidad, una brújula para orientarse en el camino. De tal modo han discurrido nues- tras vidas, las de quienes en un momento dejamos a Dios.

En un segundo momento pareciamos dejados de la mano de Dios.

Finalmente contamos con la certeza de que está aquí, dentro de nos- otros, y que si no somos capaces de verLe, El no deja de asistirnos, somos de hecho porque nos incluye en Su diseño de la Creación.

En busca del conocimiento hemos llegado a la consideración de que los humanismos le quedan cortos al hombre y necesita superarlos, tras él hemos llegado al islam. No se nos ocultan los riesgos inherentes a tal op- ción, pero es nuestro deseo hacer un "préstamo generoso a Alláh", lo que en última instancia consiste en hacernos un favor a nosotros mismos.

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3.3. LA FAMILIA ISLÁMICA

(Publicado en Verde Islam 8. Diciembre de 1997)

a familia no es una institución uniforme sino que tiene diversas for-

mas y expresa en sus estructuras el ser nuclear de las sociedades, que también y por esa razón son diferentes en función de la cultura, la economía, el clima, etc. Sabora Uribe, con su prosa limpia y precisa, hace un recorrido por los diversos estratos que soportan los lazos in- terpersonales de la familia islámica. Para el no versado en temas islá- micos, la lectura de este trabajo puede resultar sorprendente por la versatilidad, flexibilidad y disposición que ofrece la Ley Islámica en temas como la contraconcepción, el divorcio, o las relaciones conyuga- les. Su actualidad es sorprendente. El texto es tanto más oportuno cuanto que los medios de comunicación de masas, la literatura y el cine, expresan realidades muy distintas que van teñidas con el adjetivo *is- lámico”. Bueno es saber qué dicen el islam, su Ley que está contenida en el Corán, y en la Tradición viva de los dichos del último Profeta y Mensajero, la paz sea con él.

"Y entre Sus portentos está el haber creado para vosotros parejas de vuestra misma especie, para que os inclinéis hacia ellas, y haber en- gendrado amor y ternura entre vosotros: ¡ciertamente, en esto hay en verdad mensajes para una gente que reflexiona!”

(Corán 30-21)

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[2 familia es una estructura elástica, multiforme, cambiante, puede ser amplia o reducida y mostrar innúmeros rostros, ¿qué tiene de peculiar, qué es lo que permanece en su trasfondo para que podamos llamar familia a una pareja sin hijos, a un hombre con dos mujeres y diez hijos, a un matrimonio con su parejita, a una mujer sola con sus hijos o aún a otras combinaciones posibles?

Únicamente el mutuo compromiso y las diversas expectativas que sus componentes mantienen entre es lo que persiste tras los cam- biantes decorados en los que vemos desenvolverse la acción de la fa- milia a través de los tiempos y de las geografías.

Cuando el individuo se hace adulto, en términos generales, sale de mismo para buscar otra persona con la que establecer un núcleo fa- miliar, es decir, una trabazón de vínculos e intereses afectivos, de com- pañía, protección, bienestar y economía, un proyecto vital que suele concentrar las mejores energías, los mejores anhelos y, cuando menos, programas prácticos. La fe, la pasión puesta en el proyecto como di- mensión destacada de la realización personal y el intercambio de bue- nas intenciones son los primeros cartuchos bien quemados en aras de conseguir una comunicación de intereses y una participación en opi- niones y actitudes que hagan viable y satisfactoria la convivencia.

La familia está en la cabeza. No hay forma de demostrar que es la sangre necesariamente la que se encarga de sostener las conexiones. No obstante, sea en parte la sangre, sea en parte la mitología que le acompaña, la cuestión es que el concepto de familia abarca tradicio- nalmente a todas aquellas personas que están emparentadas en mayor o menor medida por lazos sanguíneos.

La otra cara de la moneda es la unión que se ejecuta voluntaria- mente, en un intento de organizar nuestras vidas fuera de esa viscosa red en la que a veces nos sentimos atrapados, para terminar formando otra maraña, otro nido capaz de proporcionarnos lo mismo desde otra perspectiva: en el mejor de los casos, afecto, protección, cuidado, edu- cación y transmisión de bienes, tanto materiales como espirituales. Una perpetuación de uno mismo en el linaje; cada generación una puesta al día, una versión actualizada.

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El niño emerge a la vida en un ámbito inicial en el que sus primeras incursiones, sus primeras vivencias de seguridad, de temor, de satis- facción o disgusto se entrelazan y conectan con las personas que cons- tituyen el inmediato ambiente familiar, un ambiente que sus compo- nentes elaboran, dándole un aire particular. Y en esas escaramuzas ini- ciales por el descubrimiento del mundo y de uno mismo se sella el pacto de familia, un pacto tan sagrado como el de la propia existencia y que suele mantenerse hasta la muerte; la familia es un compuesto orgánico lleno de olores, sabores, sonidos y demás arrebatos sensoriales: un mundo sensual y primitivo que nos marca de forma indeleble y que se localiza en la cabeza y en el corazón.

A veces esta tupida red adquiere rasgos amenazantes; algunas perso- nalidades perciben la presión del cerco familiar como asfixiante, como ne- gadora de la individualidad, del estilo propio. A veces resulta difícil explo- rar los límites de uno mismo bajo la mirada de unos familiares atentos que parecen leer en los entresijos del alma. Sin embargo, si uno se em- peña en hacer incursiones por terrenos peligrosos o sufre un accidente de cualquier género, el círculo se concentra y estrecha, como un moderno 'airbag' que se activa y retiene la caída o protege de los golpes.

Fundamentos y límites

El término familia es ambiguo. Designa a varios grupos sociales que, pese a semejanzas funcionales, exhiben importantes puntos diferen- tes. Proponemos aquí una definición operativa para usarla en el con- texto islámico; así la familia es un tipo de estructura cuyos miembros están ligados entre por lazos de sangre y/o matrimoniales que im- plican 'expectativas mutuas”, prescritas por la religión, reforzadas por la ley e internalizadas por el individuo.

Esta definición se centra en torno a estas mutuas expectativas que religan a los miembros que se adscriben a su estructura por lazos de sangre o a través del matrimonio. Ambos criterios no son mutuamente excluyentes ni necesariamente complementarios.

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Formas de la familia en el islam

La definición no hace referencia al factor residencia pues sus miembros pueden ocupar o no la misma unidad residencial; carece de relevancia cómo o dónde residen mientras se mantengan las mutuas expectati- vas. La familia musulmana puede ser extensa, poligámica o de cual- quier otro tipo. No hay prescripción acerca de la forma que debe adop- tar ni hay posicionamiento en pro o en contra del tipo de familia nu- clear; la forma organizativa es una cuestión abierta.

Las posiciones sociales que constituyen la familia musulmana tal y como la definimos aqui incluyen, en primer lugar, el sujeto, el esposo/a, los ascendientes y/o descendientes inmediatos. Son posiciones prima- rias, es decir, los constituyentes inmediatos del sistema familiar. Tales posiciones no son siempre necesariamente interdependientes. Por ejemplo, el sujeto puede tener esposa pero no ascendientes o descen- dientes y/o puede tener algunos de éstos pero no esposa. Además, puede haber otras posiciones cuyos ocupantes constituyen categorías adicionales. Son posiciones suplementarias y no hay unanimidad acerca de sus implicaciones. Las posiciones primarias mas las suplementarias forman el sistema familiar musulmán al completo. La única diferencia entre ambas categorías es que en la primera las expectativas mutuas son inequívocas mientras que en la segunda fluctúan más.

Los derechos y obligaciones de la familia no son cuestiones estricta- mente privadas, en términos generales se administran privadamente, pero si la situación se hace difícil de manejar, la sociedad, por medio de autoridades o individuos conscientes, debe tomar riendas en el asunto para hacer cumplir la ley y mantener la justicia y la armonía.

Tales derechos y obligaciones no vienen determinados sólo por los sentimientos de los miembros implicados ni se basan en las disposicio- nes y actitudes de las partes interesadas. Implican la identidad lineal y el mantenimiento, la sucesión y el afecto, la socialización de los jóve- nes y la seguridad para los ancianos y el máximo esfuerzo para asegu- rar la continuidad de la familia y su bienestar.

No se promueve ningún tipo particular de organización familiar, sin embargo, parece que las familias extensas son las que con más frecuen- cia y facilidad se han adaptado tradicionalmente al medio musulmán.

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El principio de identidad

Cualquier persona cuya línea de nacimiento se conoce debe ser identi- ficada por ella. Cada individuo tiene derecho a su verdadera identidad y en correspondencia tiene la obligación de identificarse por su verda- dero linaje y cuantos le rodean están también obligados a ayudarle en este propósito.

El islam establece una hermandad religiosa que anula todos los demás lazos incluidos los de sangre y los del matrimonio si entra en conflicto con ella. Esta hermandad tiene seguridad, permanencia y uni- versalidad. No niega al individuo ni reemplaza su personalidad, cada uno es responsable de sus actos y debe autorrealizarse por medio de ellos: la individualidad no se puede reducir ni transferir. La protección de la verdadera identidad de la persona lo ejemplifica el caso de la mujer casada, pues aunque tiene una nueva identidad como esposa de..., conserva su antigua identidad lineal. No hay confusión o mezcla, ninguna absorbe a la otra. Cada cual implica deberes y obligaciones que persisten y se mantienen.

Con la insistencia en preservar la auténtica identidad lineal, el islam quería también templar el orgullo de los poderosos con modestia e im- buirles el precepto coránico de que la nobleza genuina no es cuestión de linaje, sino de piedad y buenos actos. O sea, situar y diferenciar so- cialmente a cada uno por su linaje, pero evitar que se averguence oO enorgullezca en exceso, pues ante Dios sólo cuentan las buenas accio- nes y los logros espirituales.

La uniformidad religiosa

Por otro lado, la familia no presupone entre sus características una uni- formidad religiosa. Los miembros de la familia poseen ciertos derechos y deberes recíprocos que se mantienen aunque las creencias religiosas de sus miembros sean diferentes. Y esto hace referencia a los funda- mentos primarios de la familia, a los lazos de sangre y a la relación es- tablecida mediante el matrimonio, tanto entre padres e hijos como entre marido y mujer.

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El islam intenta reforzar la estructura familiar sin insistir en la uni- formidad religiosa ¿por qué? Muy sencillo, no hay compulsión en la re- ligión, la verdad se hará evidente por misma. Tal declaración de li- bertad de creencia y de conciencia haría del islam algo internamente in- consistente o en evidente contradicción si insistiera en la uniformidad religiosa. Paradójicamente tal posición se puede interpretar como de- bilidad o confianza, pero en ningún caso la religión aparece como hos- til o incompatible con las lealtades familiares.

Además, sugiere también que la solidaridad familiar es crucial, pero no significa absorción de los miembros individuales por la colectividad. La personalidad precisa de cierto grado de libertad para desarrollarse en el seno de la colectividad, para que el individuo no se vea sofocado. Para evitar apatía, extrañamiento o autoritarismo hay que poner en marcha mecanismos de integración que permitan al grupo y al indivi- duo coexistir e interactuar con beneficios mutuos. Para ello los miem- bros de la familia mantienen expectativas mutuas sin pretender con- trolar la conciencia individual, diferenciando entre fines intermedios y últimos, señalando los diferentes niveles de responsabilidad y lealtad. Puesto que en última instancia el individuo es responsable directamente ante Dios, nadie puede responder por él y el islam insiste en que se oriente hacia un fin último más allá de lo inmediato y social, mostrán- dole cómo reconciliar sus convicciones privadas con sus requerimientos sociales. Las altas miras no justifican dejadez o descuido y falta de de- licadeza con sus compañeros o parientes.

Además, sabe el islam que la uniformidad religiosa es difícilmente alcanzable. Los hombres han de socializarse y acomodarse unos a los otros a pesar de sus diferencias y un camino efectivo hacia este fin se inicia en el hogar. Al calor de la experiencia familiar se cultivan algunos principios de las relaciones humanas.

De este modo el islam concluye que uno pertenece a una familia y está ligado a ella por lazos de sangre o por un pacto matrimonial. No son con- diciones suficientes, pero indispensables como premisas sobre las que se asientan las expectativas que mantienen en funcionamiento la estructura familiar. Así pues, el islam sólo reconoce los lazos de sangre y/o matrimo- niales. Y se subraya que los fundamentos de la familia deben sostenerse en cimientos sólidos capaces de proporcionar garantías de continuidad, segu- ridad e intimidad y de ser, en la medida de lo posible, natural y gratificante. No hay relación que parezca más natural que la de la sangre.

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El afán que el islam muestra en proteger a la familia no implica que una unidad familiar concreta no pueda deshacerse. Se preserva la ins- titución, pero no es necesario mantener la estructura de un grupo fa- miliar en particular, si los inconvenientes superan a los beneficios que se derivan de su mantenimiento.

El matrimonio

No se puede concebir la vida social sin regular de algún modo la con- ducta humana y, dentro de ella, el comportamiento sexual. Bajo la ur- gencia del impulso sexual el ser humano puede comportarse de modo que amenace las relaciones de cooperación sobre las que descansa la vida social.

Es cierto que el sexo permite su canalización, es más adaptable que otros impulsos a formas sustitutivas de expresión o sublimación. Sin embargo, las modernas investigaciones clínicas y la evidencia cotidiana indican que la deprivación sexual excesiva provoca desajustes de la per- sonalidad, impide las relaciones satisfactorias y pone en peligro la salud mental de la sociedad.

Entre los primeros musulmanes también estaba arraigada la idea de que la falta de práctica del sexo conduce a perturbaciones mentales y físicas, es contraria a la preservación de la especie, dañina para la salud y destructiva de la integridad moral.

Así pues, el sexo es crucial para la pervivencia social y para el des- arrollo individual ya que encierra profundas gratificaciones psicológi- cas. Por esta razón el islam pone un gran énfasis en el matrimonio, fuera del cual no se autorizan las relaciones sexuales, por el amplio nú- mero de fines que persigue:

e gratificación sexual y emocional e mecanismo para reducir la tensión e procreación legítima

e situación social

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e abordaje de alianzas interfamiliares e solidaridad de grupo e cumplimiento de un acto piadoso

Sin embargo, el matrimonio no es un sacramento, puesto que la idea de sacramento surge donde hay un cuerpo eclesiástico fuerte y se con- cibe el matrimonio como una especie de sentencia moral. Además, la distinción entre lo que es sagrado y lo que no lo es nunca se ha expli- citado en el islam, antes al contrario, toda acción o transacción tiene im- plicaciones religiosas.

El matrimonio tiene una naturaleza contractual, requiere el mutuo consentimiento, está abierto a condiciones adicionales que se pueden negociar, puede disolverse y sus términos pueden alterarse dentro de los límites legales. Es una institución divina que tiene elementos del sa- cramento y del con-trato civil.

Condiciones del matrimonio

La normativa para establecer un matrimonio carece de complicaciones, como se puede comprobar en la siguiente enumeración de requisitos:

e Una propuesta y una aceptación claras y explícitas, oralmente si la pareja está presente o por escrito

e Un firme compromiso ante Allah, ante uno mismo y entre e La entrega de una dote por parte del marido

e La intención de que dure toda la vida, si es posible

e La presencia de dos testigos, como simbolos de la sociedad

De hecho la publicidad diferencia las uniones legítimas de las ¡legíti- mas. Por esta razón el profeta Muhámmad animaba a celebrar las bodas y favorecía las fiestas en tales ocasiones.

Roles maritales. Los derechos de la mujer; las obligaciones del marido

Traducido a normas comportamentales, los principios éticos que sub- yacen a los roles maritales confieren a la mujer ciertos derechos, que son obligaciones del marido, y ciertas obligaciones correspondientes que son los derechos de aquél. Puesto que el Corán y la Sunnah del Profeta ordenan bondad hacia la mujer, es responsabilidad del marido convivir con su mujer de forma bondadosa y justa. Una consecuencia específica de este mandato divino es que el marido es responsable del mantenimiento de la mujer, una tarea que ha de cumplir alegremente, sin reproches o malos modos.

El derecho de la esposa a la manutención queda establecido por la autoridad del Corán, la Sunnah, el acuerdo unánime de los juristas y la razón y el sentido común. A este respecto es indiferente que la mujer sea musulmana o no, rica o pobre y, joven o mayor, sana o enferma. Ad- quiere este derecho por estar entregada a la compañía del marido y per- manecer apegada a su hogar, o por la simple razón de ser esposa. Sin embargo, la manutención no es una pura ecuación matemática o una transacción comercial calculada. La esencia del matrimonio es compa- sión y el marido ha de cumplir con sus obligaciones financieras de forma generosa y desprendida. Además de los derechos materiales, la mujer tiene el derecho de ser tratada con equidad, a que se respeten sus sen- timientos y se le trate con bondad y consideración. Como una extensión de esto se infiere que el marido no debe retener a la mujer con la inten- ción de hacerle daño o limitar su libertad. Si no tiene amor o simpatía por ella o ella quiere emprender un nuevo camino, no debe interponerse.

Desde el sexo y el afecto, con sus manifestaciones, que es lo más ín- timo de las relaciones hasta la economía, que es lo más externo y de- termina la ubicación social, el grado de bienestar y el estilo de vida, pasando por la comprensión y la aceptación, ambos, marido y mujer, tienen roles que han de desempeñar con reciprocidad. El equilibrio entre estos factores —sexo, comunicación, proyección social— se baraja como criterio de idoneidad de la pareja, a la que se le exigen o de la que se esperan determinadas respuestas en estos campos. El afecto y la bondad proporcionan tranquilidad y dulzura, quietud, como afirma la aleya del Corán que hemos citado al comienzo.

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Los derechos del marido; las obligaciones de la mujer

La principal obligación de la esposa es contribuir al éxito y bendición del matrimonio en la medida de lo posible. Estar atenta a su bienestar. No ofenderle ni herir sus sentimientos. De aquí derivan el resto de las obli- gaciones: obedecer, no permitir a ningún otro hombre el acceso a la in- timidad sexual ni estar a solas en compañía de otros sin el permiso del marido, para evitar celos, habladurías y sospechas.

La cuestión de la obediencia al marido es, con toda probabilidad, la que más debates suele originar. Todo adulto tiene una serie de derechos y servidumbres, obligaciones con Dios, consigo mismo, con sus seme- jantes, y nadie tiene la propiedad exclusiva de la obediencia de otro. Sin embargo, queda establecido que la mujer ha de obedecer al marido en lo que es razonable, es decir, en lo que es lícito y entra en la esfera de competencia del marido: que no reciba visitas y/o regalos de otros hombres, que no abandone la casa si el marido no lo juzga conveniente y que le siga si decide cambiar de domicilio.

Todos los grupos humanos tienen una determinada estructura de poder, o mejor una estructura múltiple de ejes entrecruzados, de ma- nera que si el marido es decisivo en ciertas áreas, la mujer lo es en otras, aunque se podría decir que en todas las sociedades, incluido el sistema igualitario occidental, los niños y las mujeres están sujetos a la autoridad del hombre que vive con ellos.

Todas las observaciones hechas por los sociólogos coinciden en que la autoridad es un elemento necesario en cualquier grupo y no es ge- neral ni anónima, se sitúa en determinadas posiciones y se delega en los ocupantes de dichas posiciones. No obstante, la autoridad no es mo- nolítica, ni de un solo tipo. Es necesaria, pero no absoluta y puede ser revisada, cambiada y compartida. La base textual de la obediencia en el islam son dos versículos del Corán (4:34) y (2:228). En éste se afirma que los hombres tienen un grado sobre las mujeres y son sus guardianes y protectores.

Por otra parte se dice que Dios ha destacado a unos sobre otros y de aquí se ha llegado a veces a la idea de que "todos" los hombres están sobre "todas" las mujeres, probablemente como reflejo de las condi- ciones sociales del momento y de las disposiciones mentales dominan- tes. En realidad, del versículo sólo se puede inferir que algunas perso-

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nas destacan sobre otras personas y del primero que, en efecto, los hombres son guardianes y protectores de las mujeres.

El hecho de que, dentro de la familia, el hombre detente el poder instrumental y financiero no significa que sea superior en todos los ám- bitos. Los hombres se desempeñan mejor en ciertas tareas y las muje- res en otras. La autoridad del marido no es despótica, está limitada por los principios éticos del Corán y se basa en la equidad, en la compasión, la responsabilidad y la conciencia, que son los principios que subyacen a la relación entre los esposos en el esquema islámico.

El islam establece una autoridad siempre que hay un grupo, aunque sea sólo de dos, y tanto si es temporal como permanente. Por ejemplo, entre dos que establecen la oración, uno la dirige y se elige la persona que parece más capacitada para ello. Si un grupo viaja, también una persona se pone al mando. Así ocurre que, dentro de la familia, el ma- rido asume la responsabilidad porque se le supone más capacitado para cumplir esa función. Si viola las reglas o abusa de su cargo, deja de estar cualificado. Su autoridad es cuestionable en ese caso.

Roles intergeneracionales: los derechos del niño

En el Corán no hay demasiadas referencias específicas a las obligaciones de los padres, quizás porque los padres, en general, no necesitan que se les es- timule a atender a su progenie; el cuidado de los hijos se considera un im- pulso natural, una obligación social y una respuesta afectiva. Además, los hijos son vistos como una fuente de contento, satisfacción y orgullo, así como un peligro para la vanidad y también una fuente de conflicto.

En edades tempranas, el islam es consciente de la total dependen- cia del niño respecto de sus padres, la gran influencia que éstos tienen en la constitución de su personalidad y los efectos de largo alcance de la socialización. En virtud de tal dependencia, el niño se hace acreedor del derecho a la vida, a la legitimidad, a ser socializado y a recibir cui- dados generales. El profeta Muhámmad, la paz y las bendiciones sean con él, amaba a los niños y expresó su convicción de que la comunidad musulmana se distinguiría de las demás por su bondad hacia ellos. Atender al bienestar y a las necesidades educativas de los niños siem- pre ha sido un objetivo prioritario para los musulmanes.

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22. La excelencia, la belleza espiritual. Dentro del marco del hadiz que habla de ¡slám, imán e ihsán, el islam es la envoltura material del ¿imán como sensibilidad espiritual donde puede mani- festarse el ¡hsán, que es la manifestación de lo real a mismo. MONTURIOL, Yaratullah. Tér- minos-clave del islam. CDPI. Junta islámica. Al- modóvar del Río. 2006.

Los derechos de los padres

El Corán resume la actitud de los hijos respecto a los padres en un con- cepto clave que es el de ¡hsán*?. Lo que significa en el contexto islámico amabilidad, compasión, reverencia y preocupación. Obediencia mien- tras son pequeños, entendiéndose que no se busca una obediencia ab- surda que acate lo que es dañino para él mismo. Una vez que el hijo ha alcanzado la edad que le acredita responsabilidad, el padre ya no puede asumir la responsabilidad por él ni viceversa. Entonces el hijo tiene la obligación de ser agradecido, de tener paciencia con sus padres, de honrarles y venerarles.

Recordemos el dicho del Profeta en el que por tres veces consecuti- vas afirma el débito que cada ser humano tiene con su madre, por en- cima de toda otra consideración, después de Dios. Y si en su vejez ne- cesita ayuda, el hijo deberá también cuidar de la provisión de los pa- dres y rezar por ellos después de muertos.

Planificación familiar

Este es un fenómeno relativamente moderno que ha surgido como re- sultado de varios factores y ha despertado gran interés entre los estu- diosos de la familia y los llamados ingenieros sociales que están preo- cupados por la explosión demográfica. Hasta ahora los musulmanes ha- bían abordado el tema como una cuestión privada y permitida o no según la Ley, incluyendo el aborto y los métodos de contracepción. Los expertos musulmanes muestran un criterio unánime respecto al aborto después del cuarto mes, que es completamente ilegal, salvo si peligra la vida de la madre, en cuyo caso se apela al mal menor.

También están todos de acuerdo en aceptar cierta limitación de la descendencia, pero no una planificación que imponga un número má- ximo. En las demás especificaciones discrepan, hay algunos que consi- deran permitido el aborto antes de que concluyan los cuatro primeros meses, puesto que al no tener espíritu, no es realmente un ser hu- mano; otros, sin embargo, no lo aceptan, dado que es un ser vivo de algún modo. Y poco a poco, bajo la presión de factores económicos y políticos, y mientras crece la preocupación internacional por la demo-

grafía, hay cierta aceptación de estos puntos de vista y esta práctica entre los musulmanes.

Sin embargo, es paradójico que aunque el islam no se opone en prin- cipio a la planificación familiar, los musulmanes están entre los pueblos con mayores tasas de natalidad, probablemente porque su estilo de vida es muy favorable a ella: se fomenta el matrimonio, se dan los ma- trimonios tempranos, el divorcio es relativamente fácil, los hijos se va- loran mucho y se confía en la providencia de Alláh.

Quizás cuando se un mayor conocimiento de las técnicas contra- ceptivas, cambie esta tendencia a una alta natalidad, si bien la mino- rías musulmanas en países de occidente también muestran tasas de natalidad muy superiores a la medias nacionales, como ocurre actual- mente en los Estados Unidos y en Europa. De manera que, hasta ahora, la inclinación de los musulmanes a tener muchos hijos no ha experi- mentado apenas variaciones a lo largo de la historia.

Cuando el marido no puede mantener a la familia

Si la situación financiera del marido no le permite cumplir con sus obliga- ciones hacia ella, la opinión de la Escuela Hanafi es que sus obligaciones persisten y la esposa debe ser mantenida por el pariente que habría de ha- cerse cargo de ella, de no estar casada. Por otro lado, ella puede pedir prestado proporcionalmente a sus necesidades y lo que gaste es una deuda o reclamación del marido que éste tendrá que pagar cuando me- jore su situación económica. De acuerdo con esta escuela, la insolvencia financiera del marido para mantener a su mujer no da pie al divorcio. Tam- poco le libera a él completamente de su obligación. Una variante extrema de esta posición la ha adoptado la Escuela Zahirí, que sostiene que el ma- trimonio ha de mantenerse con independencia de las condiciones econó- micas del marido. Si tiene medios, la esposa debe mantenerse a misma y a su marido pobre, que no carga con la responsabilidad de restituir lo que haya gastado. Pero la gran mayoría de los juristas musulmanes garanti- zan a la esposa el derecho a elegir. Puede mantener los lazos conyugales si lo desea o acudir a un tribunal que deberá atender sus demandas.

Cada escuela intenta defender su posición en la materia citando el Corán, la Sunnah, el sentido común y argumentos morales. Quienes

defienden el derecho de la esposa a elegir argumentan que es desven- tajoso y dañíno para la mujer conservar un matrimonio que no le pro- porciona la seguridad que necesita. Quienes apoyan preservar el ma- trimonio, sin considerar la situación financiera del marido, argumentan que la separación/divorcio es más perjudicial que resistir temporal- mente, incluso pidiendo la esposa la ayuda de sus parientes o prestado a favor de su marido. Es una norma general que cuando hay dos males, se debe escoger el mal menor. Las dificultades económicas son malas, pero aún peor es el divorcio o la separación. Es mejor para ambas par- tes aguantar juntos y esperar a que haya un desahogo. Los problemas económicos son superables.

Es probable —prometido incluso— que la facilidad siga a la dificultad. Al marido se le debe dar la oportunidad de resolver sus problemas en lugar de ofrecerle una confrontación legal que termine en divorcio.

Las mismas fuentes auténticas que hacen del marido responsable del mantenimiento de la esposa estipulan inequívocamente que Dios no carga a nadie con lo que sobrepasa su capacidad. Ibn al-Qayyim in- dica que el espíritu de la Ley islámica establece lo siguiente: si el hom- bre engaña a su mujer disfrazando su posición económica o rehusa de- liberadamente mantenerla, dejándola indefensa, entonces le asiste el derecho a buscar la separación. Pero si ella se casa sabiendo sus pro- blemas financieros o su situación se endurece después de la comodidad, en tal caso no tiene derecho a buscar la separación alegando pobreza.

Hemos de observar que las escuelas cuyos representantes insisten en mantener los lazos matrimoniales, a despecho de la situación financiera, predominaban en Irak y en menor grado en la España musulmana. Ambas eran las sedes del poder. Mientras que las escuelas que confie- ren a la mujer libertad para elegir florecieron en otros lugares del im- perio. Puesto que la diferencia entre las dos doctrinas es difícil de expli- car en términos de fuentes auténticas de la ley o la adherencia de cada escuela al espíritu de la religión, vamos a ensayar una explicación so- ciológica. Con la extensión geográfica la diversidad social se hizo cre- ciente, nuevos elementos culturales de los persas y turcos entraron en escena, el sistema administrativo aumentó en complejidad y algunas prácticas de los imperios persa y europeo influyeron en las nuevas nor- mativas musulmanas. Movilidad social y geográfica, frecuentes cambios de fortuna, un cosmopolitismo que hacía desconfiar en los gobernantes, un mundo de hombres; todos estos factores hacían que se viera como

humillante para el varón y como una desgracia el verse obligado a se- pararse de su mujer a causa de su pobreza. Por otro lado también era arriesgado para la mujer dejarlo solo con la posibilidad de encontrar otra esposa. Los intérpretes de la ley en este caso parecen actuar como re- formadores religiosos, intentando preservar la familia ante todo, sin con- siderar otras circunstancias y más allá del grupo familiar abogando por un fortalecimiento de los lazos comunitarios y la solidaridad. En otro orden de cosas, bajo estos cambios socioculturales las mujeres de hecho habían perdido parte de su libertad en cuestiones matrimoniales.

En las demás regiones del Imperio Musulmán, los lazos tradiciona- les del clan todavía eran fuertes. Había una íntima afinidad en espacio e imagen con la primera comunidad musulmana. Por aquel entonces, las disoluciones de matrimonio y los nuevos matrimonios, al menos jus- tificados, no eran vistos como estigmas morales o vicios que sacudían la tierra. La soltería no era la única posibilidad de una mujer normal- mente deseable, sobre todo para aquellas cuyo protector tomara inte- rés en su bienestar. Las privaciones de una mujer afectaban más al or- gullo de su protector que al suyo propio. Las fluctuaciones económicas y el cambio social al parecer eran mucho más lentas y menos frecuen- tes que en los centros de poder. En tales circunstancias los intérpretes de la ley consideran religiosamente válido y humanamente justo pro- porcionar una salida a la mujer de un marido insolvente. Puede con- servar el lazo matrimonial y resistir por su propia voluntad o buscar la disolución del matrimonio.

Sería injusto obligar a la mujer a permanecer si no es su libre elec- ción. Por otro lado, la religión pide compasión y cooperación entre los cónyuges. Asumiendo que cada parte mostrará la decencia y la huma- nidad que se espera de un musulmán consciente, se puede anticipar que el marido hará todo lo posible por minimizar las privaciones de su mujer y ella hará lo propio para estar con él, compartiendo sus altiba- jos. Una solución al problema es permitir a la parte más dependiente, la esposa, la elección alternativa de separación/divorcio. El que los ju- ristas presentaran este recurso como alternativa implica una conside- rable confianza en la integridad de algunas mujeres y una conciencia de la fragilidad del carácter de otras.

Algunas mujeres preferirán aguantar con sus parejas, lo que hay que permitir y estimular. Otras no serán tan capaces o voluntariosas, y no se las debe presionar. El derecho de la mujer a elegir entre dos alter-

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nativas puede tener implicaciones significativas, aunque indirectas. Puede motivar al marido para intensificar sus esfuerzos por prosperar para mantener a su familia. También puede animarle a mostrar lo mejor de su carácter, a adquirir cualidades personales que pueden ser un con- suelo para una mujer que ha probado su integridad y entendimiento bajo condiciones adversas. Aquí también el intento de reforma moral y la inclusión de variaciones en la respuesta humana subyace a una doc- trina legal que se ocupa de las relaciones interpersonales en el matri- monio, la forma más simple de interacción social.

He elegido este tema porque plantea una problemática destacada en la so-ciedad de nuestros días, en la que cada vez más mujeres tienen independencia económica, cuando no mantienen incluso a marido e hijos, y porque la respuesta del islam a esta cuestión me parece repre- sentativa del enfoque con el que suele tratar de regular en general las relaciones interpersonales y las vías de solución en caso de conflicto.

10) Podemos observar —frente a las numerosas ideas preestableci- das acerca del islam— la flexibilidad en su respuesta que oscila dentro de un abanico de posibilidades, a tenor de diversos factores.

20) La justicia es un elemento necesario para establecer la convi- vencia sobre premisas favorables; elemento necesario, pero no sufi- ciente, por encima de ella está la generosidad, la grandeza de ánimo, oO sea, el amor.

30) El interés prioritario es siempre la reconciliación, si es posible.

40) Se apela siempre a la madurez y a la responsabilidad individua- les como perfeccionamiento del ser humano.

50) Se le confiere a la mujer, cuya protección es uno de los princi- pales objetivos a conseguir, amplia autonomía.

Estos rasgos que hemos destacado aquí me parecen extrapolables a otros ámbitos de la actuación humana, son las líneas maestras del islam, el camino de la facilidad. Quien haya saboreado su dulzura no querrá ya prescindir de ella.

3.4. LA ÚLTIMA POLÉMICA SOBRE LA INFANCIA

(Publicado en www.webislam.com el 18 de noviembre de 1997)

" Pegar o no pegar? ¿Trabajar o no trabajar? Los niños, un bien cada Cvez más precario en las sociedades opulentas, han constituido siem- pre un tema de frecuente discusión, pero en los últimos veinte años han menudeado los discursos y opiniones acerca de su función en la sociedad y su manera de ingresar en ella.

Durante estos años se ha instaurado una firme opinión, defendida por una amplia mayoría, en defensa de los derechos de los niños. Se han cre- ado organismos estatales para su protección, se someten a una jurisdic- ción especial, se prohíbe su explotación en el trabajo y, desde un punto de vista positivo, se les mima y concede todo lo que el bienestar material de la sociedad permite. Los hippies, con su lema "haz el amor, no la gue- rra", con la idea de que los hijos no son propiedad de los padres sino com- pañeros y amigos, con aquello de nunca decir "lo siento”, han tenido mucho que ver en la expansión de este modo de aproximarse a la infan- cia, en el que la comprensión, el alegato razonado, el trato de igual a igual son la tónica dominante en las relaciones entre niños y adultos.

Esta postura, que tiene de bueno el favorecer la confianza mutua y la asunción de responsabilidades por parte del niño, en algunos casos parece haber llegado a tocar uno de sus extremos viciosos, haciendo que la falta de disciplina y respeto por los mayores, se traduzca en vio- lencia, falta de aceptación de la norma y conducta desviada, según el análisis de nuestros más conspicuos sociólogos.

LECCIÓN D E TEXTOS UNA MUSULMANA

Así pues, en Gran Bretaña acaba de desatarse una fuerte polémica por la decisión adoptada por el Gobierno de permitir algunos castigos físicos leves en la escuela. Hay muchas personas que opinan que un cachete a tiempo puede prevenir males mayores, hay muchas otras que se niegan rotundamente a conceder al varapalo ningún valor como mé- todo pedagógico. Y aún hay quien quiere cuestionar el pescozón o la co- lleja —la inventiva popular ha generado un montón de nombres para designar esta práctica de uso cotidiano— como prerrogativa paterna, poniendo en duda los fundamentos que consideran este derecho de co- rrección inherente a las responsabilidades que conlleva la paterni- dad/maternidad. O sea, algunos padres reservan para el derecho a ponerle la mano encima al niño (para bien y para mal), pero se niegan a que otros no pertenecientes al núcleo familiar puedan hacerlo. Son menos los que consideran que el castigo físico hay que erradicarlo de manera absoluta venga de donde venga.

Por otro lado, está la cuestión del trabajo infantil y a este respecto parece indispensable no perder de vista de qué sociedad hablamos. Miles de niños en el Tercer Mundo trabajan en fábricas y talleres insta- lados por empresas conocidas a causa del menor costo de la mano de obra —en algunos países el maquinismo más feroz está vigente— y aunque, desde nuestro punto de vista, son víctimas de la explotación de las multinacionales, ese trabajo que realizan puede salvarles a ellos y, a veces a sus familias, de otros "trabajos" más denigrantes, de forma que en esa circunstancia particular el trabajo se convierte provisional- mente en una bendición. La verdad es un poliedro de muchas caras. Y en nuestra sociedad del bienestar hay niños que consideran trabajo bajar tres pisos en un ascensor para comprar croissants calientes para el desayuno.

Es la hora de las paradojas. Aspiramos a tener un solo hijo perfecto y nos cuesta trabajo aceptar que pueda ser distinto y que llegue a frus- trar nuestras aspiraciones. En consonancia tenemos un esquema edu- cacional monolítico, en el que todos los niños han de estudiar lo mismo y a la misma hora, y las medidas represivas son las únicas que se ponen en práctica para eliminar la diferencia. Más cerca, en España, todavía no se ha propuesto el retorno a "/a letra con sangre entra”, pero en al- gunas ciudades la policía municipal podrá abordar a cualquier joven en edad escolar que se encuentre en la calle a horas lectivas. Así pues, buscamos hijos de diseño y para conseguirlos recurrimos en primer lugar a un exceso de facilidades y caprichos; si eso no da resultado hay

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una inclinación por la vía represiva. Tal vez fuera más eficaz moverse dentro de un término medio, sin ignorar las complejidades que la edu- cación supone.

Los musulmanes nos guiamos por los preceptos del Corán y las es- pecificaciones de la Sunnah, de los dichos y hechos del profeta, la paz y las bendiciones sean sobre él. Consultados sobre sus indicaciones a propósito de los castigos físicos a los jóvenes, queda claro que, si hay transgresión de la ley, se aplicará el castigo prescrito. Desde el punto de vista preventivo se afirma que se podrá pegar a los jóvenes a par- tir de los diez años si se resisten a hacer la oración; sin embargo, el pro- feta mismo nunca pegó a nadie, ni criado ni mujer ni niño, y conside- raba que el afecto, la ternura, el buen consejo y sobre todo el buen ejemplo eran los mejores vehículos para socializar a los muchachos.

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3.6. MUSULMANAS DENUNCIAN EL ASALTO A SU DERE- CHO A IR CON LA CABEZA CUBIERTA

(Publicado en www.webislam.com, en fecha incierta)

La Comisión Islámica de España ha recibido la denuncia de una ciuda- dana que deseaba renovar su permiso de residencia en España y ha sido requerida por las autoridades para despojarse de su velo. Alega falta contra la libertad religiosa, reconocida en nuestra Constitución, y atentado contra su intimidad.

So Sebastián. Lunes. 10 horas. Una ciudadana se dirige a las de- pendencias de la Comisaría de Policía de su zona con la intención de renovar su permiso de residencia. Presenta el impreso debidamente cumplimentado, los documentos que se le solicitan y las fotos de pres- cripción. Hasta aquí es un trámite sencillo, pero las fotos no sirven. ¿Por qué? Tiene que aparecer en las fotos con la cabeza descubierta. La ciu- dadana lleva sobre su cabeza un amplio pañuelo que le cubre el cuello y el pelo, dejando al descubierto la cara. Se niega a quitárselo y es re- querida de nuevo. Alega su condición de musulmana —que no había pasado desapercibida— y el derecho a la libertad religiosa propugnado por las sociedades democráticas como la nuestra. No parece haber al- ternativa: las fotos con la cabeza descubierta.

Cuando la CIE intenta indagar la razón de que sea obligatorio mos- trar el pelo, no encuentra nadie que sepa dar una explicación convin- cente, puesto que la alegada del pelo como rasgo de identificación no es creíble: hay morenas que se tiñen el pelo de rubio y viceversa, señores con peluquín a los que no se obliga a quitárselo para las fotos de car- net, punkyes con la mitad del pelo verde y la otra mitad morado, mon- jas con toca que tampoco necesitan quitársela y jóvenes con anillos en los labios, cejas y nariz. Ninguno de ellos se ve precisado a eliminar sus adornos para obtener su documento nacional de identidad o equivalente.

La escena que ha tenido lugar en el País Vasco se ha repetido otras veces en diversas provincias españolas. Hay un sector del funcionariado que parece empeñado en convertir en ley lo que no está registrado como tal en ningún sitio. Se trata tan sólo de una falta de costumbre social, un extrañamiento por desusado, pero eso no lo convierte en norma de obligado cumplimiento. La cara al descubierto es más que suficiente. Si las monjas, en caso de llevarla, no han de quitarse la toca ¿por qué una musulmana que hace uso de un pañuelo para cubrirse el cabello debe quitárselo? No hay para ello más razón que el hecho de que es musulmana, es decir, hoy por hoy, en una amplia zona de occi- dente, persona sospechosa de ser "fundamentalista e integrista", cali- ficativos que se usan a modo de comodines para asustar sin que se sepa a ciencia cierta qué significan. La desinformación que padecemos, sumada a siglos de inquisiciones varias, ha conseguido crear un senti- miento de desconfianza frente al musulmán al que se trata con recelo y como individuo bajo sospecha.

Esto ocurría esta mañana en el País Vasco, una de nuestras comuni- dades autónomas más avanzadas en materia fiscal, educativa y social, donde, sin embargo, uno de sus funcionarios no ha sabido estar a la al- tura y reclama un gesto que humilla al otro confiriéndole un fútil poder.

Paradojas de la vida: una madre vasca puede echarse su partida de brisca en un bar playero en top less sin llamar la atención, pero si otra madre decide cubrirse el pelo además del cuerpo resulta criticada y se le sancionará con el desprecio y/o la burla. Sin duda, cubrirse en la ac- tualidad es ir contra los usos sociales dominantes, pero no deja de ser un derecho inalienable de quien desee hacerlo y más aún si se inscribe dentro de una opción religiosa, sagrada por tanto.

Cuando en algunos países se viene cuestionando ya incluso la utilidad de la foto en documentos y pasaportes, a causa de lo fácil y frecuente que se ha hecho el cambio de color de pelo y ojos y de la estructura de la cara con cirugía estética y silicona, aquí todavía nos paramos en una cuestión, que debiera ser anodina, como un velo en la cabeza.

Estamos en San Sebastián, preciosa ciudad cosmopolita, llena de glamour, de cine, de jazz. Tanta apertura por un lado y tanta cerrazón por otro ¿Su peine de los vientos será capaz de soltar el nudo de la in- transigencia?

3.7. OTOÑO

(Publicado en www. webislam.com a finales de 1997)

asta que leí a José Miguel Ullán nunca se me había ocurrido que las lecturas de Tomás de Kempis —Imitación de Cristo— que acompa- ñaron las mañanas de mi primera adolescencia, hubieran podido con- formar mi personalidad dándole ese tinte setembrino, melancólico, ese

profundo y vago /larritasun*? de la infancia, oculto bajo capas de socia-

lización y cultura (es un decir). Lecturas de capilla, entre el humo de las velas y los cuchicheos de las compañeras.

Aquellas tardes otoñales, de intensa luz dorada, ojeando las poesías del Grupo Cántico, me sorprendí al ver tantas y tantas dedicadas a oc- tubre y al otoño, unas buenas y otras malas, algunas tremendamente cursis y preciosistas, algunas directas al corazón como dardos de cerba- tanas, pequeños, punzantes, olorosos de ramas secas y hojas húmedas y podridas. Muchas hablaban de esta estación palpitante y creo que ele- gían el tema como excusa para sacarse de dentro el revoltijo de tristeza y nostalgia del paraíso y exponerlo a los rayos purificadores de la coti- dianeidad, componer el adorno y marcharse libres de la carga de dulce pesadumbre, ligeros como los aires de la estación. Aún queda alguno del grupo, patético y recargado, por tierras cordobesas. Lo terrible es cons- tatar cómo no puede uno librarse de mismo y cada noviembre, frente al árbol desnudo y en la cama de hojas caídas, hemos de enterrar las promesas de renovación reiteradas una y otra vez en el devenir del ciclo vital, a los conjuros de nuestro Machado lúcido y socarrón. No me ex- traña que haya quien se ponga encendido con estas cosas, se reconoce uno más tierno y blando, como un niño inocente que se puede permitir actuar a golpe de impulso, espontáneamente, más acá del bien y del mal, en fin, una verdadera fantasía y fuga otoñal. Caiga la lluvia sobre la hojarasca y cubra y disuelva las excrecencias indeseables del yo.

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23. Palabra del euskera que significa "Congoja, inquietud, angustia”. Nota del editor.

3.8. EN QUÉ CREEN LOS QUE NO CREEN

(No ha podido hallarse la fecha de su publicación pero, probable- mente, sea un texto publicado en www.webislam.com en 1997)

| final, como dice Caffarena, todos confían en una última energía

universal cuyos rastros encuentra cada uno dibujados en el fondo de su alma; pueden ser la solidaridad, el humanismo, las exigencias de la vida en común, la conveniencia de la socialización y, más descarnada- mente, siguiendo a Savater, mi propia conveniencia de mantenerme dentro de unos límites para no volverme loco, enfermar o chocar con la sociedad de modo que me destruya.

Desde nuestro punto de vista la creencia en lo Absoluto da alas al es- píritu humano. Lo Inefable no abruma sino que permite intuir infinitos mundos y un más allá de misterio. La tierra es una playa al borde de un inmenso océano inexplorado: los que creemos en Dios sabemos que El sustenta todas sus orillas. Otros tienen suficiente con confiar en la aventura humana, con creer en la ciencia, en la curiosidad y eficacia del pensamiento ilustrado. El quid de la cuestión está en el aspecto prác- tico de la ética que ha de regular los comportamientos humanos y en ello se resume la verdadera devoción, que no consiste en otra cosa más que en hacer el bien.

Algunas personas se saben buenas, mas ¿de dónde proviene ese sentimiento y la certeza acerca de lo que significa? De la transmisión hecha por otra persona buena que ha puesto la semilla del bien en ese corazón. ¿Es innato? Tal vez ¿Es adquirido? Posiblemente ¿Quién ha plantado la semilla? Estaba en las potencialidades del hombre: unos la

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actualizan y otros no. En cualquier caso y en la medida de lo posible, nadie discrepa de que hacer el bien es lo conveniente o, al menos, pro- curar no hacer daño.

En realidad la fe es un regalo para quien la tiene. Le sirve para su viaje interior y para su viaje exterior en el mundo sensible y social. Aunque sea —como piensan algunos— invento del hombre; sería el mejor de los inventos, no tiene parangón con la tan cacareada demo- cracia, el dogma de fe de nuestra sociedad laica, ni con el capitalismo salvaje con su mercado único, el reducido misterio diario al que asisti- mos ataviados con los ropajes de la corrección política.

Aún vivimos en el sur de nuestra vieja Europa bajo el peso de la Igle- sia Católica, de modo que para sacudirse sus estolas ha habido que tirar por la borda la trascendencia y la inmanencia. En consecuencia el diálogo va de los Padres de la Iglesia a los filósofos y de éstos a los mencionados Padres. Resulta una digresión unidireccional pero, pese a sus limitaciones, es instructivo y muy interesante ver la batería de ar- gumentos y contrastar las distintas sensibilidades. Por último, ayuda a defender lo propio sabiendo respetar lo ajeno.

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3.9. EL ESPÍRITU DE RAMADÁN

(Publicado en www.webislam.com el 5 de enero de 1998)

No me mueve mi Dios para quererte el cielo que me tienes prometido

ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.

Co estos versos, con los que comienza uno de los más hermosos sonetos de la lírica española, conectamos también con el espíritu que preside el Ramadán, mes sagrado musulmán que se caracteriza por ser un prolongado gesto de amor de las criaturas hacia su Señor.

Cinco son las esencias del islam, cinco los pilares sobre los que se apoya la creencia, la fe, para rescatar al hombre y ponerle en situación de dar lo mejor de mismo: el tercero de ellos es el Ramadán. Técni- camente podemos decir que es un mes de tregua, de dejar la vida en suspenso. Durante 28, 29 o 30 días, nunca más de esta cifra, el mu- sulmán se abstiene de comer, beber y tener relaciones sexuales desde el alba hasta la puesta de sol, sumiéndose en un ánimo de confiado abandono ante el acontecer diario. No hablamos de pasividad o inacti- vidad. Todos los trabajos que se precisa hacer se llevan a cabo con toda normalidad, quien ha de cumplir sus obligaciones fuera lo hace, quien dentro lo hace también, los niños van a la escuela y la vida social con- tinúa, si bien se desplaza la hora habitual de visitas. Y no podemos con-

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siderar pasividad a una contención que exige un esfuerzo continuo y considerablemente largo; desde luego es un esfuerzo 'lúdico*, por de- cirlo así, exigente y satisfactorio, lleno de esa energía que se aplica en las cosas que consideramos serias y de verdad nos importan.

No conozco a musulmanes que no reciban con alborozo y cierto temor la llegada de un nuevo Ramadán. Es una prueba de autodominio, paciencia y compasión con los demás y, como tal, inquieta e infunde respeto; por otro lado, el ayunante sabe que ha de romper esquemas, salirse de la rutina establecida, bucear en las profundidades de su alma para encontrar la perla escondida (no hay otra) y nutrirla con los nue- vos elementos que le proporciona el acercarse a la realidad desde otro angulo. Es una eficacisima técnica de contrastes.

Musulmanes de nuevo cuño suelen alegar una razón fundamental por la que han adoptado el islam como forma de vida: la relación Dios-cria- tura no está mediatizada por ninguna instancia, es directa, diáfana y todo penetrante, lo cual puede apreciarse en la dinámica del Ramadán, que es un ayuno gratuito, del que no se ha de dar cuentas a nadie y que se hace con la intención de complacer a Dios sin más. La enfermedad, los viajes, distintas incapacidades liberan de esta obligación que los más asumen como una dulce carga de la que no desean prescindir.

Sin duda alguna, este mes de ayuno y la costumbre de juntarse para comer después, al anochecer, cumple una importante función de cohe- sión social: une en el empeño común, iguala en el desvalimiento y en la percepción de que nuestras verdaderas necesidades son pocas y si- milares. La diferencia está en el equipaje que cada cual lleve en este viaje y en su mirada, una capacidad que la desintoxicación producida por el ayuno pone en la mejor de las disponibilidades para desentrañar los secretos que la realidad contiene.

Una mirada limpia en un cuerpo renovado.

No puede haber en estas cuestiones de fe, obligación o presión jus- tificada. Nuestro soneto, anónimo, escrito probablemente por un con- verso del s. XVI, que vertió en términos cristianos su caudal místico, termina haciendo una declaración de amor sublime, cuyo único objeto es el reconocimiento del Amado: la última afirmación de la libertad del hombre; así es el Ramadán.

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3.10. UNA FUENTE EN LA VIDA

(Publicado en www.webislam.com en diciembre de 1997)

ES difícil pasar sin detenerse ante un brote de agua del camino; en el campo o en la ciudad, en los pueblos o en los senderos el agua que mana atrae como un imán. Aunque sea monumental, la fuente en medio de la plaza, desde lo alto de su pedestal ayuda a clarear la mente del sufrido ciudadano a través de los ojos y —si el tráfico no es infer- nal— en su proximidad aún puede escucharse el murmullo que alivia y satisface, brindando además la promesa de otras fuentes, otros caños de bronce que salen de la piedra gris y ofrecen agua fresca para calmar la sed y el calor iqué deliciosa sensación la de la mano húmeda en la nuca, en las sienes! un gesto sencillo y supremo al alcance de todos, un lujo que se puede repetir porque el agua no cesa de brotar.

Hay fuentes de muchas clases: ornamentales, refrescantes en los jardines, utilitarias en las esquinas de los barrios, para beber en los pa- tios y en los parques, hay fuentes hasta en los pasillos de los hospita- les y en las pastelerías. Siempre refrescan y limpian.

Pero algunas fuentes alegran más, mucho más. Como ese manantial que se hace nacimiento de un río y decide el destino de un pueblo mien- tras nutre pinares, robledales y, más abajo, olivos, viñedos y naranjales. Su sonido es entonces como la música primordial de los primeros asen- tamientos, potente y monocorde. Su canto tiene la misma cualidad que esas nanas que animan al niño a seguir despierto, relajado y disfrutando. El parloteo del ruiseñor, la abubilla y el mirlo le hacen la competencia.

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O como las fuentes colocadas a la entrada de las mezquitas, pensa- das para purificarse.

O como esos finos surtidores que miran al cielo y dejan caer el agua produciendo contento, porque recrean el júbilo y la esperanza de la llu- via cubriendo la tierra. Y no olvidemos las medicinales con sus aguas sulfurosas o ferruginosas.

Mas ninguna calma como el pilar que se vislumbra desde un banco entre la yedra que cerca un jardín recoleto; su canto es la melopea del recitador de cuentos que encandila desde su rincón el corazón abierto de sus oyentes, tocando su fibra íntima, acariciando sus insospechadas ilu- siones, alimentando las dulces ensoñaciones de las siestas veraniegas.

Sin embargo, aún hay otra fuente, la más hermosa, esa pequeña oquedad abrupta en la ladera del monte, con madroños encima y cu- lantrillos a los pies, cuya armonía queda renueva el alma hasta lo hondo, cuyo sonido grave se suma al pálpito universal musitando paz, paz.

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3.11. REUNIONES EN LA PUERTA DE ASIA

V Asamblea del Comité Islámico Internacional de la Mujer y la Infancia?*

(Publicado en Verde Islam 6. Abril 1997)

n octubre del año 1996 tuvo lugar en Turquía la V Asamblea del Co-

mité Islámico Internacional de la Mujer y la Infancia, una organiza- ción no gubernamental que tiene como objetivo conocer y contribuir, en la medida de lo posible, al mejoramiento de las condiciones sociales, económicas, sanitarias y educativas en las que se desenvuelve la vida de millones de mujeres —sea como grupo minoritario o como mayori- tario— en distintas partes del mundo.

Si bien esta conferencia lleva años celebrándose y el nivel de parti- cipación es cada vez mayor en cantidad y calidad, ha cobrado un gran impulso tras la Conferencia de Pekín, donde las musulmanas encontra- ron un foro extraordinario para hablar de su posición, sus opiniones y su labor con relación a aquellas esferas que afectan particularmente a las mujeres y a los niños. Allí se encontraron con el reto de hacer sen- tir su presencia, de hacerse oír y de que sus propuestas fuesen escu- chadas con respeto por una comunidad de mujeres numerosa y hete- rogénea, con problemáticas acuciantes algunas (guerras, miseria), car- gadas de agresividad otras, aunque en su mayor parte imbuidas de es- píritu solidario y con ganas de trabajar y llegar a un entendimiento.

Las musulmanas comprendieron pronto que la clave del éxito de- pendía de su unidad y coherencia interna, de su mutuo apoyo, del tra- bajo en equipo y su habilidad para mostrarse flexibles y pacientes ante actitudes derivadas del prejuicio y la desinformación, manteniendo al

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24. Resulta de lo más significativo el hecho de que las problemáticas que se abordan en este artículo estén plenamente vigente veinte años después y las cifras sean casi idénticas. Leyéndolo, da la impresión de que no se ha avanzado mucho en la resolución de los principales problemas que afectan a la humanidad. Nota del editor.

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mismo tiempo firmeza para defender principios irrenunciables. Tras esta experiencia se corroboró la necesidad de educar e informar a las mu- jeres musulmanas, de establecer objetivos comunes e intensificar la cooperación y los engranajes de comunicación, para hacer que el tra- bajo de las organizaciones tenga continuidad y sea eficaz, plasmándose en la realidad diaria de tantas y tantas personas, contribuyendo a su bienestar físico y social.

En los debates mantenidos durante la mencionada Conferencia se señalaron los problemas más urgentes y se delimitaron las áreas de in- terés más destacadas. Tales consideraciones llevaron a adoptar una serie de resoluciones a poner en práctica por el Comité y sus compo- nentes, recomendaciones que enumeramos a continuación:

e Iniciar una serie de conferencias internacionales para musulma- nas, comenzando en el presente año.

e Facilitar la participación de musulmanas en conferencias inter- nacionales de interés general, resaltando sus intervenciones en los temas importantes.

e Generar oportunidades para mejorar las habilidades de las mu- sulmanas en diversos campos.

e Promover tendencias y agilizar la legislación que concierne a mujeres y niños en todo el mundo.

e Buscar, recopilar y publicar opiniones legales islámicas referen- tes a cuestiones que afectan a las mujeres y a los niños.

e Investigar las circunstancias en las que se encuentran las mujeres y los niños emigrantes o desplazados y facilitar su ayuda y rehabilitación.

e Investigar las necesidades específicas de minorías de mujeres y niños musulmanes.

e Mejorar el estatus educativo de las jóvenes y las mujeres mu- sulmanas.

e Establecer becas para posibilitar que jóvenes musulmanas se inicien en profesiones como periodismo u otras en los medios de co- municación y animar a las Universidades proclives a ello a organizar departamentos de comunicaciones islámicas.

e Hacer campañas de concienciación para difundir prácticas posi- tivas y útiles como la lactancia materna, las vacunaciones, la terapia de rehidratación oral, etc. como parte de los esfuerzos para mejorar la salud de la infancia.

e Enseñar alos niños y a las mujeres los derechos y deberes que les confiere el islam.

e Denunciar las violaciones de los derechos de mujeres y niños que se hagan en nombre de cualquier religión o ideología.

En este contexto las participantes mostraron especial preocupación por el sufrimiento que padecen mujeres y niños musulmanes en diver- sas partes del mundo, especialmente en Afganistán, Palestina, Bosnia- Hercegovina, Chechenia, Cachemira, etc. e instaron a las autoridades responsables a garantizar la seguridad, la dignidad y los derechos de mujeres y niños tal y como requiere el islam.

En junio del mismo año, también en Estambul, Turquía, la ONU ce- lebró la Conferencia sobre asentamientos humanos, Habitat 11, que con- cedió a las organizaciones no gubernamentales una oportunidad ex- cepcional para establecer foros y reuniones, manifestarse e intercam- biar información valiosa.

Ofrecemos a los lectores de Verde Islam una miscelánea de comen- tarios y puntos de vista que brotaron al calor de las reuniones, deba- tes y encuentros informales que se hicieron a modo de preparación de ambas Conferencias.

Mestizaje

El primer dato que salta a la vista es la variopinta composición de los grupos humanos que se entremezclan en la sociedad de nuestros días.

La heterogeneidad de las multiculturales sociedades contemporá- neas hace de especial importancia que reconozcamos y aceptemos tales diferencias si no queremos ver frustrados nuestros esfuerzos por me- jorar las condiciones sociales.

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Una agenda que pretenda organizar el mundo en el próximo milenio tiene que contar con una percepción equilibrada, presentar una apro- ximación holística, abandonar lenguajes marginales y concentrarse en abordar cuestiones urgentes en lugar de temas polémicos.

Quiero llamar la atención sobre el hecho de que hay más de 50 mi- llones de refugiados y personas desplazadas en todo el planeta, que no tienen cubiertas las necesidades básicas que la mayoría de nosotros consideramos garantizadas. Las mujeres y los niños constituyen más del 70% de estos refugiados.

Recordad las imágenes de mujeres y niños que padecen hambre y condiciones penosas a causa de desastres naturales o de la guerra. Ne- cesitan nuestra ayuda, necesitan vuestra ayuda. Lo mejor es que les ayudemos juntos.

La espiritualidad, derecho humano

Creemos firmemente que cada persona tiene derecho a comida, cobijo, educación y cuidados sanitarios. Además, enfatizamos la crucial nece- sidad de reconocer la importancia de los valores morales, espirituales y religiosos que guían y articulan la acción humana en la sociedad. La construcción de un futuro sostenible precisa de hombres y mujeres lo bastante fuertes como para no caer en uno u otro extremo del juego de poder. De lo contrario no nos quedará nada que sostener.

Nuestra plataforma —Rainbow Women “s Platform— aspira a desper- tar la conciencia de las mujeres en particular para que sean capaces de ejercer un papel activo en la construcción de una sociedad sostenible. Apelamos a los delegados de la ONU, a los Estados miembros y a las ONG para que lleven los pueblos a un mundo más equilibrado y justo.

Un padre en cada casa

Un estudio llevado a cabo recientemente en los Estados Unidos ha lle- gado a la conclusión de que una gran parte de los problemas de la so- ciedad en general y de la juventud en particular se debe a la ruptura de

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la estructura familiar. La mayoría de las familias sin padre son pobres, los adolescentes caen en la delincuencia con más frecuencia y las chi- cas quedan embarazadas antes sin desearlo.

La ausencia del padre se refleja también en la naturaleza e inciden- cia de la violencia doméstica. David Blankenhorn, autor del estudio, en- contró que el 42% de las agresiones las llevan a cabo los novios o com- pañeros, el 45% los exmaridos y tan sólo el 12% los maridos.

La paternidad civiliza al hombre. La proximidad del padre controla la violencia y proporciona estabilidad y seguridad al hogar. La importancia de los padres es vital y su responsabilidad a la hora de proporcionar pro- tección y cuidado es intrínsecamente diferente de la de la madre, pero no menos importante. La mejor forma de ejercer la paternidad es a tra- vés del matrimonio, que constituye un sistema irremplazable para una paternidad efectiva. Así pues, conviene hacer del hogar un lugar de des- envolvimiento idóneo tanto para hombres como para mujeres.

Identidad

Una musulmana conserva siempre su identidad civil e individual. No tiene que cambiar su nombre de soltera al contraer matrimonio ni por ninguna otra circunstancia. Esto es una clara demostración del hecho de que el islam reconoce su personalidad legal independiente. En muchas socieda- des contemporáneas las mujeres están luchando por el derecho a man- tener su nombre de solteras, un derecho garantizado para la musulmana.

Salario Justo

La ley islámica establece el principio de que no debe haber distinción en el salario de hombres y mujeres que hacen el mismo trabajo. Las mu- jeres merecen el mismo salario que los hombres. Sin embargo, en lugar de forzar una igualdad formal que acabe discriminando a las mujeres, el islam favorece una igualdad sustantiva, de modo que una mujer tra- bajadora reciba su salario completo en circunstancias especificas, por ejemplo, durante el permiso por maternidad y tras la muerte del ma- rido por un período de cuatro meses y diez días.

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El empleo de la mujer

El islam permite a la mujer que se dedique a una profesión adecuada, estipulando siempre la protección de su persona y de su honor de cual- quier daño. No obstante, el desempeño de un trabajo tampoco es obli- gatorio para la musulmana porque el islam pone en sus familiares va- rones la responsabilidad plena de su mantenimiento. De modo que una musulmana es libre de elegir si quiere trabajar o no. Si decide hacerlo, habrá de llegar a un consenso con los demás miembros de la familia acerca del cumplimiento de las obligaciones familiares.

El islam garantiza a la mujer el derecho completo sobre su riqueza personal y la capacidad de disponer de sus propiedades y rentas como quiera. No está obligada a mantenerse a misma o a sus hijos. Por ejemplo, la ley islámica estipula que una divorciada que tiene la custo- dia de sus hijos ha de recibir del padre recursos para su manutención mientras está amamantando y para sus hijos menores de edad.

Modificar el estilo de vida

Cuando se hace referencia a problemas sociales o sanitarios suelen barajarse paliativos para ellos, pero rara vez se abordan las causas O se recomiendan cambios en las conductas que ocasionan tales pro- blemas. Por ejemplo:

Se recomienda "sexualidad responsable" pero no se menciona el ma- trimonio, único medio conocido de garantizarla.

Se exigen más oportunidades y servicios para madres solteras y mu- jeres que ejercen de cabeza de familia, sin embargo no se buscan me- didas que retengan a los hombres en los hogares y mantengan a la fa- milia unida.

Se culpabiliza a los matrimonios tempranos de muchas de las difi- cultades de las mujeres, pero no se recomienda abstención del sexo a edades tempranas, que se acepta como hecho consumado en la vida social del adolescente.

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La educación y las mujeres

En el islam, aprender no es tan sólo un derecho de cada uno, es ade- más un deber y una responsabilidad. La ley islámica no establece áreas específicas para hombres y para mujeres. Para ambos están prohibidas la magia y la brujería, para ambos es obligatorio el estudio de las cre- encias fundamentales islámicas y de los actos de adoración. Hay desde luego ciertas disciplinas que se recomiendan a las mujeres, como me- dicina, organización empresarial, cuidado de la salud, psicología infan- til, etc. Todos los demás campos de estudio, en las artes, las ciencias y las humanidades están abiertos a hombres y mujeres por igual, siem- pre que sean beneficiosos.

Una idea equivocada

Está muy extendida la idea de que los musulmanes nos despreocupamos de los asuntos de las mujeres y nuestras relaciones se perciben como enfrentadas, como si hubiera un conflicto de intereses gravitando entre nosotros, entre los hombres y las mujeres. Nada más lejos de la verdad.

Las mujeres son nuestras madres y nos han dado la vida. Son también nuestras hermanas con las que hemos crecido. Además son nuestras esposas a las que queremos y respetamos. Y, por último, son nuestras hijas a las que cuidamos y protegemos. Fuera de la familia, las mujeres son compañeras en el trabajo y en múltiples situaciones sociales. Compartimos lo bueno y lo malo. No hay lugar, pues, para un enfoque conflictivo o de enfrentamiento, que no tiene base real ni desde el punto de vista social ni desde el religioso.

Las musulmanas, que acudieron a esta reunión desde distintas par- tes del mundo, coincidieron en señalar estas cuestiones como las fun- damentales, es decir, bienestar, seguridad, empleo y educación. En esto no se diferencian del resto de las mujeres, pero hacen dos rei- vindicaciones que no suelen aparecer en los programas de desarrollo de la mujer al uso: 1) traer a escena y dinamizar la dimensión espiri- tual 2) promover la armonía entre los sexos, restituyendo al hombre su papel responsable.

El buen humor, la ayuda mutua y un ánimo imbatible animaron estos en- cuentros que sirvieron de paso para conocerse y tomar conciencia de la pro- pia importancia en un marco posibilista. Confiamos en que les sucedan otros encuentros y que se deriven de ellos múltiples beneficios. Si Dios quiere.

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3.12. NOTAS SÍ, NOTAS NO

(Publicado en Verde Islam 4. Verano 1996)

E: tanto que creyentes y practicantes de una religión, queremos edu- car a nuestros hijos imbuyéndoles los principios que conforman nuestra vida y que suponemos idóneos para la suya. Pensamos que esta transmisión se hace en el grupo primario en el que se cria el niño, la familia prioritariamente o la institución o simplemente personas que quieren, protegen y apoyan al niño. Con la crianza y los afectos van emparejados los valores y la percepción básica de la realidad y así cada cual los asimila e imbrica en su personalidad.

En el continuo cambio que va transformando la sociedad, el Estado ha ido acaparando funciones que antaño recaían en la familia, cuya estruc- tura difería radicalmente de la nuclear actual —padre y/o madre e hijos— , Una familia mucho más extensa que se fundía con la tribu o clan con po- derosos lazos de mutua conveniencia, en tiempos precarios. Los nuestros también lo son, no obstante, las interrelaciones individuo-sociedad se plantean de otro modo: mientras se exacerba el individualismo, el Estado se va hipertrofiando de manera que, en una sutil vuelta de tuerca, el de- recho se ha convertido en un deber y nos encontramos con que la ins- trucción —una aspiración loable— es obligatoria. Así las cosas, la ense- ñanza de la religión ¡pso facto se hace obligatoria también y aquí em- piezan algunos problemas ¿qué religión? ¿historia de las religiones? ¿y los no creyentes? Naturalmente, a medida que se plantean nuevas co- yunturas se van barajando posibilidades. Se ha llegado a un acuerdo ini- cial: los que quieren religión, la tienen, los que no, tienen ética.

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Pero esta alternativa resulta demasiado reduccionista y no satisface a muchos grupos. Hasta este momento la religión católica era la religión por antonomasia y no se consideraba siquiera la posibilidad de practi- car o enseñar otra; en la actualidad otras han llegado a adquirir enti- dad jurídica suficiente para plantearse su enseñanza en las escuelas estatales, así el islam o el credo protestante.

Los musulmanes españoles entramos ahora en la polémica a que ha dado lugar la cuestión de la religión: ¿se le asignarán a esta materia ca- lificaciones académicas? ¿influirán esas calificaciones en el currículum? En un esquema tan extremadamente competitivo de la educación como el nuestro, este tipo de cuestiones son asunto candente, cuando una décima en la nota puede decidir el ingreso de un joven en una u otra Facultad y, por tanto, condicionar su futuro.

Estos días asistimos en la prensa nacional a un debate acerca de esta cuestión y no se vislumbran soluciones al gusto de todos; si hay califica- ciones no se sabe con certeza qué elementos conviene tener en cuenta, si la sensibilidad religiosa del alumno o su conocimiento formal, su infor- mación acerca de la religión, si no se dan calificaciones se reconoce su ca- rácter especial, no coercitivo, su regalo para el espíritu. Aunque al poner esta materia en un apartado especial, alejada de condicionamientos rea- listas, puede hacer que se la relegue a algún lugar en el limbo como algo ajeno a la vida práctica de cada día, tal que ha ocurrido a la metafísica y está a punto de ocurrir con la filosofía, cada vez más arrinconada.

Vistos pros y contras, nos parece más interesante salvar el carácter único, especial de la religión, y abogamos porque se imparta de forma libre y voluntaria, sin calificaciones, en la etapa obligatoria de la ense- ñanza. Habrá de ser una decisión de los padres y muchos niños no se la tomarán en serio como no se toman en serio otras materias. En las fases tempranas de la educación el niño piensa en el juego como actividad prin- cipal de su vida, está en pleno proceso de socialización, las normas están internalizadas a medias y, en el mejor de los casos, tiene una limitada perspectiva acerca del alcance de sus estudios. Desde este supuesto se requiere que el profesor haga la clase tan atractiva que los alumnos dis- fruten de ella sin contar con la motivación adicional de las notas.

Por otro lado, cuando la enseñanza es voluntaria y, dentro de un abanico de posibilidades lo más amplio posible, el alumno se decanta por la religión, consideramos que está en condiciones de responsabili-

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zarse de su trabajo y las notas son —a falta de algo mejor— el índice más homogéneo con el que contamos. Cuando los muchachos amplían sus intereses, su curiosidad sobre el mundo y sobre mismos se in- tensifica y tienen una visión complementaria a corto-largo plazo de sus estudios, entonces deben responder de una labor de formación que premie el conocimiento formal, la capacidad de comprensión de con- ceptos e ideas, la elaboración de síntesis, el esfuerzo personal y la prác- tica de la curiosidad intelectual y del espiritu crítico constructivo.

La religión es una concepción del mundo en el más amplio sentido de la palabra, una concepción que se ha ido desacralizando y paulatina- mente ha sido desbancada por la filosofía. Entrambas es deseable que se manejen en la formación de nuestra juventud. La alternativa natural a la religión es la filosofía y no la ética, que es tan sólo una parte de ese cor- pus de pensamiento. Y si el bachiller tiene que manejar a Spinoza o a Hegel también puede tener conocimiento de las enseñanzas del Profeta Muhámmad o de los discursos de “Ali en "La cumbre de la elocuencia".

No olvidemos que las líneas de pensamiento y los autores son refe- rentes que nos acompañan toda la vida, por esa razón deseamos co- nocer y proponer otros que amplíen e innoven la oferta existente.

Si los integristas laicos quieren escamotear el conocimiento de cuanto se relaciona con el fenómeno religioso, han de realizar sus pro- pias propuestas; ya hay, por ejemplo, un grupo de humanistas que acaba de hacer público el Manifiesto de Delfos, en defensa de una mayor presencia y difusión de la cultura clásica.

Sospechamos que tras la cuestión de las calificaciones en materia de religión se esconde un asalto por el poder hegemónico llevado a cabo por la Iglesia Católica, instalada durante siglos en nuestro país y con evidente predominio en el terreno de la enseñanza. Sin embargo, la vida siempre camina hacia delante y no es factible restablecer un estado de cosas cuya base de sustentación ha variado substancialmente. La dinámica actual de nuestra sociedad es plural y variopinta y los musulmanes españoles, que constituimos una minoría en fase de expansión, concurrimos a ella con los mejores deseos. Consideramos que el pensamiento religioso es universal, trascendente e irrenunciable para el ser humano y aspiramos a cultivarlo en la vida privada, en la escuela, ejerciendo un derecho recién adquirido, y en nuestras relaciones sociales, matizando la convivencia y dando tono (tonificando y entonando) a nuestros intercambios.

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3.13. EL PAN

(Publicado en Verde Islam 3. Invierno de 1996)

| pan, esa masa de harina y agua cocida, simbolo por excelencia del

alimento, representativo del sustento diario, preside nuestras mesas y alegra nuestra vista, infundiéndonos un hondo sentido de seguridad y confianza; en efecto, en torno al pan se puede decir que todo está en su sitio. Imprescindible para acompañar las comidas y en caso de apuro él mismo ser toda la comida. Su presencia nos hace tiernos y solidarios, su ingestión nos sitúa en la cadena humana y nos enlaza, cuando menos, con aquellos primitivos recolectores de variedades silvestres de trigo y cebada, allí en el umbral del neolítico. Probablemente su pan era ázimo y escasamente refinado, hoy, diez o doce mil años después, asistimos al boom del boutipan, esa tienda que ofrece, recién hechos, panes en numerosas variedades y presentaciones, así como pastelillos y derivados. La harina con la que se confecciona suele ser de trigo, hasta el punto de que se da por supuesto y no se especifica salvo si es de otro cereal; centeno, cebada y maíz son los otros cereales más uti- lizados en su elaboración.

Ahora mismo Córdoba resplandece con los jóvenes trigos rabiosa- mente verdes bajo la lluvia generosa; es como si las suaves colinas se llegaran hasta nuestras retinas para acariciarlas, llenándonos los ojos de húmedo agradecimiento. Ese es el pan de mañana. Esto que escribo es también mi pan de mañana, utilizada la expresión no en su sentido literal sino figurado. Y es que el pan nos ha acompañado tanto tiempo y ha sido tan importante que impregna nuestro habla de continuo, pues

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que ha dejado numerosas expresiones fijadas en el uso de la lengua... "Mi amigo Federico es un pedazo de pan", "Esto de los políticos y sus escándalos se ha convertido en el pan nuestro de cada día", "Mi her- mana nos tuvo en vacaciones a pan y mantel”, "Me parece que la Con- ferencia del Mediterráneo es pan de perro", etc. Y otras muchas que os estarán viniendo a la mente.

Y ¿qué hay del pan de hoy? ¿qué trigo nos estamos comiendo? Hay de éste muchísimas variedades, cuchareta, alforfón, chamorro, cañi- hueco, si bien se prefiere el llamado común o candeal para consumo hu- mano. A pesar de la calidad de los granos, de pan estamos fatal, desde luego es un negocio y la proliferación de formatos y marcas es notable, sin embargo, apenas es pan, cuanto más blanco, crujiente, ligero y es- ponjoso menos pan es, se ha convertido en una mezcla de almidón de trigo con impulsores y potenciadores, tan vacía de sustancia que, en muchas ocasiones, han de añadirle a posteriori los elementos de los que carece. Al pan de hoy lo han despojado de sus cualidades nutriti- vas y lo han colocado adornado, inerte, en los escaparates de las tien- das especializadas. Cuanto más atractivo más huero.

Los fabricantes de harinas le quitan al trigo el gluten, su reserva nu- tritiva, porque hay grasas en su composición y resulta más difícil conser- var la harina que se obtiene de él una vez molido, le quitan también la cáscara porque obscurece el pan y lo hace más compacto, eliminando así su contenido en fibra, total, nos queda un almidón muy mermado en sus capacidades nutricias. Pero nuestro pan no sólo ha cambiado por dentro, también por fuera ha perdido gran parte de su cortejo, para empezar las bendiciones, después un poquito de hambre auténtica, otro poco de reu- nión familiar y trato amistoso, un mucho de aprecio de su función de man- tenimiento, o sea le hemos perdido el respeto, lo hemos dejado solo.

Hemos de recuperar el pan íntegro, completo, pedirlo continuamente a los comerciantes, hacerlo nosotros mismos en nuestras casas, aun- que sea de modo festivo, en alguna ocasión especial, elaborarlo con nuestros hijos, que ellos mismos hagan su bollo y vean lo que pueden conseguir, perder el miedo a pringarse, saborearlo en su olor, regode- arse en su calor y sobre todo, compartirlo, comerlo en compañía alre- dedor de una cazuela con verduras y salsas, con quesos o carnes, con modestos tomates o con aceite de oliva nada más. Partir el pan y de-

partir tranquilamente: sentiremos que todo está bien, que cada ser ocupa el lugar perfecto. Este es el sabor añadido que esconde en su in- terior y no queremos dejar escapar.

La sencillez de la hogaza de pan, la humildad de su apariencia en- cierra un tesoro imposible de agotar, discurre por sus fibras esa subte- rránea corriente de compasión que palpita en la creación y anida en cada ser humano, a pesar de nuestra manifiesta torpeza y la enorme cantidad de sufrimiento inutil que nos infligimos desconsideradamente a nosotros mismos y a quienes nos rodean. Las grandes y verdaderas desgracias colectivas —guerra, hambre, abuso e indefensión—, otros padecimientos no menos reales para el que los sufre, si bien pertene- cientes a una esfera más sutil y personalizada, parecen desdecir de tal compasión; una primera mirada ligera nos ofrece un drama general y nos sitúa de modo patético en nuestra impotencia.

Sin embargo, nuestro entorno es lo bastante variado y complejo como para no agotarse en una sola lectura. Volvemos la vista y empe- zamos a distinguir retazos de vidas, momentos de encuentro, susurros de la gloria que pasa rozándonos cuando nos dejamos redimir por el amor y espantamos el mal de nuestro ánimo. Sabemos que está ahi, de modo que la voluntad continuamente renovada de incentivar lo positivo es el pequeño y gran poder que poseemos y podemos ejercer sin tra- bas, empezando cada día con la actitud de prodigarnos del mejor modo.

Mi edad —cuento ya con una respetable madurez— me proporciona dos ventajas principales entre otras, una, el haber aprendido a disfru- tar de cada momento, a vivirlo con abandono, con entrega, otra, el haber adquirido el deseo de no perder tiempo y utilizarlo sólo con cosas buenas, puesto que hay tantas tareas apasionantes, seleccionar las me- jores. La elección no suele ser complicada, casi siempre se pone de- lante lo que hay que hacer, sin paliativos; la realidad impone su flujo al que únicamente nos resta añadir el nuestro hasta que se forme un río ancho y poderoso y no pueda distinguirse uno de otro, ni río ni nos- otros, nada más que Vida.

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25. AYALA, Francisco. La cabeza de cordero.

Alianza Editorial. 1999.

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3.14. LA CABEZA DE CORDERO

A propósito de una narración de Francisco de Ayala?”

(Publicado en Verde Islam 1. Verano de 1995)

a cabeza del cordero es una breve composición incluida por su autor

dentro de un volumen al que da título y que se publicó en Buenos Aires el año 1949, aunque no se pudo editar en España hasta mucho más tarde. En un somero resumen diremos que relata la visita hecha por un empresario a la ciudad de Fez (Marruecos), donde pretende am- pliar su negocio. Allí se reune con unos pretendidos parientes, descen- dientes de moriscos españoles, que le asaltan a preguntas acerca de los distintos miembros de la familia a la que dicen pertenecer. Le invitan a una cena en la que se sirve un cordero sobre una bandeja en cuyo cen- tro reposa, abierta por la mitad, la cabeza del animal. Más tarde, de noche y a solas, el insomnio se apodera de él así como una angustiosa remembranza de su comportamiento durante la pasada guerra civil. Acaba culpando de su estado a la indigestión que le provoca la cena y al absurdo de aquella reunión supuestamente familiar. Un vómito y el descanso parecen ahuyentar los fantasmas.

Todos llevamos dentro la cabeza del cordero. Cada cual arrastra con- sigo la historia de una ignominia, la historia de una traición. Quizás tan sólo una, dramática, definitiva, que relega a un segundo plano otras po- sibles de menor entidad, con más probabilidad un conglomerado entre- tejido de pequeñas negaciones, renuncios, ocultaciones, desidias e in- confesables deseos. Laboriosamente, a lo largo de ese devenir en que consiste nuestra existencia vamos juntando gestos mezquinos, inmolando como manso cordero la dignidad que nos debemos a nosotros mismos.

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Y como la vida sigue, es imposible dejarla en suspenso, aprendemos a convivir con la cabeza de la bestia en nuestro interior, construyendo, para protegernos, una complicada red de racionalizaciones, de equívo- cos razonamientos, lanzamos densas cortinas de humo, extendemos velos, nos arropamos con la misericordiosa capa del olvido. Mas ¡ay! a veces, respondiendo a sutiles mecanismos que no podemos controlar, hace acto de presencia, nos abruma con su intolerable presencia, nos hace revivir la dificultad de respiración, los instantes de angustia y de- sazón. Porque la memoria, compleja facultad que proporciona el ingre- diente secreto que adereza cuanto es humano, guarda celosamente una franja de misterio, resortes íntimos que se activan según mecanismos que le son propios y en virtud de ellos nos asalta de improviso, po- niendo ante nosotros un espejo en el que se refleja nuestra imagen en forma de cabeza de cordero, animal de resonancias bíblicas cuyo sa- crificio han ofrecido siempre los hombres temerosos de Dios, como ex- presión de su acatamiento a lo que les estaba decretado.

Pero en esta ronda de la memoria se ha escamoteado el cuerpo, se ha desvirtuado la ofrenda y regresa, sola, la cabeza, con un regusto amargo, exponiendo de manera obscena los últimos rincones de nuestra intimidad, que deja, por este mismo acto, de serlo y se muestra en público, aunque sea tan sólo ante nuestra conciencia que, cumpliendo funciones de alter ego, considera los hechos y los sanciona. No hay castigo. No es necesa- rio. Basta con que esté ahí, como maldito malsín, delatándonos las mise- rias, grandes y menudas, viejas y nuevas, con mirada vacua e implacable.

Acerca de la memoria se saben muchas cosas, los estudiosos afinan cada vez más la penetración de su conocimiento respecto de ella, sin embargo, sigue en pie la cuestión de sus imprevisibles relaciones con nuestros sentimientos y emociones, el por qué un objeto o una palabra quedan adheridos a nuestra mente, desencadenando en el momento menos pensado una sucesión de contenidos significativos que invaden el presente y lo determinan; en verdad pensamos que quizás nunca lle- gue a desentrañarse por completo este enigma.

Lo que bien saben los censores, internos y externos, es que el peli- gro acecha, que el recuerdo puede sobrevenir en cualquier momento perturbando el ambiente y así se afanan por prohibir esto y aquello, en su intento por destruir todas las conexiones, de tal modo que el asunto en cuestión quede aislado y, en consecuencia, inactivo. Nada mejor para reducir algo a la nada.

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A pesar de su celo, los censores se ven burlados en muchas ocasio- nes, unas veces porque nosotros mismos nos ponemos en evidencia, otras veces porque a sus empeños por difuminar las huellas, sea para hacerlas desaparecer sea para colocarlas en un terreno ambiguo que permita su utilización en el engrosamiento de la leyenda, oponen los exiliados un esfuerzo constante por preservar la memoria histórica, de tal modo que cada pequeña memoria individual abandona sus restric- ciones y adquiere otra dimensión al pasar a formar parte de ese cuerpo colectivo, al que nutre y del que se nutre, mientras enriquece nuestras señas de identidad; enriquece o carga con responsabilidades ineludibles y al conjuro acuden la Guerra Civil y, como trasfondo, aquella otra gue- rra civil que se dio en llamar Reconquista y cuyo colofón fue la expul- sión de los moriscos, que hubieron de exiliarse tras el Estrecho.

Un mar se interpone siempre entre los exiliados y el país del que se ven obligados a partir. Un mar de desamor e iniquidad que ellos se es- fuerzan por vadear continuamente manteniendo vivo el recuerdo y la conciencia de pertenencia.

En el relato, el protagonista, narrador de los hechos, huye, deja atrás una noche de pesadilla y se cree a salvo. Cuando ve la verdad que se despliega frente a él, no la acepta, la niega y considera que su razón está ofuscada, cuando es bien al contrario. Y con este elemental me- canisco defensivo, con la simple negación, se cierra la puerta que da paso a la renovación: la catarsis. Ignora que todos los sabios que en el mundo han sido han confirmado repetidamente que el bien que hace- mos así como el mal revierte en algún momento sobre nosotros, vuelve a engrosar nuestros haberes personales sin posibilidad de escapatoria.

No proponemos pasar la vida aplastados bajo el peso de culpas y res- ponsabilidades, puesto que creemos en la capacidad de recuperación, en la posibilidad de cambio que viene de la mano de una toma de concien- cia del estado de cosas que nos afectan. Bien cierto es que nunca ha- bremos de recuperar aquella prístina condición de inocentes y que un deje de amargura puede quedar adherido en el fondo de nuestra alma, sin embargo, es posible que nuestra compasión ante las mezquindades y trampas de los humanos se incremente y aumente también el sentido del humor para encajar los golpes que nos sobrevienen, dejando que nos embarque la alegría de vivir que proporcionan las cosas sencillas.

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No nos parece suficiente la oferta de pan y circo que nos hace el im- perio, buscamos una asunción lúcida, invocamos un esfuerzo sostenido por mantener conciencia cabal sobre el espectro básico de la realidad, una comprensión que nos permita aproximarnos cada día un poquito más a la sabiduría. Y a socorrernos en este propósito concurren muchos autores que han tomado sobre sus hombros esta tarea de desvela- miento y clarificación.

Francisco Ayala, con la fuerza expresiva de su arte, lo dice de modo insuperable: "Nos ha tocado a nosotros sondar el fondo de lo humano y contemplar los abismos de lo inhumano, desprendernos así de enga- ños, de falacias ideológicas, purgar el corazón, limpiar los ojos, y mirar al mundo, con una mirada que, si no expulsa y suprime todos los habi- tuales prestigios del mal, los pone al descubierto y, de ese modo sutil, con sólo su simple verdad, los aniquila."

Francisco Ayala, casi setenta años de trabajo, nos ha proporcionado hasta ahora una obra ingente a la que ha sabido dotar de juicio impe- cable, junto a exquisitos toques de ternura y humor para mejor cum- plir con el lema favorito de la literatura, o sea deleitar instruyendo o ins- truir deleitando.

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3.15. LA NOCHE

(Publicado en Verde Islam 5. Otoño 1996)

uenan muchas voces en la noche. Bajo el velo del silencio los mur-

mullos que permanecen ocultos habitualmente irrumpen con tesón de agua. La noche es suave y acogedora como un útero materno, te en- vuelve y recoge, difuminando los límites usuales de la percepción, dando paso a visiones, indicios o razonamientos inusitados; en ese magma tibio, turbio, las intuiciones se convierten en rayo lúcido y ad- quieren, por contraste, un relieve y una claridad de evidencia.

Día y noche se complementan y precisan como las consonantes a las vocales, como la dificultad a la facilidad para cerrar el círculo de la existencia. El ser humano se abre al Universo y en su profunda soledad, que es su condición más primigenia y que parece hacerse más patente cuando los quehaceres cotidianos no distraen la conciencia, tiene di- versos modos de articular el asombro y la maravilla que le produce el encuentro con la realidad ¡Ay, pájaro solitario que no sufre compañía!

Las horas en las que toma cuerpo lo que nos anda rodando por el magín, son horas que se arrancan al sueño, horas íntimas y arrebatadas que movilizan la creatividad, la plasman, la concretan. Pienso en perso- nas excepcionales por diversos conceptos, gente que se exige mucho, trabajadores incansables, que nos ofrecen después los frutos sabrosos de su labor y todos los que acuden a mi pensamiento toman la madrugada como situación principal, recorren un largo y arduo camino, se inventan, se hacen a mismos conscientemente en cada jornada, no pueden

menos que exigirse lo mejor cada noche, artistas del instante, artesanos de lo constante, piedra a piedra, idea a idea construyen un edificio para retirarse y un ámbito para recibir, un recinto que ofrecer para el inter- cambio, para el goce y disfrute de una vida plena y luminosa.

Quien sigue firme el rastro, persiste en seguir el hilo, indaga con ino- cencia en los distintos mundos que se abren ante el avance del pensa- miento, al final se ve satisfecho: consigue la perfecta quietud de la com- prensión y el sosiego.

Nuestro Profeta, Muhámmad, la paz y las bendiciones le acompañen, oraba en esas horas mágicas de la noche, se levantaba al rayar el alba, se concentraba y regresaba a diario con su espíritu renovado y un poco más cerca de la Infinita Presencia, purificado. Y pensemos en el extraor- dinario legado que nos dejó, en la grandiosa transmisión que nos hizo, dando voz y estilo a algo que, en ese momento, no estaba al alcance de los demás seres humanos. Laboriosamente, con esfuerzos y pruebas que sobrepasan nuestra imaginación, renovó la revelación y estableció la ciu- dad musulmana, ese hábitat que se extiende a todos los rincones de la tierra y se concentra como un púlsar en el corazón del creyente.

3.16. EL RESPLANDOR: VERSOS PARA LEER A MEDIANOCHE

(Publicados póstumamente en www. webislam.com con una introduc- ción de Jadicha Candela)

o poemas de Sabora son como una mirada a cámara lenta sobre la realidad que le rodea. Ella convierte en lírico cada uno de los deta- lles que a otros espectadores resultan inexistentes: ella ve más.

A la manera de los haiku japoneses, lo verdaderamente poético en sus versos son los instantes de su vida diaria; ningún detalle, ningún sonido, ningún pensamiento fugaz le pasa desapercibido.

Ralentiza su entorno como enfocando con lupa el día a día. Y dota de arte el movimiento sutil de unas cañas o el sonido lejano del ajetreo do- méstico y nos sumerge en una visión estética que produce un senti- miento de realidad lírica. La poeta no precisa de un paisaje en los mares del Sur, ni de un crucero lujoso por el Caribe, ni de palabras susurra- das por la pasión mientras se danza a la luz de la luna para trasladarse a un mundo lírico y espiritual. Quizá no tenga importancia la materia poética, sino la visión del poeta que logra transformar una impresión superficial de lo que le rodea en la canción que recibe de la musa.

Su mérito es llamarnos la atención sobre la realidad, apaciguar y re- lajar nuestra mirada en nuestro entorno, volver protagonistas honorí- ficos a nuestros humildes acompañantes domésticos y enseñarnos a paladearlos como el más exquisito manjar.

Su obra "El resplandor (Versos para leer a media noche)" contiene siete poemas que, si empiezan "Así", terminan "Alegremente"; pasan de las "Sombras del mediodía" a "La noche", para deslizarse alegre- mente en "La mañana”.

En el centro, como una columna, como un "Dardo que ha dado en la diana", se asienta su mensaje: "Labor omnia vincit”.

Jadicha Candela

I. Así

Buscando el encanto de los nudos gordianos, perplejo el paso,

avezado el ojo,

inmersa en la vorágine blanquiazul, en pos del amado

tan evasivo,

tan huidizo,

sin poder contar siquiera

con el apoyo de la A mayúscula, triángulo mágico que encierra en el poder de elevar hasta la mística

las humildes brasas en las que el corazón se requema.

El escozor mantiene la conciencia pegada a las cenizas,

confundiendo el polvo gris

con una galaxia contrahecha y sin brillo. un continente —el pecho y la frente— Al otro lado del grano oscuro de seres amados. está el resplandor

pero esto no es más que un postulado científico. 111. La noche

Y, por fin, llega la noche

II. Sombras del mediodía con su cortejo de estrellas, Las claras sombras del mediodía tan bellas, dibujan el perfil del desánimo, que no cabe un reproche los resortes se estremecen bajo el peso del desaliento al fondo azul como el pueblo bajo la amenaza del picacho a sus espaldas. impasible, irreductible En los ojos una quemazón por la pena y el calor. que les acoge en el silencio amable Alivia el movimiento callado —O mejor— de la libélula junto al estanque, en la música agradable remoto insecto iridiscente, de esas horas únicas nota de color, contraste. entre la oración y el sueño. Su vuelo fascina y atrae, El anhelo del niño pequeño retiene las pupilas queda atrapado en las ondas alfa, rodeada de olorosa penumbra. agazapado como el cuco en el nido ajeno Movimiento acompasado que, cual canto rimado, esperando el momento, deshace todos los nudos con sumo cuidado. tan lento, Las manos aquietadas del diario big-bang. aguardan su cita con el atardecer Y, por fin, llega la noche para poder tejer aire y espuma, el deseo es como el zumbido de los mosquitos

papel y pluma para conquistar que se entrecruzan

en el claroscuro de la habitación.

Incitantes, inquietantes, inmensas en su misterio, las sombras aguijonean los sentidos,

este ansia, híbrido de instinto y voluntad, se acelera mientras los durmientes respiran con dulzura

y bordan sueños en el manto celeste.

(El niño monta en su caballo alado,

visita diversas constelaciones,

acariciado por el apagado rumor del firmamento, en ese momento

blando y silencioso almohadón de plumas.

Otro levanta la mano ¡adiós, adiós!.

El viejo mira a los dos,

mera potencia, esperanza cierta,

el corazón se le ensancha, el latido sube un tono, extiende sus brazos hasta la desmesura,

con todo amor procura

cinchar a ambos con su contorno).

Ella vela. Una vez más intenta

componer su canto.

Animada por el espacio sonoro,

deshoja la melodía de la creciente obscuridad,

busca la luz del Sur mirando hacia dentro

con persistencia y contento.

El cálido hálito de la pasión doblega su nuca. Toda la calma en el exterior

se hace arrebato en su interior,

mas no es bastante, ni un instante

de su inspiración domina el desastre,

no dobla la esquina de su pensamiento

el torrente saltando avasallador.

IV. Labor Omnia Vincit

Sus recuerdos viejos son tristes y estrechos como la calle envuelta en el frío de febrero, mirando desde el tercero el féretro del padre. Se le ocurre una broma macabra,

el suicida se arroja al vacío,

se quiebra, se parte las piernas,

vive aún, vivirá mucho tiempo

sin perder la conciencia un momento.

Basta la voluntad para hacer un gesto de desamor (aunque sea incompleto).

También es suficiente para una obra de amor (aunque sea imperfecta).

Se pone frente al amante,

se insinúa y le consiente,

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se aproximan bastante, la soledad compartida de millones,

la mirada sugiere insólitas conexiones condensada en un regusto de miel y un bollo de pan. pero no cesan las reflexiones, Por mucho que lo intente

el cerebro marcha delante del corazón. el agua no pierde la forma del continente.

Siguen las sugerencias, las inflexiones de voz, Parece una pecera redonda, clásica,

la respiración sincopada de diafragmáticas tensiones. en la que los peces de colores abren sus bocas con desespero Es preciso someter la razón, y en sus ojos se puede ver

hacer con sus argumentos una red de protección, el engranaje de la memoria

para que el alma se arroje al espacio y no se rompa, convertido en circuito de un robot informático

no se rompa las piernas, no, y en la imagen nocturna de la gran urbe

como el suicida inoperante. con infinitas luces parpadeando.

Calculando las distancias, Una predomina como una estrella polar

calibrando el punto de enlace, ¡acércate y verás!

tanteando ahora, probando a ciegas, Es la gota de agua esférica, en reposo,

zahorí rastreando el acuífero, un holograma de la eternidad.

pretende con insistencia convertir la roca en agua viva,

cambiarle la densidad V. Hoy el dardo ha dado en la diana

para que escape de su esfera y fluya libre. Vuelta a empezar.

Libre como el muchachito indio que escoge la calle El largo túnel, denso y penoso 14 14

frente a la seguridad, se encoge ante sus ruegos,

en un acto de inocente afirmación de la vida se entrega a sus desvelos,

elige vagar, vagar: su agridulce libertad. consiente en ser sólo un punto,

Los ojos grandes asomados al exterior un punto negro, oscuro, cruel y obsceno.

con ganas, con deseos de saborear más Breve trazo

en el que ella se mira y mira como un espejo de obsidiana; todo su cuerpo clama:

"Otro, otro ser, claro, preciso, que se apodere de mí,

me posea con vehemencia, hable a través de mí,

al que yo pueda servir

de caja de resonancia

para pronunciar con claridad

la prístina esencia de las cosas, su íntima realidad".

Aliento de amor, sesgo vibrante

que pule la negrura

hasta hacerla transparencia ardiente.

Ya no se ve,

delante solo hay una bola de cristal, se asoma a la ventana,

su mirada se posa sobre una rama, alza el vuelo y salta al cielo,

un cántico resuena pausado mientras se va la pena,

y se pierde en los campos,

filigranas verde y oro,

con las cigarras entonando a coro.

Más allá de la pincelada clara del pueblo

está la mancha cárdena del sol,

un ascua fuera, un ascua dentro,

dos rojos en contacto,

dos gotas de vidrio fundiéndose

horizontalmente,

libres del peso de la gravedad,

deslizándose en ondas con suavidad. armonía japonesa respiración profunda animo en suspenso

luz, blanco, brillo

y una dulce sonrisa para dar cobijo

al amor, un escondrijo.

VI. Mañana

Hoy un amor perfecto,

en el fondo, un deseo muy hondo

en la forma, un rasgo abstracto

un destello que estalla en infinitos puntos. Es un amor porque sí, puro,

sin nombre y sin defecto.

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Un registro impreso

en la memoria del corazón

y en la estructura de la razón, donde se enriquece sin cuento desgranando plegarias

en la intimidad que anuncia

la proximidad de la aurora, hora que hechiza las cabezas a las que nimba con su aura limpia y fresca,

a las que concede una paz serena y blanca.

Mañana...

todo un día nuevo ofreciéndose, una página sin estrenar

para inventar palabras en ella, componer poemas,

cantar canciones,

y sentir contento del sol y su calor en el cuerpo.

Todo un día nuevo, un día eterno para buscar en el fondo del alma un rescoldo de talento,

una chispa de lirismo

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y poder engarzar un verso.

¿Será suficiente la voluntad para encontrar la verdad?

Todo un día nuevo, desconocido,

el pájaro en el albero busca su comida.

Y habla con sus compañeros.

Las abejas diligentes acarrean sus cestos, los hombres se afanan con sus afectos.

Tantas y tantas posibilidades

como motas de polen suspendidas en el aire

diminutas partículas que se apresuran al encuentro

dejándose arrullar por el susurro del viento.

VII. Alegremente

Germinarán en lo profundo de la tierra y brotarán emergiendo a la búsqueda del halo luminoso que les espera fuera tras la capa de arcilla pedregosa. Serán árboles, formarán bosques, lugares protegidos

donde acoger las buenas intenciones, los gestos nobles y las acciones,

que buscan cumplir su misión de adoración.

Después hacerse añicos, saltar por los aires,

ni fuego ni ceniza,

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solo luz incandescente

tamizada por el verde.

Premura evanescente que se aleja velozmente,

cruza el páramo solitario

y se dirige a la ciudad.

Los huertos y las acequias le escoltan alegremente.

¡Oh vanidad!

¿Por qué tanto porfiar?

Si siempre viene el momento de entregarse, dar un suspiro profundo

y continuar.

El pájaro pía cerca del nido,

el niño se guarda el sueño en el bolsillo. Ella trabaja. Ella sonríe.

Ahora sabe que está el resplandor,

lo ha visto

al otro lado de la ciudad.

3.17. DIARIO DEL HACH**

(Publicado póstumamente en www. webislam.com el 17 de noviembre de 2010)

Bismillahi ar rahmani ar rahim

=- el día 12 de Dhul-Hicha?”, esta tarde concluiremos nuestros ritos y nuestro Hach quedará completo. ¡Rogamos a Allah que nos lo acepte y nos bendiga! Sólo nos falta visitar una vez más los yamarat*? o lugares que representan a los shaytanes. Y mañana saldremos hacia

Medina al-Munawara, la Ciudad de la Luz.

Imán y yo estamos ayunando porque cuando hicimos nuestra Umra a la llegada, nos olvidamos de hacer dos rakat*? después de dar las vueltas

en el tauwaf%. Nos han recomendado compensar ese fallo con 10 días de ayuno, 3 aquí y los 7 restantes en nuestras casas en España.

Verdaderamente cada día ha tenido una emoción diferente. La pri- mera entrada en la Mezquita Sagrada, la primera visión de la Kaaba re- sultó sumamente conmovedora. Mi mirada quedó fascinada, prendida en aquel cubo y los ojos se llenaban de lágrimas mientras hacía duat*? sin parar por cuanto me parecia más importante hasta lo menos im- portante en orden decreciente, tratando de no olvidar a ninguna per- sona cercana a o relacionada conmigo de alguna manera hasta in- cluir a cuantos estaban realizando la peregrinación al mismo tiempo que nosotras y terminando con todos los musulmanes del mundo.

26. Se denomina así a uno de los cinco pila- res del islam, la Peregrinación Mayor, que ha de realizarse una vez en la vida si se tienen

medios para ello.

27. Uno de los meses del calendario lunar ¡s- lámico, durante el cual se realiza la Peregrina- ción Mayor.

28. Los Yamarat son tres monolitos de piedra situados en Mina, en los alrededores de Meca, y que son apedreados durante la Peregrina- ción, simbolizando la lapidación del Diablo.

29. Se denominan rakat a los movimientos que se realizan durante la oración ritual. Se componen de varias posiciones, que van desde la postura erguida hasta la prosternación, pa- sando por la inclinación y la posición sentada.

30. Girar alrededor de la Ka'ba. Circunvalar. Es parte esencial del rito de la Peregrinación mayor (hach) y menor (umra).

31. Pl. de dua. Invocaciones, llamamientos a Dios, peticiones. Es la forma más directa de adoración.

32. Peregrinación menor. A diferencia de la peregrinación mayor (ver hayy), que sólo es posible durante el doceavo mes del calenda- rio lunar islámico, la 'umra se puede llevar a cabo en cualquier momento del año, aunque es muy habitual en el noveno mes (en ra- madán). MONTURIOL, Yaratullah. Términos- clave del islam. CDPI. Junta islámica. Almo- dóvar del Río. 2006.

33. Se trata de una parte de los ritos de pe- regrinación que consiste en recorrer deprisa siete veces la distancia entre dos montañas, Safa y Marwa, que están cerca de la Kaaba, en conmemoración de la petición de Agar por su hijo Ismail.

34, El estado de ¡hram es aquel que ad- quiere el peregrino para realizar su peregri- nación. Consiste en poner la intención, hacer una ablución y vestirse con las pren- das propias del rito.

Nayua no se encontraba bien, ya se resentía del hígado al salir de Gra- nada y el viaje acabó por vencerla. Tuvo que guardar reposo un par de días. Así, fuimos tres las que hicimos Umra*? el mismo día de nuestra lle- gada, durante la noche. Formamos un bloque compacto y conseguimos pe- netrar enseguida entre la gente y tocar la piedra gris de la Kaaba. No pu- dimos, sin embargo, alcanzar la piedra negra; puesto que es una piedra que ni beneficia ni perjudica no nos importó demasiado, aunque nos hubiera gustado, desde luego. Esperamos poderlo hacer más tarde, cuando la ma- yoría de los peregrinos hayan regresado a sus lugares de origen.

Aquel primer tauwaf fue muy purificador, lloré, sudé, pedí misericor- dia y perdón, solicité ayuda y favor sin cesar hasta sentir que no podía ya pedir nada más. En la última vuelta intentamos hacer dos rakat en la estación de Ibrahim, donde vimos las huellas de sus pies, el gentío nos lo impidió y nos fuimos a beber el agua de Zamzam y después a hacer saí??. No nos dimos cuenta de que teníamos que hacer dos rakats aunque fuera en otro sitio, detrás de la estación de Ibrahim y no cum- plimos con esta parte del rito, por lo que estamos ahora ayunando. Ja- dicha no salió de su estado de Ihram**, no se cortó el pelo y siguió con la intención de repetir la Umra con Nayua cuando se encontrara bien.

El tauwaf resulta muy gratificante, tal vez sea la gran proximidad a la Kaaba además del movimiento de rotación que —tras el impulso inicial parece continuar por pura inercia. Por estas y otras razones que Alláh sabe, el tauwaf, las siete vueltas en torno a la Kaaba transcurren con facilidad y dejan el ánimo lleno de alegría y humildad, fuerza y contentamiento.

En contraposición el saí exige un esfuerzo sostenido largo rato, pro- duce fatiga, se resiente uno de la caminata tan prolongada, se vive parte de la dureza que debió experimentar aquella madre desesperada que buscaba agua para su hijo. Al final, el corazón templado y sereno y el cuerpo agotado empujan a buscar descanso.

Bismillahi ar-rahmani ar-rahim La primera vez todo fue muy vivido, con las emociones a flor de piel.

El día siguiente lo dedicamos al descanso en casa de Maimuna y Abdel Samad. Charlamos con ellos, con Mariam S. y Habiba que tam- bién se encontraba allí, y con sus hijos, en particular con Adiba que es una niña lista y encantadora.

Nos encontramos en Medina, la luminosa; efectivamente lo es en grado sumo. Deslumbrante. Nos han hospedado en un hotel de tercera que tiene el pretencioso nombre de “Palacio Blanco”, por fortuna, está muy cerca de la mezquita del Profeta Muhámmad, Alláh le bendiga y le paz, y podemos acercarnos en un par de minutos para saludarle, paz y bendiciones sobre él. Están haciendo una obra de ampliación in- gente, hay andamios, zonas acotadas, escaleras de madera provisio- nales. A pesar de ello todo está limpio y hay partes cubiertas de al- fombras. Ya más adentro todo está cubierto de alfombras, al menos la parte más reciente, con columnas blancas pintadas y capiteles de bronce dorado. Por fin la zona más antigua, de color rojo obscuro, con base dorada en las columnas y unas preciosas lámparas de cristal es- merilado y adornos azules.

'Rasulullah' está escrito en muchos sitios. En lugar de arcos corridos hay pequeñas bóvedas cerradas sobre cada cuatro columnas con una de- coración un tanto bizantina, floral, con colores azules, verdes y terrosos. Desde fuera puede verse un pequeño minarete verde, coronado por una luna creciente dorada, que corresponde a esta parte de la mezquita más primitiva. A la entrada está la tumba del Mensajero (paz y bendiciones) detrás de una celosía metálica pintada de verde y dorado. En su interior apenas se distingue nada más que un paño con inscripciones del Corán.

Un pequeño libro-guía que tenemos hace hincapié en que el mayor fallo que uno puede cometer es el de shirk?” y que todas las plegarias han de ir dirigidas a Allah, poderoso, perdonador, Señor de todos los mundos. ¡Él nos proteja de asociarLe con nada que no sea Él!

A pesar de su tamaño, la mezquita del Profeta, la paz y las bendi- ciones sean sobre él, resulta íntima, familiar y acogedora. Hubimos de esperar al turno de las mujeres —de 6 a 10 de la mañana— para entrar en el recinto que rodea su tumba y saludar con todas las demás muje- res. ¡Assalamu aleikum, ya rahmatullah! Ha sido un encuentro dulce aunque el hecho de tener el periodo y un resfriado tremendo ha entu- mecido mi sensibilidad de forma considerable.

He dicho a Alláh que testifico que Muhámmad, la paz y las bendicio- nes sean sobre él, ha cumplido con su misión de transmitir el mensaje con claridad, de tal modo que ha llegado hasta nosotros, que lo asumi- mos y Le he pedido que nos ayude a ponerlo en práctica y nos reúna a todos en el Jardín.

35. Asociación o idolatría. Creer en supers- ticiones, mitos, dioses o ídolos mediadores; poner la confianza en cosas que no son Al- láh (p. ej. El dinero). [...] Shirk es dispersar la atención del Uno-Unico (ahad-wáhid) por un mundo repleto de dioses, miedos y espe- ranzas infundadas, condenándose al vacío frustrante de tomar algo por real, cuando al carecer de esencia no puede satisfacer al ser humano. Una traducción posible para el acto de hacer shirk es "profanar lo sa- grado”. MONTURIOL, Yaratullah. Términos- clave del islam. CDPI. Junta islámica. Almo- dóvar del Río. 2006.

36. Son las denominadas "suras de protec- ción”, suras cortas que aparecen al final del texto coránico.

37. Las alabanzas pertenecen a Alláh.

100 UNA MUSULMANA E N

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También he pedido al Profeta (paz y bendiciones) que interceda por nosotros y así como él formó su primera comunidad en esta ciudad, nos ayude a los musulmanes españoles a establecer el islam en nues- tras respectivas zonas de influencia. Durante todo el viaje, sin cesar he hecho duat para que Alláh nos facilite el establecimiento de las cinco oraciones y la llamada a la oración ¡El quiera que sea pronto! El quiera que nuestra creencia sea cada vez más firme, nuestra fe más perfecta y nuestro corazón cada vez más puro y libre de malas influencias. A diario recito el sura "A/ Falaq” y el sura "An Nas” para cobijarme en

Alláh y anular cualquier insinuación indeseable”.

Me acuerdo mucho de mis hijos y de Mansur, pido constantemente que Allah nos permita vivir y morir en el islam y que Mansur perma- nezca siempre en el camino recto y tenga luces para guiarnos a todos cuantos dependemos de él. Siguen más duat para toda la familia, los musulmanes de Salobreña, de Granada, de España, cuantos hemos coincidido en este Hach y por los musulmanes en general.

El viaje, a pesar de las facilidades proporcionadas por la organización Al Rabitah, que cuenta con un equipo de jóvenes que parecen "boy scouts” que van disponiendo todo para que resulte cómodo dentro de lo posible, fue pesado; el autobús avanzaba por aquella carretera en mitad del desierto de color gris sucio, de aspecto inquietante e inhós- pito, como si fuera un camello velocísimo, a juzgar por los brincos que daba. El calor y el sueño acumulado lo hicieron un tanto penoso, pero merece la pena haber andado esta jornada.

Mis compañeras de viaje son un regalo estupendo; me siento a gusto con ellas y su humor es, a veces, como gotas de agua fresca sobre la aridez del desierto. De tarde en tarde aparece Hashim, siempre con buena energía, diciendo Alhamdulillah?”?, contribuyendo a su modo al buen funcionamiento del grupo, mientras está, ya que en términos ge- nerales permanece al margen. El ha hecho su viaje de otro modo, por su cuenta, lo que es lógico, no iba él a asimilarse a nosotras cuatro, que constituimos las cuatro esquinitas que Allah ha dispuesto en esta ocasión para formar un espacio especial, un recinto privilegiado para re- cordarLe y adorarLe. Quiera El sellar nuestra hermandad con sus ben- diciones y protegernos del envidioso cuando envidia y de cualquier ve- leidad que pudiera distraernos de Su presencia.

ALDEA GLOBAL

Bismillahi ar-rahmani ar-rahim

La peregrinación es como un paseo por el Infierno y por el Paraíso. Un resumen intensificado de la vida misma. Una representación gran- diosa del Ultimo Día.

Se encuentra uno a solas con su Señor, desconectado del contexto habitual, descolgado de sus parámetros ordinarios, situación que con- vierte cada gesto en simple, escueto y altamente significativo.

Y desde el principio hasta el final queda subrayada la importancia de la intención y la necesidad de explicitarla en el corazón de cada cual y de renovarla con frecuencia, al vaivén de los acontecimientos.

Alláhu Karim, Alláh es el Generoso dador de bienes y Él nos ha invi- tado a Su Casa, nos ha cobijado en ella y nos ha permitido hacer la oración a pocos pasos de la Kaaba y embriagar nuestro corazón con la recitación, con la brisa y el perfume del anochecer, con el murmullo de miles y miles de musulmanes postrándose a la vez, ha anegado nues- tros ojos con el dulce frescor de la oración.

¡Sólo a Allah pertenece la victoria! Sin embargo, cuando se concluye con los ritos, cuando se han superado las dificultades y se acude a la Casa por última vez para una despedida cortés, se tiene una sensación de éxito, de haber salido victorioso de una empresa ardua. Soy cons- ciente de que me incluyo entre la gente que Alláh ha colmado de faci- lidades y, por tanto, tengo menos razones para estar ufana por mi ha- zaña. Aún así mi estado de ánimo exaltado dura y pido a Alláh que me permita hacer partícipes de mi fuerza y alegría a cuantos me rodean en estos días de reencuentro.

Externamente, el Hach es una tarea concreta a realizar, una serie de obligaciones que se han de llevar a cabo poco a poco, comenzando por la intención, la purificación y la entrada en un estado especial. Es un verdadero prodigio que entre dos millones de seres humanos aguan- tando condiciones físicas extremas no haya una palabra más alta que otra, ni una discusión ni una pelea y, si acaso parece gestarse, cuantos se encuentran presentes se esfuerzan por acallarla y aplacar los áni- mos. Esta es la primera de las maravillas que nos aguardan.

Una vez en estado de ¡hram hay que permanecer un día en Mina, haciendo allí las cinco oraciones, desde Duhr?? hasta Subh*? del día si-

SELECCIÓN D E TEXTOS UNA MUSULMANA

38. Oración de mediodía.

39. Oración del alba.

GLOBAL 101

guiente. Los que no tienen casa ni tienda ni rincón en la mezquita, se instalan en la calle, soportando el calor de castigo, el hacinamiento y las penalidades con una fe capaz de conmover corazones mucho más en- durecidos que los nuestros. Y ésta es la segunda de las maravillas que nos esperan.

Al amanecer de la segunda jornada hay que trasladarse a Arafat y 3.18 CARTA A A RAHIMA GONZÁLEZ pasar allí el día haciendo oraciones de viaje puesto que ese es el Gran Viaje. Refieren que en esa planicie se encontraron Adán y Eva tras Salobreña, junio 1990.

haber errado durante doscientos años, una vez que fueron expulsados del Paraíso. Y allí nos sumergimos en un estado de profundo recogi- miento, de silencio y paciente espera. Haciendo, en realidad, acopio de energía para aguantar la verdadera prueba de resistencia que aún es- taba por venir: Muzdalifa. Tras la puesta del sol hay que trasladarse a

ese valle estrecho y candente y rezar allí las oraciones de Magrib*? e

Isha*?. Instalarse en cualquier lugar disponible —todos son expuestos, Bismillahi ar rahmani ar rahim ardientes y sólo dejan transcurrir el tiempo lentamente y resistir hasta la madrugada. ue la paz de Allah y Sus bendiciones te acompañen, querida Ra- AAA EV NA ai La Esta parte de la travesía del desierto resulta penosa a causa de la qna BL pende bo a Als y á acumulación de cansancio, calor y sueño. Y al agobio que produce el Es como la historia de Cenicienta pero al revés. Cuando a la media- E A A, y sdisal movimiento simultáneo de tanta gente, que hace difícil el más mínimo noche se retiran todos comienza mi encantamiento. Sólo se escucha el een o o desplazamiento. quejido del viento. Enciendo una barra de incienso y tomo una taza de 1, A Ir as, 5 AS ego, Ñ a modo de acompañamiento. Y me aplico a escribir que es en estos nl O eras cs he 40. Oración del crepúsculo. tiempos una atracción poderosa, ineludible a la que me entrego mejor Y y en La ASS ro e Saba (Transcripción del texto escrito a mano por Sabora Uribe, realizada en el Ra- que al sueño. En términos absolutos la oración seria lo único digno en dl o 4 Ela. o 41. Oración de la noche. madán de 2010 por Latifa Escudero Uribe. Fecha del Hach: Junio de 1991.) estos momentos, más, habiendo cumplido con mi compromiso, la ora- “bx cos endo o fa ción puede adoptar tantos motivos, tantos modos y pensamientos; cual- e po OS a. le? und a ml quiera de ellos sirve si es Él Quien guía la mano y sirve de inspiración. Tha pea e Hoy ha sido un día tan lleno de cosas buenas: una charla temprano, IR Ani iy qe " un trabajo silencioso después, un acierto en la mesa, el mensaje del e. Ela e musa s.m ES Dalai Lama, tan hermoso y positivo, lleno de compasión hacia toda la ne pap led came AN Creación. Él dice quisiera ser un simple monje pero no puede eludir su O O As nt ell cla obligación. Tiene que disertar continuamente y figurar como jefe de su dor hada A E hi país, enseñar sus conocimientos y dar ejemplo. ¡Que Alláh le ayude, haa EE dfuenzos ema lin 0 ph or " nos ayude, a estar en Su presencia en todo momento! pu eMe il ar, ne ola

: La y Fla Ma die la a ll de rl de o |

Dice Latifa que está empezando a perder la inocencia socio-política: "Nos están presentando a los budistas como si fueran unos héroes. También los musulmanes decimos que buscamos el perfeccionamiento de nosotros mis-

)

102 UNA MUSULMANA EN LA ALDEA GLOBAL SELECCIÓN DE TEXTOS UNA MUSULMANA EN LA ALDEA GLOBAL 103

TENE AE mos a través de la oración y la práctica de la generosidad y la compasión, son unos sinvergúenzas, lo que les coloca moralmente por debajo de e peeras o meo domi la, Ñ A pero no dicen nada de los musulmanes. Nos tienen abandonados”. aquellos, pero su totalitarismo, la exhibición que hacen del catalogo de e eu eel fl tad, santos y martires y sus negras galas son intragables para mi. de e Apo: Ea” pur Yo le contesto: "Abandonados no. Se acuerdan de nosotros para pre- 4d sie A y e Puga Dal os sentarnos como indeseables. No puedo concebir la creencia como algo coercitivo sino simultáne- edit la ca att: LN amente como una bendición que va tomando posesión del corazón con dro ais la o e! Latifa: “¡Pues vaya!”. dulzura —en este aspecto somos agentes pasivos— y como un camino eb nai lle le prlde de 1 de conocimiento que emprendemos voluntariamente —aquí nos com- ¿ak peso de. “eto abresedrand A veces pienso que estamos otra vez a comienzos del siglo XVI. Re- portamos como agentes activos—. e, A lla de pur» y or] almente pueden conmemorar el VO Centenario de haber conservado el ap mi E Ea caer estado moderno” creado por los Reyes Católicos: los moros desterra- | Empezamos vislumbrando algo, por la gracia de Allah, y asumimos los EE Si A pt dos y los cristianos viejos orgullosos de su rancia estirpe, seguros de su cinco pilares, piedra angular sobre la que se cimentará el resto —si es que era ed de Lo tl mentalidad pacata e intransigente, convencidos de que sólo su religión lega— pues, a partir de este punto, islam aparece como una ciencia de

creciente complejidad en la que uno se va introduciendo en la medida en que le es posible, haciendo hincapié en facetas determinadas, siguiendo

Lun y el a $ Ad ade es verdadera y si no se ha de creer en ella, mejor es no creer. Hay una

salvedad, ahora a los judíos no se les expulsa, se les recibe como a

hijos pródigos, lo cual está bien, pero ello se debe a que ahora tienen poder, mucho poder y no les queda más remedio que negociar con ellos. En cambio los musulmanes son el Tercer Mundo y, ya se sabe, siempre ha habido clases ¡Faltaría más! Estos cristianos viejos son mucho más fanáticos que los llamados fundamentalistas islámicos y, desde luego, es notoria su incapacidad de comprensión de la lógica: nosotros deci- mos que no hay más que un Dios. Ellos dicen que hay un solo Dios ver- dadero, luego, unos y otros servimos al mismo Dios.

No hay nada que hacer. Aunque el razonamiento sea impecable, in- sisten en negar la conclusión y el hueco que ésta deja, el vacío subsi- guiente a su renuncio, lo llenan de rencor y odio. Este no es nuestro ca- mino de ningún modo.

Asumo mi islam sin complejos, como recordaba aquella bondadosa hermana en "Tiempo de creer”, sin embargo, no siempre me encuen- tro centrada, no en todo momento consigo incorporar, asimilar sus en- señanzas y convertirlas en mi propia naturaleza, procesarlas como in- formación en mi ADN, que diría Mansur. En particular, esta imagen que se pretende dar de los musulmanes españoles en la TV —un programa hecho por los propios musulmanes, no lo olvidemos— me provoca in- defectiblemente una triste desazón, me hace imposible reconocerme y me hace sentir impermeable a su mensaje.

Necesito situarme en otra plataforma, en otro contexto: me provo- can tanto rechazo los iraníes de Jomeini como la jet set de Marbella, tanto si es árabe como si no. Por supuesto que quienes la componen

una línea, ahora aquí, ahora allá, sin olvidar nunca la recomendación del Profeta, la paz sea con él, de buscar el conocimiento sin desmayo.

A pesar de mis empeños por moverme en el entramado de sutilezas que componen esa ciencia, muchas veces me encuentro desorientada y me ocurre como con lo último de la física, tan fascinante, algunos de cuyos términos puedo reconocer, así como a alguno de sus autores, sin llegar nunca a dominar ese etéreo universo de materia, energía y trans- formaciones en el que lo que es y lo que no es parecen coincidir.

A menudo tengo la sensación de que el común de la gente, o sea yo, no puedo afinar tanto. Pero como he de seguir viviendo, tendré que se- guir intentándolo, quiero decir que mi voluntad está lista, aunque ape- nas avanza a paso de tortuga, mi esperanza es que la bendición se mueva en mi interior a la velocidad de la luz y le salga al encuentro a la voluntad.

Como el espacio y el tiempo está probado que son relativos, y son barreras que se pueden saltar izas! ahí me tienes, ese peso leve y cá- lido sobre tu hombro derecho soy yo.

Sabora

PD. Todo esto ha surgido porque quería felicitarte por tu nueva hija, tam- bién por el Id al Fitrah, y creo que ya puedo hacerlo por el Id al Adha, puesto que está tan cerca. Que Allah os bendiga a todos. Abrazos.

3.19, HISTORIA 3.20. OFICINA DE ESCRITORES

(Sin fecha, texto inédito) (abril de 1990. Inédito) lec es un verdadero maestro de pensamiento riguroso, traba- ¡Señor! Te pido que nos asistas jador infatigable, tan conocedor del alma humana, tan familiarizado Que nos dejes de Tu mano. con sus debilidades que, bajo su apariencia disciplinada, fluye un pro- fundo reguero de compasión. Capaz de diseñar un programa de apren- No permitas que olvidemos nunca dizaje a largo plazo, de enseñar de modo sistemático un cuerpo de ma- o o terias hasta constituir un curso de formación completísimo. Y, sobre nuestro auténtico proposito

todo, con una extrema habilidad, un don diría mejor, para forjar un vín- culo, para marcar a fuego el corazón de sus discípulos, para llevar a cabo una transmisión de los valores que hacen de él un extraordinario y salirTe al encuentro médico y filósofo: generosidad, entrega y cabal comprensión.

que es el glorificarTe

a través del descubrimiento de nosotros mismos.

Fuerte, poderoso y brillante, su personalidad arrebata. A menudo se me presenta como lo veía en aquel despacho, sentado de perfil, con un aura luminosa en torno a su cabeza, silencioso, concentrado. Riquísimos silencios que eran como música. Encuentros en la novena dimensión.

Y haz que sepamos sacar partido

de las muchas cualidades

Nunca he vuelto a tener encuentros de esa naturaleza. Es mi maestro, con las que nos has agraciado. moldeó mi alma y mi intelecto, me pulió y refinó. Pienso ahora que nos o dio mucho y quizás no siempre supimos agradecérselo. Con seguridad, Que lleguemos a multiplicar no necesita de nuestro agradecimiento, se ha acostumbrado a los des- el caudal que has depositado aquí, 45. Se refiere a Carlos Castilla del Pino. plantes, esta desapegado de esa recompensa o pago por sus lecciones, (ver nota 5.) pero se lo merece. con inteligencia y bondad.

¡Señor! Me siento llena de temor y esperanza.

que todo es posible, todo está en Tu mano.

106 UNA MUSULMANA E N LA ALDEA GLOBAL SELECCIÓN D E TEXTOS UNA MUSULMANA E N LA ALDEA GLOBAL 107

Sin embargo, tengo miedo de que nuestro excesivo deseo nos ofusque o de que demasiada fantasía nos aleje.

Temo también que nuestro punto de marginación nos impida conectar con la sociedad; temo nuestra falta de disciplina, las propias dudas. ¡Señor! Necesito toda Tu ayuda,

necesito encontrar una actividad

que me llene,

que me ponga en paz conmigo misma,

que me proporcione una identidad

menos contradictoria que la que poseo

y además ayude a mi sustento.

¡Señor! Concédenos este bien.

Haz que sirva para unirnos más

en torno a Ti. Que sirva para consolidarnos, para configurar más nítidamente nuestro islam, para una mayor felicidad.

Haz que tengamos buenas ideas

y sepamos concretarlas. Amén.

ALDEA GLOBAL

(comienzos de los 90's, texto inédito)

Voy a contarte una historia

en clave de do mayor

¡qué desatino, qué desvarío!

Así de loco es el amor.

Una mañana temprano

la niña sentada en un banco,

las manos llenas de rosas,

entona su primer canto:

“Rosas, rosas, dueñas del jardín, ¿quién me querría un poquitín?. Quiero ¡ay! quiero, dejarme seducir, nadie se atreve a tanto trajín. Tengo treinta y tres cuentas de cristal ni una menos ni una más,

para engarzarlas y hacer con ellas,

0) m r m O O l= O z Ú m - m > - O U

3.21. CUARTETO

un bonito collar. Todos esos años

nuestro amor podrá durar

que es como decir toda la eternidad.

¿Dónde te he de encontrar? Y si no existes —no importa— yo te he de imaginar,

un amor recreado

¿quién dirá que no es real?” Comienza a deshojar las flores, ¡oh quebranto!

aspirando los olores

ansiando sinsabores. Ensimismada queda

prendida en sus amores, desde la almena ve

la llanura mágica

que la escolta por la izquierda; la Creación generosa

se presenta igual y renovada con sus vívidos colores

con los más logrados matices para que puedan disfrutar cuantos quieran mirar.

¡Algo blanco en su banco!

Se detiene para empapar la vista en el húmedo horizonte.

Mira de nuevo, allí está

¡Algo blanco en su banco!

Se acerca con elegancia,

paso corto, gesto frio sabiéndose llevada

por la onda del destino.

Intenta contener el ritmo

formando media equis a sus pies, del pulso que ha enloquecido.

cuando sus ojos tocan el vértice La mano le quema al apretar

todo es. aquel papel brillante,

Unos pétalos de colores en un pañuelo aprecia la tensión, alarga el instante,

el reclamo para su dueño. el sol la escolta ahora por la derecha,

Mientras sube la cuesta se mueve un poco

observa de refilón al sol hasta que la aborda de frente como una flecha.

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3.22. SONETO

(28 de abril de 1993, texto inédito)

El alma sobre la palma de la mano llevaba en Salamanca piedra y cristal paseando sobre su puente romano vasta la esperanza, confianza total. En el oscuro limo castellano

a la búsqueda de Eso existencial ¡Ay!, montes de Francia ¿dónde el milano se alza con finas alas de metal?

Por las heredades y el frío llano

un sobrecogimiento, onda mortal, ¡Agua, déjame invadir tu seno! ¡Arrópame con tu manto espiritual! ¡Concédeme amor divino y humano! ¡Aúname con la vida general!

De montaña un sendero todo incierto

sin apenas desbrozar los matorrales

ALDEA GLOBAL

agua fresca en los dulces manantiales y largas jornadas a cielo abierto. Cascadas de luz sobre luz

luz propia de cada ser

el foco de la conciencia

sobrepuesta como saltos

de agua cristalina

impregnando la vivencia

despertando de su estado de latencia, vida, ser, rayo, palabra.

Verde, brillante follaje,

halago de los sentidos,

pinos y robles unidos

en perfecto maridaje.

Los montes que nos rodean

miran al sur orgullosos

cálidos mares sedosos

donde marinos otean

horizontes sin fronteras.

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3.23. SOBRE EL PADRE

(En algún momento del año 98, texto inédito)

y

| tendría hoy noventa años, yo entonces tenía nueve, pero apenas

hay diferencia en el sentimiento. Sumergida en la tristeza. Un día gris de febrero. Frío y gris, como si hubiera terminado la guerra en ese momento y no produjera alegría sino desolación. Abrigos pesados, de paño grueso. Desde el tercer piso la calle parecia más estrecha y larga. El ataud dirigiéndose hacia su salida en hombros de los hombres. Frío y ardor. Quemazón. Igual que un incendio o una fuerte tormenta. El fin y el principio. "Nunca le volveréis a ver”. Mi madre descompuesta y no- sotras repartidas por el vecindario. Una tristeza invasiva, entonces quedó señalado el antes y el después. Una vivencia que te prende y izas! una retrospectiva de aquel ataúd con el cuerpo muerto de mi padre dentro de la calle angosta y el mareo y la lejanía de contemplarlo desde el tercero, acostumbrada a verlo desde el segundo.

Jorge Oteiza y el desenvolvimiento de la Kaaba y mi muerte interior en aquel día de invierno irreal. Era año bisiesto. Al año siguiente no había fecha para conmemorar el aniversario. Y a me parecía harto signifi- cativo. Siendo un ser tan especial, su muerte también habría de serlo, aunque permaneció durante años entre nosotras, al fondo y a la derecha del pasillo, morando en la habitación en la que falleció —que evitába- mos— y por cuya puerta pasábamos deprisa, deprisa; con el corazón alerta oteando la muerte quedaba el silencio que es hermoso y las lec- turas que nos sacaban de allí en volandas, con la imaginación poderosa.

UMNIAOAEMUSÓINM DNA TEENX TAO SALDEA GLOBAL

Nueve años y ya creía haber vivido una vida. Y ser una vieja, mucho más vieja que mi madre. Y saberlo todo, como si hubiera aprendido aquel día, contemplando a mi padre enfermo, yendo y viniendo a su ser, perdiendo y recobrando la conciencia, el misterio de la vida y la muerte. Y esa percepción me dio el valor para afrontar la mirada de los demás sin quebrarme, a veces un poco altanera, en la distancia de la tristeza, de sabor a salitre y color humo. La misma emoción se me des- pertaba cuando escuchaba a la coral Santa Cecilia cantando la Cantata de Bach en la esquina de la calle. Había una entidad bancaria con es- caleras a su entrada y allí se disponían los cantores y se me ponían los pelos de punta cuando decían "no tienen corazón...” alargando la nota en "nooo”. Don Ricardo dirigía con pasión, sudaba y agitaba, elevando el volumen. Y el canto me devolvía la dulce y sabia tristeza y me hacía sentir que estaba hecha de agua por dentro, hecha de mineral inodoro, incoloro, insípido, redondo, perfecto y puro.

Pero cuando pasaron unos años aprendí que carecía de ley, no sabía de política, no entendía bien las convenciones sociales, no tenía sensibi- lidad para enjuiciar las conductas: contemplaba los movimiento huma- nos a mi alrededor como una fábula literaria. Miraba impertérrita. Decían las monjas que parecía una esfinge. Esta anegada por la tristeza, lúcida, penetrante, hecha de tensión sostenida, de melisma en do menor.

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3.24. APUNTE

(sin fecha, texto inédito)

WN ecestas estar solo, reconocía el leve temblor en las piernas, la respiración agitada, sabía que muy pronto su irritación subiría un punto más y acabaría rompiendo algo o cometiendo otra torpeza inútil. Cuando aquella vibración vigorosa ascendía por su cuerpo, el desaso- siego le iba llenando y rugía en espirales en su interior, empujándole a aislarse, a refugiarse en la soledad como si fuera un hombre dispuesto a metamorfosearse en lobo bajo el influjo de la luna. Necesitaba estar solo iSi por lo menos fuera poeta y supiera transmitir cuanto recogía, arrojándolo lejos, librándose de esa sustancia inquietante culebreando debajo de la piel, en el estómago y en las mismas entrañas del cora- zón! ¡Si, hábil arquero, supiera transformar esa dolorosa tensión en una fuerza controlada y lanzar un dardo que diera en el blanco de la Sabi- duría! Anhelaba cosas tan grandes, todas escritas con mayúscula y, sin embargo, no sabía hacer nada más que retirarse presintiendo que ter- minaría lamiéndose las llagas como un animal herido.

Cada vez que le asaltaba tal estado imaginaba que en esa ocasión algo ocurriría, que algo se resolvería por fin. Acariciaba la esperanza de poder manejar tanta energía, o al menos, de comprender... quizás ambas cosas fueran lo mismo..., en cualquier caso, pasaba, el momento pasaba dejandole exhausto, frustrado, con la certeza de que lo que fuera —algo imponente— había pasado muy cerca y se le había esca- pado de nuevo. Entonces, si las circunstancias lo permitían y contaba con lápiz y papel, empezaba a garabatear sin ningún plan determinado, dejando que la mano resbalara para que toda la fuerza se diluyera y la crispación le abandonara en clave de morse ...---... punto raya punto raya punto raya, un S.0.S disimulado lanzado al espacio y, tras ese ri- tual, la laxitud, el cansancio, e incluso cierta paz vacía le consolaban.

116 UNA MUSULMANA E N LA ALDEA GLOBAL

3.25. TEXTO SUELTO

(mayo 1990, texto inédito)

Bismillahi ar rahmani ar rahim

e pronto me quedé parada; aquel suceso crucial y cuantos le suce-

dieron aparecieron en mi conciencia enfocados desde una nueva perspectiva. Hasta ese momento había creído que ella había sido una pobre víctima, que había sucumbido al desorden de valores que impe- raba, que no había podido integrar en un modo de actuación coherente tanta tendencia contradictoria, y había terminado dejándose llevar por quienes tenían más seguridad en mismos y una forma más convin- cente de expresar sus ideas ¡Qué ingenuidad la mia! Ahora veía con cla- ridad cómo lo había planificado todo y arrastrado a su marido a un acuerdo tácito: era un recurso drástico, desde luego, y no exento de dolor, pero era incapaz de ver otra alternativa: "Sácame de aquí o me pierdes”. La amenaza estaba explícita y el sacrificio ritual se consumó, de manera que su marido la redimió y se la llevó lejos, a su isla desierta. Y sólo así, ante tamaño imperativo, pudo hacerlo sin traicionarse a mismo, reco-nociendo ahí uno de los límites que no podía traspasar.

Durante unos años vivieron tranquilos, concentrados, replegados sobre mismos, pero cuando su natural les empujó hacia afuera, ella presintió el peligro, el temor la confundió y sintió grandes sombras os- curas que la amenazaban y la metían en un agujero negro de contor- nos imprecisos que la angustiaban y paralizaban, sumiéndola en graves crisis durante las cuales germinó el rencor en un rinconcito oscuro de su corazón. Aquel agujero negro le parecía una de esas habitaciones sin referencias sensoriales que se describen en algunas novelas: la policía especial las utilizaba para desorientar a los supuestos elementos infil- trados. Se les introducía en habitaciones insonorizadas, sin ángulos,

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con una iluminación sin sombras, se les dejaba dormir y se les des- pertaba bruscamente al poco tiempo, hasta que su conciencia de la realidad se desmoronaba y, sin saber si estaban en posición vertical u horizontal, soñando o en vigilia, el pánico les dominaba y pedían a gri- tos salir de allí.

Ella también conocía la angustia, pero la voz no le salía y permanecía muda, quieta, soportando rígida la tensión, hasta que al cabo de unos días, el agotamiento la ponía en una cura de sueño espontánea de la que salía recuperada y siempre con la misma decisión: Dedicarse a lo suyo, olvidar cualquier veleidad de pertenencia a un grupo, evitar por cualquier medio verse implicada en un torbellino de deseos e intenciones.

3.26. OTRO TEXTO SUELTO

(posiblemente cerca del año 93, texto inédito)

Tos mi cabeza bulle sin cesar, como redoma en un laboratorio se re- activa y reactiva, mi ilusión es componer un soneto perfecto, pre- cioso, un susurro amoroso, lo que veo ante es un túnel oscuro, una mina abandonada que guarda una veta desconocida, inexistente tal vez, que exige improbos esfuerzos, sólo para resolver un poco se pre- cisan dosis inusitadas de energía, quizás el filón sea toda esa oscuridad, pero yo busco un habla clara y precisa que me rehdye; el claroscuro juega dejando caer aquí y allá “alcuza”, “cántico”, “floresta”. Y me viene a la memoria R.M., Rilke, sus Cartas a un joven poeta, sus consejos, su ternura, la firme comprensión, el ineludible deber de ser de algún modo mientras se vive.

Siento que Dios ha puesto algo en mí, es una certeza acerca de lo bello y lo grande que pasa por las palabras, por algo enseñó a Adán el nombre de las cosas y este poder hizo al hombre superior a los ánge- les, le dio alas para volar hasta la gloria y tremolar en la proximidad del Trono. Ahora sólo resta la labor indómita, callada, persistente. ¡Qué hermosos los días que se exponen al aire limpio, qué transparencia! Van sin querer asociados al deslizarse de las liras garcilasianas, tan transparentes, tan nítidas que creen no acariciar el follaje y percibir el sonido rumoroso del entrechocar de las hojas; se queda uno en sus- penso como ante la fotografía de Néstor Almendros, ese fotógrafo del dorado de los sueños auténticos, esos que no son raros sino abruma- dores de tan nítidos y precisos.

3.27. SOBRE EL TÉRMINO Y CONCEPTO DE YINN

(de fecha incierta, texto inédito)

Echaba de menos a mi hija, por eso hoy he hecho una escapada hasta Salamanca, allí nos hemos encontrado, el aire frío me hacía llo- rar y las lágrimas se perdían entre las aguas del Tormes, lentas, den- sas, melancólicas ¡Qué hermoso encuentro!

ara captar el sentido del término, tal y como se usa en el Corán, hemos de alejar nuestra mente del significado que se le ha dado en

AE A E E da: “ba, el folclore de Arabia, en el que, desde muy pronto, vino a indicar todo tipo O pr O cnn o E de “demonios” en el sentido más popular de esta palabra. Esta imagen y to A e al WA folclórica, de algún modo ha oscurecido la connotación original del tér- e A pad Le o mino y su tan significativa derivación verbal, casi autoexplicativa y clari- A para la Navidad. ¿Que sera el extasis? Mi eleccion es el camino solita- ficad El b ] VAM-MA_ “El 0] d ato obama d NETA A pa A A mr rio, austero, mejor quitar que poner algunas sustancias; es aparente- nio Eon e ES rs a 56. y oa a A a br ts E lis E no. E , , E : aa ns A a A mente árido, es como la mina agotada, pero sólo es el pasadizo de en- RUnES CA o e De A trada, hay otros mundos sin explorar, infinitos rincones ignotos, labe- Cuando la noche le sobrecogió con sus oscuridades” (Yamma alayhi). o A a rínticos. Mejor acudir alerta, dispuesta..., busco el éxtasis de la lucidez. Puesto que csverbo seus tambiéade moco mensa pe rt o e a A Tal vez se me conceda el don de un poema o siquiera de un solo verso. A A q A E e / OS o estaba oculto o se ocultaba”, “negro”, "cubierto de oscuridad”) todos pas a At ¿e Bueno, esto ya lo dije la otra vez, ahora hay que hacerlo, no es su- los filólogos clásicos señalan que A/-Yinn significa "Intensa o confusa sr a O O 6 . a . ] 17 A z : Ú , AR ES y e pal ad a Ad ficiente decir que quiero hacerlo. Otra cosa que debo evitar es el tono oscuridad”, y en un sentido mas amplio “lo que se oculta a los sentidos o NO elegíaco; algo más natural y sencillo, sobrio pero no seco. del hombre, cosas seres o fuerzas que no pueden ser percibidas por el ta de da e e hombre normalmente, pero, no obstante tienen una realidad objetiva Ll elo oo e paa e a A pd r - 74 r . A m rd quer bate le : pepiara abr EE a publ 4. en si mismos, sea concreta o abstracta”. El termino Yínn tiene varios sia PA ia, Pi era a ap A 2 . 2.po . Y .p. . . . Ca EN A A a A paa pri significados diferentes en el Coran, que lo utiliza de modo bien distinto . e a SE | a z ga ; r : a pl dE Are Li ve EL prin ! al primitivo folclore. El que se registra mas corrientemente es el de en Ec Ae E y aña 0

fuerzas o seres espirituales que, precisamente porque no tienen exis- tencia material, están más allá de la percepción de nuestros sentidos corporales: Una connotación que incluye “Satán” y "fuerzas satánicas”

(Shayatín), así como "ángeles” y "fuerzas angélicas”, puesto que todos ellos están "ocultos a nuestros sentidos”.

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Para demostrar que esas manifestaciones invisibles no son de natu- raleza corpórea, el Corán establece la parábola de que los yinn fueron creados "del fuego de vientos abrasadores” (Nar as sammun), o de “una confusa llama de fuego” (Marih min nar) o simplemente "de fuego” (7:12 y 38:76), en esta caso refiriéndose al ángel caído o Iblis. Parale- lamente tenemos hadices auténticos a este respecto en los que el Pro- feta (sas) habló de los ángeles como "creados de luz” (Juligqat min nur), siendo la luz y el fuego semejantes y capaces de manifestarse tanto en

uno como en otro.

El término yínn se aplica también a una clase de fenómenos más amplios que, de acuerdo con la mayoría de los comentaristas clásicos, indican ciertos organismos sintientes de naturaleza tan sutil y de com- posición fisiológica tan distinta de la nuestra, que normalmente no son accesibles a nuestra percepción sensorial. Por supuesto, conocemos muy poco acerca de lo que puede y de lo que no puede cumplir la fun- ción de un organismo viviente: sin embargo, nuestra incapacidad para distinguir y observar dichos fenómenos no es de ningún modo una jus- tificación suficiente para negar su existencia.

El Corán se refiere a menudo al reino que está más allá del alcance de la percepción humana (A/-ghayb), mientras se hace frecuentemente referencia a Dios como "Sustentador de todos los mundos” (Rabbil al- amín): y el uso del plural indica con toda claridad que junto al “mundo” abierto a nuestra