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VOCABULARIO

DE

REFRANES Y FRASES PROVERBIALES

Y OTRAS

FÓRMULAS COMUNES DE LA LENGUA CASTELLANA

EN QUE VAN TODOS LOS IMPRESOS ANTES

Y OTRA GRAN COPIA

QUE JUNTÓ EL

MAESTRO GONZALO CORREAS

Catredático de Griego y Hebreo en la Universidad de Salamanca.

Van añedidas las declaraciones y aplicación adonde pareció

ser necesaria. Al cabo se ponen las frases

más llenas y copiosas.

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MADRID

ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE JAIME RATÉS Plaza de San Javier, núm, 6.

1906

ES PROPIEDAD

AL, LECTOR

Entre los humanistas que florecieron en España en el primer ter- cio del siglo xvn, merece distinguido lugar el Maestro Gonzalo de Correas,

Docto en las lenguas latina, griega, y hebrea, las enseñó en la Uni- versidad de Salamanca y en su famoso Colegio Trilingüe, publicando sobre ellas libros que le dieron gran fama entre los literatos de su tiempo y cuya importancia no ha perecido, á pesar de los adelantos en la enseñanza de dichas lenguas.

Juntamente con las lenguas clásicas, cultivó y enseñó el Mi tro Correas la lengua propia castellana, ya por considerarla necesaria átodo el que aspirase á siquiera mediana cultura intelectual, ya por creer que su enseñanza era preparación necesaria para el conocimiento de las ¿enguas antiguas; «porque siempre me pareció, dice, desde que tuve experiencia de enseñar estas lenguas, que se ha de comenzar por la Gramática vulgar».

Fruto de esta enseñanza fueron el Arte grande de la lengua castella- na, que compuso por los años de 1626, el Trilingüe de tres Artes ríe las tres lenguas castellana, latina y griega, publicado en 1627. el Tratado de Ortografía Castellana, publicado el año de 1630, y las mil curiosida- des gramaticales, relativas á nuestra lengua, que esparció en sus demás obras filológicas (1).

Pero lo más útil é importante que dejó el famoso Catedrático tocan- te á la lengua castellana, está en otro libro que escribió en los postre.

(1) Sobre las obras del Maestro Gonzalo de Correas discurrió largamente y dando mu- chas noticias desconocidas, el Excmo. Sr. Conde de la Vinaza en el Homenaje á Menéndez Pe- layo, t. I, páginas 601-614. El mismo señor Conde publicó el año de 1A>03 el Arte grande de la lengua castellana de Correas, hasta entonces inédito.

VI

ros años de su vida, pero que no llegó á publicar, legándolo como herencia al Colegio Trilingüe, del cual había sido altísimo orna- mento.

Intitúlase este libro: « Vocabulario de refranes y frases proverbiales y otras fórmulas comunes de la Lengua Castellana, en que van todos los im- presos antes y otra gran copia que juntó el Maestro Gonzalo de Correas, Catedrático de Griego y Hebreo en la Universidad de Salamanca. Van añadidas las declaraciones y aplicación adonde pareció ser necesaria. Al cabo se ponen las frases más llenas y copiosas».

El manuscrito de esta obra, tal como la dejó Correas, permaneció en el Colegio Trilingüe por lo menos hasta principios del siglo pasado, puesto que allí lo vio y manejó, é hizo de él largos extractos, D. Bar- tolomé José Gallardo, quien nos dijo además que el tal manuscrito no era autógrafo, aunque tenía enmiendas y correcciones de mano del autor.

Mas el siglo xix, que vio en España desaparecer tantos tesoros de arte, tantos libros y papeles que las edades pasadas habían amontona- do en nuestras bibliotecas, vio desaparecer también el manuscrito ori- ginal del Vocabulario de refranes del Maestro Correas, que en su línea no era menos importante que otras obras importantísimas de escrito- res famosos, igualmente desaparecidas.

Irreparable hubiera sido esta pérdida, si la Eeal Academia Espa- ñola, cuando después de haber publicado su edición del Diccionario que llamamos de Autoridades, se disponía á hacer la segunda, reco- giendo para esto cuantos libros, documentos y papeles pudieran ser- virle para el mejor desempeño de su intento, no hubiese tenido el acuerdo de hacer sacar copia del precioso manuscrito, en tres gruesos volúmenes, que tales como salieron de manos del escribiente, fueron depositados en su archivo, y en él han permanecido hasta ahora.

Al ser*recibidos estos tres volúmenes, la Real Academia hizo cons- tar su recepción en el acta de la sesión celebrada el martes 7 de No- viembre de 1780, suscrita por su Secretario, D. Manuel Lardizábal y Uribe, con estas formales palabras:

«El Sr. Sánchez (D. Tomás Antonio) traxo el Bocabulario do refra- nes y frases proverbiales de Gonzalo Correas, en tres tomos de á quar- to, copiado del original que se conserva en el Colegio Trilingüe de Sa- lamanca, cuya copia se ha sacado por encargo de la Academia, quien acordó se den 25 doblones al copiante por su trabajo.

Así, por 25 doblones se salvó la obra más rica, más abundante y de mayor valor que nos dejó la ciencia filológica del siglo de oro de la literatura castellana.

VII

Entrada la Academia en posesión de este tesoro, que por tal debe ser considerado el Vocabulario de refranes de Correas, trató de aprove- charlo para la mejora de su Diccionario, en cuya segunda edición, como

dicho, estaba trabajando, encargando al Académico I). José Gar- cía de la Huerta hacer nueva copia del manuscrito en cédulas por sí. en las cuales. constasen las frases, refranes y fórmulas del Vocabulario, aligeradas de las observaciones con que había querido acompañarlas el Maestro (Zorreas.

Fué D. José García de la Huerta presentando su trabajo en paquetes de mil cédulas eada uno, pero con tal desorden, que es difícil afirmar de una manera cierta si la copia sacada por él en esa forma estáentera ó no.

Tampoco es fácil averiguar hasta qué punto se aprovechó la Acade- mia de esta copia para las ediciones posteriores del Diccionario. ( 'aso de haberse aprovechado, hubo de ser muy poco, atendido el estado en que se lian hallado los paquetes de cédulas de García de la Huerta.

Así las cosas, y antes de que venga sobre la copia del refranero de Correas catástrofe parecida á la que sobrevino al manuscrito original, la Real Academia Española acordó publicarlo en la forma misma en que lo dejó su autor, haciendo patrimonio de todos una riqueza litera- ria que hasta ahora ha permanecido oculta en sus archivos.

No eran pocas ni pequeñas las dificultades que presentaba la pu- blicación de esta obra. Lo estrafalario de la ortografía del Maestro Correas, traspasado con creces ala copia, y la poca fidelidad de ésta en algunos puntos, eran obstáculos no fáciles de vencer para el logro de una buena edición de este refranero.

Mas no por esto se desistió de la empresa.

Acometida ésta, fué parecer de la Academia ser de todo punto nece- sario abandonar el sistema ortográfico de Correas, ajustado, según él creía, á la pronunciación, pero que no lo está de veras, y que, en vez de facilitar la escritura y la lectura las dificulta más, sustituyéndolo por el que adoptó hace tiempo la Real Academia y es seguido generalmen- te por autores é impresores.

Esta sustitución de ortografía ha traído consigo un trabajo molest< i y prolijo por demás. En general, se ha respetado la lectura del manuscri- to. Tal vez en algún caso no se haya atinado con la interpretación. En poquísimos, muy contados, ha sido corregida la copia poniendo en el impreso lo que al parecer hubo de decir el original. En otros, dudán- dose y aun á veces no dudándose de la interpretación, se ha prefe- rido dejar el manuscrito tal como se ha hallado.

Aunque se ha mudado la ortografía del manuscrito, ha sido impreso

VIII

éste por el orden en que lo dejó Correas. De esto ha resultado hallar- se muchos refranes y frases en lugar muy distinto del que habrían ocu- pado si se hubiese seguido en este orden el que determina el sistema ortográfico de la Academia. Esto ha podido ser una inconsecuencia; pero esta inconsecuencia era necesaria; ya que el haberla querido evitar habría traído una alteración muy grande [en el manuscrito, ocasionada además á muchas perturbaciones y errores (1).

Tal ha sido la regla seguida en la impresión del manuscrito de Gon- zalo de Correas.

Y ahora, después de haber declarado el intento de la Academia al publicar el Vocabulario de refranes del Catedrático del Colegio Tri- lingüe y la manera que ha tenido en su impresión, ¿qué palabras serán bastantes á ponderar y poner en su punto el mérito y la importancia filológica de esta obra?

Es notorio y admitido por todos que, tocante á refranes y frases proverbiales, ninguna de las lenguas modernas puede ser comparada con la nuestra, como ninguna de las modernas literaturas iguala á la nuestra en número de obras en que se han recogido, comentado é ilustrado estos refranes.

Pues bien: de todas las colecciones de refranes que cuenta la Biblio- grafía española, y son innumerables, ninguna hay que llegue ni con mucho á la riqueza, variedad y genialidad que supo dar á la suya el Maestro Gonzalo de Correas.

Exagerada podrá parecer la afirmación; mas para el que tenga noti- cias de esta literatura y haya leído y manejado algunos de sus libros y abra y comience á hojear y leer el de Correas, la demostración es tan evidente que se puede decir que está en la mano.

Vino Correas después que Malara, Núñez y otros paremiólogos, ya conocidos, ya anónimos, pues hubo de éstos no pocos en aquel tiempo, habían esquilmado estos frutos literarios y recogídolos en sus obras, algunas de ellas verdaderamente monumentales; y como docto y discre- to que era y que entendía lo que traía en las manos, se aprovechó de lo que habían cosechado sus predecesores, yendo además á la rebusca de lo que habían dejado por recoger y juntólo todo en acervo inmenso, resultado de fecundísima labor, ya extraña, ya propia.

El método que siguió Correas en esta labor, fué el único valedero en esta linaje de empresas, es á saber, el de la observación directa, in-

(1) Después de este prólogo y antes del texto del Vocabulario, va puesto el Abecedario de Correas; por el cual podrá verse el orden que lleva el manuscrito y que se ha seguido en la impresión.

IX

mediata, infraganti, por decirlo así, de los fenómenos lingüísticos que pretendía estudiar. Hubo de tener el Catedrático del Colegio Trilingüe algo de aquella

curiosidad tan rara, pero tan necesaria al buen filólogo, que Le hace buscar con igual afán lo grande que lo pequeño, y estudiar con empeño no menor así las obras en que se ostentan los esfuerzos supremos del ingenio como las mínimas y al parecer despreciables que salen del hu- mano entendimiento, fácil y espontáneamente, al descuido, y casi sin percatarse de ello.

La voz del pueblo hubo de ser para él no un rumor vago é indis- tinto, una mezcla confusa de sonidos en que, perdida la propiedad ó in- dividualidad de sus componentes, anda todo mezclado y revuelto. sin que llegue al oído nada que afecte ó impresione al alma, que diga algo á la inteligencia ó mueva ó afecte al Sentimiento, sino un conjunto supremo de harmonías, una colección inmensa de voces, en cada una de las cuales resuena un sonido y un timbre distinto, reve- lador de la variedad inmensa de ideas y sentimientos que brotan del alma colectiva en sus más geniales manifestaciones.

Dotado Correas de sentido literario y artístico en el más amplio sig- nificado de la palabra, en cada uno de estos sonidos ó inflexiones de esta voz hubo de ver algo digno de ser advertido, algo artístico, algo que formaba parte de ese tesoro de ciencia que, creada en los días primeros de la humanidad, se ha ido transmitiendo y acreciendo de mano en mano y de generación en generación, hasta formar el caudal de sabiduría popular de que todos gozamos; y codicioso como era de esta sabiduría popular y justo apreciador de su valor, fué buscando y recogiendo y atesorando todo cuanto de ella le salió al paso y depositándolo én su copiosísimo Refranero.

En tiempos recientes se ha inventado ó querido descubrir una ciencia cuyo fin es recoger ó atesorar y estudiar este caudal de doctri- na popular que anda derramado en la humana sociedad.cn especial en su parte ó porción más ínfima, más inculta é iliterata. Y no po- cos españoles han saludado esta ciencia como algo nuevo y descono- cido; y como venía de extranjís y con su nombre ya hecho, la han bautizado con este nombre: Folk-lore, tesoro del pueblo, sin percatarse no pocos de ellos que, antes que los ingleses descubriesen el folk-lore. ha- cía tiempo, muchísimo tiempo, que los españoles habíamos cultivado esta ciencia y llevádola á mayor perfección en lo que á nosotros tocaba, que los ingleses en lo que á ellos toca, y dejado de esta ciencia monu- mentos notabilísimos, ante los cuales son poco más que juegos de niños los de los modernos folkloristas. Un tomo muy grueso sobre la biblio-

X

grafía española de esta ciencia ha escrito D. José María Sbarbi, y con ser riquísima esta bibliografía y su autor muy experto en esta clase de trabajos, todavía le ha quedado no poco que recoger y rese- ñar (1).

Entre estos antiguos españoles, curiosos investigadores de la sabi- duría popular, brilla, si no como el sol entre las estrellas, como astro de primera magnitud, el Maestro Gonzalo de Correas, Catedrático del Colegio Trilingüe de Salamanca.

La afición, el entusiasmo con que cultivó esta ciencia y llevó ade- lante su investigación y estudio, exceden toda ponderación.

Después de explicar en su cátedra del Colegio Trilingüe las arcanidades de la lengua santa, las gracias del habla helénica ó los viriles accidentes del hablar romano, el Maestro Correas, dejada su muceta y birrete, salía á las calles y se mezclaba con el vulgo de las gentes, metiéndose por ca- sas, ventas y mesones, siguiendo con anhelosa curiosidad á los niños en sus juegos infantiles, á los mozos y mozas en las lozanías de su edad, á las mujeres en sus faenas caseras, á los varones maduros en sus contra- tos y mercaderías, á los viejos y viejas en sus debilidades y chocheces.

Pendiente, digámoslo así, de sus labios, asistía á sus tratos y con- versaciones, escuchaba sus disputas y querellas y recogía cuantos di- chos, frases, refranes, brotaban de las lenguas de todos.

Memorioso como el que más, fijaba en la mente aquellas palabras voladoras, destellos de la conciencia popular; y vuelto á su casa, iba apuntando en sus cuadernos, todo cuanto había oído: refranes y frases, agudezas del ingenio, cuentos, consejas y tradiciones, chismes y malig- nidades del pueblo, cantares populares, pedazos de romances tomados por el pueblo nadie sabe dónde, trozos de la épica antigua que se han perpetuado en las lenguas de los humildes é iliteratos, con una curio- sidad, con una conciencia, con un amor cual tal vez nadie ha tenido en esta clase de investigaciones.

Los juegos infantiles tenían para el gran coleccionador más valor ([iic las hazañas de los reyes y los hechos de nuestros conquistadores. Las fábulas caseras, las leyendas, los cuentos que las viejas cuentan al amor del fuego, eran de más importancia que los casos más haza- ñosos de nuestra historia. La frase, la lengua, el pensamiento del vul- go, valían para él más que la de los libros que se escriben en las casas de los hombres que saben.

Llevado de tal entusiasmo por esta sabiduría popular, lo buscaba

(1) Intitúlase este libro: Monografía sobre los refranes, adagios y proverbios castellanos y las obras ó fragmentos que expresamente tratan de ellos en nuestra lengua, obra escrita por D. José María Sbarbi Madrid, MDCCCXGI.

XI

y huroneaba y recogía todo. No Le arredraba ni La extraneza, ni La pere-

griñidad, ni aun la brutalidad de la frase. En viniendo del pueblo, en formando parte del tesoro de nuestra Lengua viva, palpitante en los labios de la muchedumbre, todo tenía para él igual valor, todo era digno de ser archivado y conservado como alhaja de valor inapre- ciable.

En esta forma, con este entusiasmo y laboriosa investigación, for- mó Gonzalo de Correas su maravilloso Vocabulario <lc refren Joro de sabiduría popular, archivo de lo más castizo y genial que tiene nuestra lengua, cuerpo inmenso de doctrina en que vive y palpita como en ningún otro cuerpo el alma de la gente de España.

Efectivamente: en este Vocabulario, más que en ningún otro libi ostentan en magnífico alarde las cualidades más características de nuestra raza, su sentido moral recto ó pervertido, la viveza de la ima- ginación quieta ó extraviada, la agudeza del entendimiento bien ó mal dirigido, los sentimientos todos que han agitado á nuestro pueblo en todas las ocasiones y en todos los trances, percances y azares de su vida.

En él se registran y se explican y comentan muchas veces los que llama el pueblo evangelios chicos+por la verdad que contienen y por la rectitud moral de sus ideas ó sentencias, merecedoras de ser propuestas como norma del obrar.

En él resplandecen en su nativo arreo ó desnudez, mil frases geniales idiomáticas, pregoneras de la opulencia intelectual de nuestra gente, de la ingeniatura de nuestro pueblo, de sus pasiones y veleidades, de sus odios y de sus amores, de sus bienquerencias y venganz

En él se presentan á la vista del público mil personajes que nadie sabe de dónde vienen, ni lo que fueron ni dónde nacieron, tal vez históricos, tal vez fabulosos, y que, sin embargo, todos hablan de ellos como si les hubiesen conocido, citan sus hechos ó dichos.se mezclan en nuestras conversaciones, y hablan y sentencian de todo con autori- dad inapelable.

Y todo esto no es más que una parte muy escasa de la riqueza de lengua, de ingenio y de doctrina popular que nos da á conocer el Maestro Correas en su incomparable Vocabulario. Para conocerlo en todas sus partes y para apreciar su valor, hay que leerlo despacio y estudiarlo muy detenidamente.

Es cierto que no pequeña parte de esta riqueza de lengua antes de Correas nos la habían dado á conocer Afolara, Núñez y otros pare- miólogos españoles. Pero sin quitar ni una mínima al mérito de es autores, hay que confesar que su labor, aunque meritísima, dista mu-

XII

cho de la del Catedrático del Colegio Trilingüe de Salamanca en el nú- mero de frases, en la variedad de todo género, en la copiosidad incom- parable de muestras del ingenio popular, de que en ella se hace mag- nífico y nunca bastantemente alabado alarde.

No hay que ponderar la importancia de esta obra en lo tocante al caudal de voces, frases y construcciones que acrece á nuestro Vocabula- rio. No andaría equivocado quien dijese que de las veinticinco mil frases que tiene, más de cinco mil no han sido todavía registradas en nin- gnno de nuestros Diccionarios. Apurando las cosas, tal vez serían más.

Al examinar este número de frases que registra este Vocabulario, se observa que unas se han conservado con la misma significación y uso (pie tenían en tiempos de Correas, otras la han variado; fenómeno éste muy singular, demostrador de la vida especial del lenguaje, de los accidentes á que está expuesto y de las vicisitudes que experimenta con el correr de los tiempos.

Pero no es la cantidad de refranes, frases y modismos lo que cons- tituye el mérito principal de la obra de Correas, sino la calidad, lo cas- tizo de estas frases, el sabor del terruño que llevan consigo, sabor ás- pero y amargo á veces, dulce y deleitable otras, que supo percibir y sentir como nadie Correas y aderezarlo y sazonarlo con especies y noticias curiosísimas.

A la verdad no son los comentarios ó explicaciones con que adornó Correas tan exuberantes de erudición clásica como los que da Malara en su Filosofía vulgar, pero son más apropiados, más concisos, más ad rom, más importantes, sobre todo, por las mil historietas que traen á cuento, por las fábulas, supersticiones y leyendas populares, que tomó Correas de la boca del vulgo, y que clan esmalte singular á esta obra no- ta lulísima.

Va\ fin: á vueltas de estas y otras mil noticias halla use otras no poco importantes para la historia literaria, como por ejemplo, laque hallamos sobre el Vocabulario hispano-latino de Sánchez de la Ballesta (1). que Gallardo (2) consideró acertadamente pseudónimo, pero conje- turando haber sido obra de un Padre de la Compañía de Jesús, pero que fué, según nos revela Correas, el P. Frómista, de la Orden de San Agustín (3).

(L) Publicóse este Vocabulario con este titulo: Dictionario de vocablos castellanos aplicados á la propiedad latina compuesto por el licenciado Alonso Sánchez de la Ballesta, Sala- manca. 1587. *

(2) En el artículo sobre Sánchez de la Ballesta de su Ensayo de una Biblioteca de libros raros y curiosos, t. IV. c. 3828.

(3) Véase la frase Al facer ni can

XIII

Mas es necesario acabar.

Al publicarla Real Academia Española el Vocabulario de refira del Maestro Gonzalo de Correas, al parque cumple con uno de los fines principales de su instituto, cree contribuir al engrandecimien- to déla lengua castellana, cuya pureza, propiedad y esplendor le están confiados.

Miguel Mir

De la Real Academia Española

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A asno lerdo, modorro arrierro. A asno tonto, arriero modorro. A asno tocho, arriero tonto. (Quieren decir que á uno mal corregido, darle otro que sea horma de su zapato, que le dome y corrija, que el necio por la pena es cuerdo. Diráse también re- cuero por arriero.)

A Azuaga por aceite, y á La Granja por paran j.a. (Ironía, porque no lo hay en estos lugares; son en Extre- madura; como pedir peras al olmo y cinco pies al gato.)

A aquel que esperar puede, todo á su tiempo y voluntad le viene.

A el diablo parte, cuando el rabo va delante. (Contra la desorden.)

A ese paso llevaos mi muía. A ese precio vendimiado es lo mollar.

A eso me atengo, que es lo cierto. (Cuando se escoge lo mejor. Atenerse es hacerse del bando del que se espe- ra que ganará en juego ó será supe- rior en otra cosa, y atravesar y apos- tar por él.)

A esotra puerta, que ésta no se abre. (Cuando no responde un sordo ú otros.) -

A escudero pobre, carbón de cañu- to. (Por ironía, porque el carbón de cañuto se gasta mucho y dura poco.)

A escudero pobre, taza de plata y cántaro de cobre. (Porque le dure.)

A escudero pobre, mozo adivino; ó rapaz adevino. (Que le pone dificul- tades en lo que le manda; que no ha- llará lo que le envía á buscar.)

A espalda vuelta, no hay respues- ta. (Que al que huye no hay que res- ponder; y que á los que en nuestra ausencia murmuran de nos, no hay que responder ni darnos por ofendi- dos, y es cordura no hacerlo; ni to- marlo á venganza y ley de duelo.)

A ésta no la toco, á ésta no la toco, y todas se las comió.

A éste le dio, á éste no le dio y to- dos se los comió.

A estudio que enseñan de balde.

A este perro, echalle un cencerro.

¡A ellos!, ¡á ellos!, é iban huyendo. (Entiende que decían esto los que huían.)

¡A ellos, padre! Vos á las berzas y yo á la carne; y si os sentís agravia- do, vos á las berzas y yo al jarro. (Pa- rece que esfuerza al padre para que den en los enemigos, y dispara en otro propósito. Llaman los griegos á esta manera de hablar paruponoija, apros- dóqueton, figura retórica que denota lo que no se esperaba.)

A ira de Dios, no hay casa fuerte; ó cosa fuerte.

A ida y venida por cas de mi tía.

A <idos de mi casa» y «¿qué queréis con mi mujer?>, no hay responder.

A Iglesia me llamo. (El que huye de la ley del rey.)

A oreja de amiga, tras largo de viga; por cervatana, dice el Comen- dador; mas no hace sentido ninguno; quiere decir que á la mujer no se la ha de descubrir ningún secreto, sino

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aquello que se pueda decir en tanta distancia como el largo de una viga, y que lo puedan oir todos y no im- porte ser sabido y público.

A hora mala no ladran canes.

¿A honor de qué santo? (Cuando no agrada hacer alguna cosa.)

A hombre sa, cullera de pa.

A hombre sano, cuchara de pan. (Tomado del catalán.)

A hombre medroso, todo le espe- luza y nada le ayuda.

A hombre mezquino no le des ro- cino.

A hombre rico, capirote tuerto.

A hombres buenos, picheles llenos.

A obra pagada, brazos quebrados.

¿A honra de qué santo? (Cuando no se tiene por bien hacer algo.)

A otra puerta, que ésta no se abre.

A otro perro con ese hueso, que éste ya está roído.

A otro mercado vaya, do mejor se le venda su hilaza.

A olla bien guisada, ¿quién la hará mala cara?

A olla que hierve, ninguna mosca se atreve.

A un asno bástale una albarda, ó jalma.

A un hombre cuerdo, atalde un necio al pie y darle un alandre.

A un ladito, como faltriquera.

A un loco, otro. A un bellaco, otro.

A un ciego mal se puede mostrar el camino.

A un traidor, dos alevosos.

A un ruin, otro ruin. (Quiere decir que para rogar y acabar algo con una persona baja, es menester otra de su calidad, porque si es mayor y de autoridad, suelen ensancharse y no corresponder con el debido res- peto y razón.)

A un ruin, ruin y medio.

A una asna, una albarda la basta.

A una boca, una sopa.

A una que acierta, diez yerra.

A unos da Dios ovejas, á otros orejas.

A unos mucho, á otros nonada.

A uso de iglesia catedral, cuales fueron los padres, los hijos serán; ó cual fueron los padres.

A uso de Toledo, que pierde la

dama y paga el caballero; ó á fuer de Toledo.

A la araña hurtó la rueca el diablo, porque saque la tela del rabo.

A la ahijada, molérselo y maquila- lia; y á la madrina, sin maquila. (En lugar de «hacérselo», se puso «mo- lérselo», porque sonaba deshonesto.)

A la hierba y á la paja, de noche la guadaña. (El asturiano que riega de por las espigas de día, por no per- der grano, y después la paja, que no importa ser de noche cogida. Parece que estos dos hizon (sic) por alego- ría, que cada uno se contente con la suya, moza ó vieja, y deje la mujer ajena.)

A la hierba de tu prado, de noche le echa el guadaño. (Asturiano.)

A la iglesia se ha de ir de voluntad; á la guerra, de necesidad; y al convi- te, ni de necesidad, ni de voluntad, porque de ordinario se saca de él qué confesar.

A la oveja flaca nunca la falta roña y sarna.

A la una, que bien, que mal, en cada casa comido han. (Esto es lo or- dinario, y es manera de consolarse los que tienen poco con que pro- veerse.)

A la loza, tan presto va la vieja como la moza. (A comprar escudillas y platos.)

A la larga, el galgo á la liebre mata.

A la luna, el lobo al asno espulga.

A la luna de Valencia. (Véase que- dar á la luna de Valencia; estar ó quedarse.)

A la luz de la candela, toda rústica parece bella.

A la naranja y al hidalgo, lo que quisiere; á la lima y al villano, lo que tuviere.

A la noche arreboles, á la mañana habrá soles.

A la noche y con aguacero, no es bueno traer sombrero. (El asturiano llama aquí sombrero la vela de la nave.)

A la noche convida, y á la mañana^ porfía.

A la noche putas, y á la mañana comadres.

3

A la noche, chichirimoche; á La mañana, chichirinada. (Contra los in- constantes que cada día mudan pare- cer y no están en la palabra que dan.)

A la sierra, ni dueña ni cigüeña. (Que nunca en ella se hallan.)

A la sierra se sube la buena mu- jer. (Que se retira y no asiste á la puerta de la calle.)

A la zarza aguda, nunca la falta mala ventura. (Contra trefes condi- ciones.)

A la justicia, mentira, y á la ver- dad, noticia.

A la de lo amarillo, no es menester

edillo.

A la dicha que habéis, padre, ahor- cado habéis de morir.

A la dicha que, padre, habedes, ahorcado moriredes.

A la fin loa la vida, y á la tarde loa el día.

A la fee que quiere seso gobernar al loco y necio.

A la garganta del perro échale un güeso, si le quieres amansar presto.

A la galga y la mujer, no la des la carne á ver.

A la gallina, apriétala el puño, y apretarte ha el culo. (Quiere decir que si aprietas el puño en dalla de comer, no pondrá. Apretar la ma- no es escasear.)

A la bestia cargada, el sobernal la mata.

A la viuda del rey habelda manci- lla.

A la boda de D. García, lleva pan en la capilla. (Que nadie tenga con- fianza en hacienda y provisión ajena, por rico que sea el otro; sobre este finge dislates.)

A la boda del herrero, cada cual con su dinero. (Entiende va; en las aldeas adonde no hay más de un herrero y todos lo han menester, van á su boda á ofrecerle.)

A la boda vengo, como dicen.

A la boda del horno perdió Mari- quita el bollo.

A la boca que yerra, nunca pan la fallezca. (Es común en todos errar.)

A la bota dalla el beso después del queso.

A la borracha, pasas. (Cuando se da

lo desproporcionado, como pasas á la borracha, que más las quisiera he- chas vino.)

A la borrica arrodillada doblar la carga. (Es cargar al que no puede llevar.)

A la vuelta del sol, caga el buey en el timón. (Que á la tarde ya está can- sado.)

A la buena, júntate con ella, y á la mala, ponía la almohada. (Para visita de cumplimiento y no más trato con ella.)

A la burla, dejarla cuando más agrada. (Porque no se torne en ve- ras.)

A la burra preñada, cargarla hasta que para, y á la parida, ó después de parida, cada día. (Dicen que es mejor servirse de ellas, porque con el ejer- cicio tienen mejor parto y crían me- jor; y hasta en las mujeres es bueno trabajar, como se ve en las labrado- ras. Otros dicen: A la preñada, hasta que para, y á la parida, cada día; y falta burra, yegua ó mujer, porque también lo ' entienden del ayunta- miento de casados, y lo tienen las dueñas por provechoso para tener mejor parto.)

A la cara sin vergüenza, todo el mundo es suyo.

A la cárcel, ni por lumbre.

A la cárcel me voy. (Un señor pre- ciábase de decir las hazañas que ha- bía hecho en la guerra, y una vez se alargó á más de la verdad, y puso por testigo á un su escudero, el cual dijo que no fué ansí, y por eso pú- sole en prisión. Unos días después dijo una gran mentira, y atestiguan- do con el dicho escudero, él, por no aprobarla, dijo: A la cárcel me voy; y ansí se aplica y dice cuando se oyen decir mentiras y jactancias vanas.)

A la casta, Dios la basta.

A la casta, pobreza la hace hacer soeza.

A la cabeza, el comer la endereza.

A la cabecera tiene la bota; cada vez que se vuelve, moja la boca. (Que rebulle.)

A la que á su marido encornuda, ay Señor y la ayuda.

A la que uno no contenta, lo mes-

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mo es dos que cincuenta; ó no bastan dos ni cincuenta.

A la que quiere ser buena, no se lo quita la mi vigüela.

A la que quiere ser mala, poco aprovecha guardarla; ó por demás es guardarla; ó por demás será guar- darla.

A la corta ó á la larga, el galgo á la liebre alcanza.

A la corta ó á la larga, el tiempo todo lo alcanza.

A la codicia, no hay cosa que la hincha.

A' la cuca, que es verano. (Lo que á la mosca.)

A la creciente en la mar, á la llena en el puerto, porque el quinceno no te haga tuerto. (Quiere decir porque la llena de la luna, que es al quince- no, no se levante borrasca y te ane- gues.)

A la par, alazanes.

A la par es negar y tarde dar.

A la pared mea quien te amansará. (Dicese á la moza soltera brava, que en casándose, el marido la hará aman- sar.)

A la pata llana. (Sencillamente, con bondad.)

A la pe te espero, compañero. (Véase Tri, tri.)

A la puerta estaba el cojo, y la tuer- ta le bizca el ojo.

A la puerta del rezador, no tiendas tu trigo al sol.

A la puta, el hijo la saca de duda.

A la puta y al juglar, á las veces les viene el mal; ó á la puta y al ru- fián.

A la puta y á la trucha, do no cata- ros la busca.

A la puta que más esperare; ó para el puto que más te esperare.

A la preñada, se ha de dar hasta que para, y á la parida cada día, y á la que no pare, hasta hacerla concebir para que venga á parir.

A la preñada, hasta que para, y á la parida cada día. (Queda declarado en el otro, á la burra. Entiéndelo del ayuntamiento de los casados; y en prueba de ello me dijo una honrada matrona, que enviudando recién pre- ñada, tuvo recio parto por faltarla la

junta de marido, lo cual no la suce- dió en otros partos antes.)

A la primera azadonada queréis sa- car agua.

A la prueba buen amar; ó á la vista buen amor.

A la tercera, que es buena y vale- dera.

A la tercera, que Dios me la pro- meta.

A la trucha y á la puta, do no cata- res la busca. (Destrocado de como va poco antes, está mejor.)

A la vasija nueva, dura el resabio de lo que se echó en ella; ó queda el resabio.

A la vaca cadañera, ponerla pres- to la pega. (Porque no la mamen mu- cho y se enflaquezca y muera; pega es lo que ponen á las tetas porque no pueda mamar el becerrillo.)

A la vaca harta, la cola la es abri- gada. (Adelante hay otro: La vaca har- ta, de...)

A la vejez, aladares de pez.

A la vejez, viruelas.

A la vejez estudiar, para nunca aca- bar.

A la vieja que no puede andar, me- tella en el arenal. (Es ayudar á la di- ficultad.)

A la villa voy, de la villa vengo; si no son amores, no qué me tengo. (Prosigue en cantar: Andome en la villa, fiestas principales, con mi ba- llestilla de matar pardales.)

A la mal casada déla Dios placer, que la bien casada no lo menes- ter.

A la mal casada, miralda á la cara.

A la mala labrandera la estorba la febra. (A la mala costurera.)

A la mala costumbre, quebrarla la pierna ó la cabeza.

A la mala hilandera, la rueca la ha- ce dentera.

A la mano de Dios, mortero de pie- dra.

A la mano de Dios, mortero de pa- lo, ó mortero de piedra.

A la madrasta, el nombre la basta.

A la madrina, arrimalla á la pila.

A la madrina, tras la puerta la arri- ma, y á la comadre, donde la halla- res.

5

A la mañana los montes, y á la tar- de las fontes.

A la mañana puro, y á la tarde sin agua.

A la mañana el blanco, y el tinto al serano.

Alá me leve Déos, donde hache dos meos. (Gallego.)

A la miel del modorro. (Cuando muchos se llegan y se aprovechan de lo de otro, como descuidado de guar- dallo).

A la miel, golosas; y al aceite, her- mosas. (A la miel, golosas, se dice cuando acuden muchos á cosa que les lleva el deseo á participar de ella.)

A la mosca, que es verano. (Dicen esto por los que se van libres de amo.)

A la moza andadera, quebralla la pierna y que haga gorguera.

A la moza y á la parra, alzalla la falda. (Conviene alzar los pámpanos á la parra, para que madure bien la uva antes de vendimias).

A la moza golosilla, no es menester seguilla.

A la moza que ser buena, y al mozo que el oñcio, no les puede dar mayor beneficio.

A la moza que mal lava, siete ve- ces la hierve el agua.

A la moza, con el moco, y al mozo, con el bozo. (Los has de casar.)

A la moza mala, la campana la llama, que á la buena, en casa la halla.

A la moza mala, la campana la llama; y á la mala mala, ni campana ni nada.

A la muerte no hay cosa fuerte; ó casa fuerte.

A la muerte, no hay remedio cuan- do venga, sino tender la pierna.

A la muerte de mi marido, pon la cera y pabilo.

A la muerte, tender la pierna.

A la muela, se ha de sufrir lo que á la suegra.

A la muía, freno en gula.

A la muía con halago, y al caballo con el palo; ó al revés.

A la mujer, empreñarla y besarla, y lo demás hasta que para.

A la mujer y á la gallina, tuércela el cuello, y darte ha la vida. (Que la mujer esté sujeta; la gallina haráte más provecho comida.)

A la mujer y á la picaza, lo que dirías en la plaza; ó lo que vieres en la plaza. (Dirás, no tus secretos.)

A la mujer y en la carta, lo que di- rías en plaza.

A la mujer y á la vela, tuércela el cuello si la quieres buena.

A la mujer y al caballo y á la mu- la, por el pico les entra la hermosura. A la mujer loca, más la agrada el pandero que la toca.

A la mujer bailar y al asno andar y rebuznar, faltando quién, el diablo se lo ha de enseñar.

A la mujer barbuda, de lejos me la saluda, con dos piedras, que no con una.

A la mujer brava, la soga larga; ó dalda la soga larga.

A la mujer casada y casta, el mari- do la basta.

A la mujer casada, no la des de la barba.

A la mujer casera, el marido se la muera. (Suelen parecer caseras algu- nas mujeres casadas y ser alabadas sus caserías y granjeos; la cual luce porque gana y lo gobierna el mari- do, que allega la hacienda y lo cum- ple todo. Las otras, con envidia ó prudencia, dicen: «Pocas gracias, si el marido se lo lleva á casa; muérase el marido y quede sola y entonces veremos si es casera; antes no se ala- be, que no lo sabemos. > Este es el sentido de este refrán, no el que le dio el Comendador, que es que se sabrá valer por sí. Lo cual no es cul- pa en ella ser casera, para condenar- la á que se la muera el marido; que antes con él lo será mejor y lucirán y criarán bien sus hijos. No lo enten- dió Matara ó Mallara.) Ala mujer casta, su marido la basta. A la mujer que tal sueño sueña, coces y palos y golpes en ella.

A la mujer primeriza, primero se la parece la preñez en el pecho que en la barriga.

A la mujer ventanera, tuércela el cuello si la quieres buena.

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A la mujer mala, poco aprovecha guardarla.

A la mujer romeriega, quebralla la pierna.

A la ramera y ala lechuga, una tem- porada les dura.

A la res vieja, álivialla la reja.

A la ronda, rondadores, que no hay ley en los nombres. (Ansí los des- pide la cuerda, y es aviso para que las mujeres no se dejen engañar de las ternezas de los hombres.)

A la llana de Castilla la Vieja.

A la llana de Calvarrasa. (Calvarra- sa es lugarejo cerca de Salamanca.)

A la llana, Don Pascual.

A la noria, á la noria. (Para repre- hender á uno de grosero.)

A la hija mala, dineros y casalla.

A la hija, tápala la rendija. (Que la quites las ocasiones de tu casa, y no la dejes al ejemplo en que vea lo que haces con fu marido. Rendija, es abertura para ver y poderse comuni- car con quien gustare.)

A las armas, moriscote, si las has de voluntad.

A las obras me remito. (Cuando no se crean las palabras.)

A las nueve, alza el rabo á la perra y bebe. (Hacen pulla de la conso- nancia.)

A las nueve, échate y duerme, que á las diez ya dormiréis.

A las nueve, desataca la perra y bebe; á las diez, desatácala otra vez.

A las serpientes ponzoñosas y al malo, á todos los pongo en un grado.

A las diez, deja la calle para quien es. (Que se recojan las mujeres que se sientan á sus puertas á las noches del verano, porque ya la calle es para rondadores.)

A las diez durmiendo estés; ó á las diez dormida estés.

Alas dos de misa, mujer y el man- to arrugado no viene bien.

A las fuerzas del amor, el que hu- ye es vencedor.

A las barbas con dinero, honra ha- cen los caballeros.

A las burlas ansí ve á ellas, que no te salgan de veras.

A las que sabes mueras, y él sabía hacer saetas.

A las que sabes mueras, villano, que ansí sosiegas. (Otros dicen: ansí nos ciegas, ó los ciegas.)

A las que hilan. (Respuesta á pullas y dichos que pican de hembra, que es á las mujeres.)

A las cosas deseadas todo tiempo es prolijo, como á las odiosas breve.

A las cuatro en Borja.(Dícese cuan- do es tarde para las cosas. Borja es, junto á Ebro, confín de Navarra y Aragón; nació de concierto de ha- llarse allí á tal hora después de haber negociado su hecho en otro reino.)

A las peñas vaya el mal.

A las veces está la carne en el pla- to por falta de gato.

A las veces, la cabra por el cuchi- llo bala.

A las veces, la cabra bala por el cuchillo que la mata.

A las veces, bala por el cuchillo la cabra.

A las veces, cazar pensamos do ca- zados quedamos.

A las veces, con tuerto hace el hom- bre derecho.

A las veces, cuesta más el salmore- jo que el conejo.

A las veces, más vale el vino que las heces; y de contino más vale el vino.

A las veces, miran más á las armas que á las barbas.

A las veces, lleva el hombre á su casa con que llore.

A las veces, ruin cadela roe buena correa. (Cadela, es perra en Galicia.)

A las malas lenguas, tijeras para cortallas.

A las romerías y á las bodas van las locas todas.

Hale dado á comer sesos de asno. (Dícese del que anda embobado en alguna añción, ó tan sujeto á la vo- luntad de otro que no sale de ella, dando á entender que es bobo como asno. Mujeres tratan y trataron tal hechicería necia.)

A lisonjeros dichos, no prestes oí- dos.

A lo escarramanado y á lo valien- te. (Cuando uno va con figura de bravo. Escarramán, se finge ser un rufián en un cantar que de él hay.)

A lo escrito me remito.

A lonje le pone, dijo Lucía al odre; ó se pone; ó alionje; ó ay home, dijo Marina al odre; ó ay onje. (Estas va- riedades nacen de error y adelante va enmendado. Hay catango.)

A lo uno y á lo otro. (Hacer á todo.)

A lo de Dios es Cristo.

A lo de Cristo me lleve. (Es como A lo escarramanado.)

A lo caro, añadir dinero ó dejarlo.

A lo que puedes solo, no esperes á otro.

A lo que puedes huir el rostro, gran simpleza es esperallo si es pe- ligroso.

A lo tuyo, tú.

A lo mucho, mucho, no se me da nada, que eran verdes.

A lo hecho, no hay remedio para no ser hecho.

A lo hecho, remedio; y á lo por ha- cer, consejo.

A lo hecho, ruego y pecho; ó á lo hecho, brazo y pecho. (Poner buen tercero y dinero.)

A lonje le pone, dijo Lucía al odre; ó se pone.

A los amos y á los enemigos, come- llos y roellos. (Como que lo dicen mozos.)

A los años mil, vuelve el agua por do solía ir; ó vuelve á su carril.

A los años mil, vuelve el año por su cubil. (Es lo que se dice que un tiempo tras otro viene con esperan- za de mejoría, y á venir lo mesmo que pasó.)

A los años mil, vuelve la liebre á su cubil.

A los inocentes se aparece nuestra Señora. (Entiéndese por los buenos y santos, aunque vulgarmente lo apli- can á hombres de poco saber, disbo- sos (sic), y se debe reprobar y no usar en tal manera.)

A los importunos pedidores, dallos de mano como á moledores.

A los osados ayuda la fortuna; ó fa- vorece la fortuna.

A los ojos tiene la muerte quien á caballo pasa la puente. (Habla de las puentes de madera y otras malas y sin acitaras.)

A los niños y locos y beodo-, I los guarda todos.

A los ciegos, mudar el hito.

A los de la facultad no Uevaí dinero. (Dijo esto un albeitar á un médico que le pagaba la cura de su ínula.)

A los de la Granja, naranja, y á los de la Fuente Ovejuna, aceituna.

A los de las gallarruzas. (Esto es, á los rústicos. No crean con eso que lo entiendo.)

A los de fuera, churruchada y me- dia; á los de casa, churruchada basta. (Dijo esto el que repartía á cuchara- das el ajo en una boda de labradores.)

A los desdichados, se les hielan las migas entre la boca y la mano.

Á los bobos con eso. (Dícelo el que entiende la malicia.)

A los párvulos se aparecen los san- tos. (Párvulos se toma aquí por las personas inocentes en santidad y niños en la inocencia, y por eso Dios los favorece. Decir á los bobos es necedad de vulgo y reprobada.)

A los pies y al salto, Pascual java- to. (A los pies y al soto.)

A los pies que ofrecen. (Ironía de daño.)

A los pies tuertos, darles zuecos.

A los pies mera razón, y á la rueda la opinión. (Símil del pavo.)

A los muertos dicen: quieres, y á los vivos: toma.

A los chicos, aun de ruines no los hartan. (La razón es porque hablan de ellos por diminutivos: es un rui- nillo, ruinejo, hombrecillo, bellacue- lo, etc.)

A nadar anadinos, patos y patinos; entrad vos, patón, nadaréis mejor.

A nadie le pese que le digan ruin; pésele de serlo.

A nadie faltan razones.

A nadie descubras tu secreto, que no hay cosa tan bien dicha como la que está por decir; ó que no hay cosa más bien dicha que la que está por decir.

A navidad de Santa Lucía, crece el día un paso de gallina. De navidad á los Reis, tan mala vez.

A nave rota, todo viento es contra- rio.

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A necesidad, no hay ley.

A negocio nuevo, consejo nuevo.

A nuestro amo, todo este mundo es tragos. (Manera de pedir de beber los gañanes, segadores y peones. Tragos se toma por aflicciones y tra- bajos, y á ello alude.)

A nuevo negocio, nuevo consejo.

A nuevos hechos, nuevos conse- jos.

A Salamanca el bachiller, para de- prender.

A Salamanca, putas, que ha venido San Lucas; ó que ya viene San Lucas.

A San Lucas por atún y á ver al Du- que. (Responde á quien le pregunta dónde va, dando á entender que tie- ne mucha cabida con el Duque. Es contra vanagloriosos; semejante es el otro portugués contra vanas pregun- tas: ¿Dónde ides? A Eboramonte, á hacer barriles.)

A San Simón y Judas, dulces son las uvas.

A San Vicente, alza la mano de si- miente.

A Santa Justa y Rufina, siembra tu nabina y derrueca tu harina.

A Santa María la más lejos. (Dícese de las mujeres que son amigas de ir á misa á iglesias y romerías y devo- ciones las más lejos.)

A Santa María no la cates vigilia. (La razón es porque no la traen sus fiestas; mas es mejor que entendamos que se ayune siempre, porque es jus- to servir á tan buena Señora y rogar- la nos favorezca y sea abogada nues- tra, como lo es y se lo llamamos en la Salve Regina.)

A sabor de su paladar; lo que á gus- to de su paladar. (Al que se le hacen las cosas á gusto.)

Hase de tirar de una oreja, y no ha de alcanzar á la otra; ó ha de querer tirar de una oreja, y no ha de alcanzar á la otra.

Hase con ello como con cuchara de pan.

A segar son idos tres con una hoz; mientras uno siega, holgaban los dos.

A soñor artero, servidor roncero.

¡Ah, Señor, por quien eres, no se acaben las mujeres!

A son de parientes, busca que me- riendes.

A su amigo, el gato siempre le de- ja señalado.

A su tiempo se cogen las uvas, cuan- do están maduras.

A su tiempo viene lo que Dios en- vía y quiere.

A su tiempo vienen las uvas, cuan- do ellas maduran; ó cuando son ma- duras.

A suegras beodas, tinajas llenas. (Que no puede ser cumplir sin gas- tar.)

A Juan de la Torre, la baba le co- rre.

A sus once vicios. (Por muy á su placer.)

A jueces galicianos, con los pies en las manos. (Entiéndese con el presen- te de aves asidas por los pies con las manos; es muy usado en Galicia y en otras partes, los pobres labradores presentar de lo que tienen á los su- periores, y si tienen pleito á los jue- ces. Del uso de aquella tierra nació el refrán, y á los jueces que se dejan sobornar se llamarán galicianos, por falsos, como las muías de Galicia que lo son más que las de otra parte.)

A juego forzado, no basta maña.

A juego forzado, no le cumple maestra mano.

A celada de bellacos, más vale por los pies que por las manos.

A cinco de Abril, el cuco debe ve- nir; y si no viene á los siete ó á los ocho, ó él es preso ó morto. (Dícese también á los tres de Abril.)

Ha de volver el gato á la ceniza. (Que se ha de hacer, aunque no quie- ran, alguna cosa, y que han de vol- ver al regosto y pagadero.)

Ha de salir la corneja al soto. (Que cada uno sale y corresponde á su na- cimiento.)

Ha de volver la vieja al jarro.

Ha de reventar el cuero, no por la boca, sino por el medio.

A día diado. (Entiéndese cobrar, pagar, haber de llegar á día señalado puntualmente; y es queja de los que deben, cuando los piden el día del plazo sin dilación.)

A días claros, escuros nublados.

(Que tras el placer viene la tristeza y pesar.)

A diente, como haca de atabalero; ó cominero. (Estar á diente, es estar sin comer, tener gana y no lo tener.)

A dineros dados, brazos quebra- dos.

A dineros pagados, brazos quebra- dos.

A dineros pagados, brazos cansa- dos.

A diestro y á siniestro. (Suple lle- varlo, significando lo que alguno atropella y destroza á todas manos.)

A Dios amo y ama, que tan buen pan como aquí hacen en Francia.

A Dios y á ventura dígola avu- tarda.

A Dios y veámonos, y eran dos ciegos.

A Dios nadie se la hace que no se la pague.

A Dios, servir y honrar es reinar.

A Dios, Benavente, que se parte el Conde, y salía un cocinero. (Parecía- le que quedaba yermo el lugar, como cuando sale el conde con su gran casa, que hace mengua.)

A Dios, que esquilan. (Esquilar es tañer campanas pequeñas, ó esquilas, ó esquilones para recoger la gente; y esquilan por tresquilan las ovejas con el sentido del siguiente.)

A Dios, que pinta la uva. (Dicho por mozos que se despiden en buen tiem- po de los amos.)

A Dios, que se va mi amo. (Con esto el lacayo abraza y se despide de la moza con quien hablaba en el zaguán.)

A Dios, que me voy con la colora- da; y era una bota de vino ó la me- jor manta.

A Dios, paredes; á Dios, paredes; hasta la vuelta.

A Dios, que me mudo. A Dios ve- cinas, que me mudo. (Fingen que unos ladrones entraron en casa de una vieja, y ella, con el miedo, metió la cabeza entre la ropa; y ellos, con la priesa, sin echar de ver, envolvie- ron colchón y ropa juntamente con la dueña y cargaron con todo. Al sa- lir por la puerta, ella, viéndose llevar con su ajuar y que había en la calle

socorro de vecindad, comenzó á de- cir las palabras dichas, y con esto la dejaron y huyeron.)

A Dios, paredes, que me voy á ser santo; é iba á ser ventero.

A Dios te doy, abad de Vallecas, estás muerto y resucitas; ó, estás muerto y rabias.

A Dios te doy, libreta bebida y por hilar. (Reprehende á los que no mo- deran el gasto, y antes que lo ganen ó caiga la renta lo tienen gastado.)

A Dios rogando, y con el mazo dan- do. (El mazo es de los oficios de fuerza, de hacer carretas y poner los arcos á las cubas; quiere decir que nosotros obremos y nos ayudará Dios, y no queramos que nos sus- tente holgando.)

A do las cuestas, y acógete á ellas. (Con cobardes.)

¿A irá el buey que no are?

A do sacan y no pon, presto lle- gan al hondón. (Pon, se dice cortado de ponen.)

¿A bueno, Tuda? A Alcalá, si el Dio me ayuda.

A do te quieren mucho, no vayas á menudo. (Porque no canses.)

A do pensáis que hay tocinos, no hay estacas.

A do tu pie, aquí mi oveja; ó cata aquí mi oreja. (Contra respues- ta de este propósito.)

¿A vas duelo? A do suelo.

¿A vas bien? A do más se tien.

A dolor cualquiera, el remedio es la paciencia.

¿A irá el buey que no are? A la carnicería.

¿A irá el buey que no are, pues que arar sabe?

¿A ides á Eboramonte? A hacer barriles (en Portugal).

¿A dónde puedo ir que más valga? (Cuando uno se halla bien donde está.)

A donde tengo los dientes, allí ten- go los mientes. (Varíase.)

A donde va la mar vayan las arenas.

A donde va el Rey, allá va la corte.

A donde va lo más, vaya lo menos.

¿A dónde vais? A la guerra. ¿De dónde venís? De la guerra. (Dícese

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dando á entender cuan briosos van los mozos á la guerra, sin experien- cia, y cuan mansos y quebrantados vuelven de ella, sin haber logrado sus altos pensamientos; á lo primero responden orgullosos, á lo segundo marchitos y en tono bajo.)

¿A dónde vas, mal? A donde más hay.

A dos días buenos, ciento de due- los.

A dos palabras, tres porradas. (Con- tra los necios mal hablados.)

A dos manos, como embarrador. (Entiende hacer algo.)

A dos manos, como quien se mesa; ó como quien se lava.

A falta no hay pan malo.

A falta de hombres buenos, casé mi hija con suegros.

A falta de hombres buenos, hicie- ron á mi padre alcalde; ó sois alcalde, padre.

A falta de caldo, buena es la carne.

A falta de carne, bueno es el caldo.

A falta de capón, pan y cebollón.

A falta de partido, á mi padre pu- sieron jurado. (Es de Aragón, y ansí tiene su frase, cuando ocupación sin provecho la dan á uno so capa de honrarle, eso es, á falta de partido, que es de salario, que si hubiera pro- vecho, á otros le dieran. Jurado, es lo que en Castilla alcalde ó corregi- dor.)

A falta de pan, buenas son tortas.

A falta de vaca, buenos son pollos con tocino.

A falta de polla, pan y cebolla.

A falta de moza, buena es Aldonza.

A mengua de moza, buena es Al- donza.

A facendado crego, dala Deus, ó lé- vala o demo. (El gallego.)

A fe que se ha topado horma de su zapato.

A feria iréis que más ganaréis.

A feria vayas que mejor se te ven- dan tus alhajas.

A feria vayas que más ganes.

A feria vaya que más gane.

A fuer de Aragón, á buen servicio mal galardón.

A fuer de Aliste, que más se obliga el que se desobliga. (Es tierra de ha-

bla sayaguesa y tosca, en que llaman desobligar al mucho obligar.)

A fuer de Toledo, que pierde la dama y paga el caballero.

A fuer del potro, un maravedí y yo otro. (El Potro es en Córdoba un caño que echa agua en forma de po- tro por la boca, y da nombre á la pla- zuela y barrio á donde está. Tienen los vecinos opinión de finos y redo- mados por la contratación; y para de- cir á uno que es taimado y fino bella- co, se dice: «Es del Potro», «Ha bebi- do en el Potro», como encastillase dice: «Es de Segovia», «Ha estado en Segovia.»)

A fuera, á fuera, que Madrigal no es aldea.

A fuera del agua, que es mudado de aire. (Cuando mudan los azores y hal- cones los dan baños de agua, sueltos en aposentos. Los que en el campo en su libertad se mudan, los llaman mu- dados de aire, y es mejor muda. Algu- nas veces los domésticos no vuelven á la mano, y se quedan en el monte, y primero que los cogen suelen mu- dar, si es por el tiempo de la muda; aplícase al que es más ladino y para más.)

A fuera, que va de reales.

A fuera, que va sobre apuesta.

A fuera, Mari Báñez, que malos ti- ros traes.

A fuera, Mari Pérez, que malos ti- ros tienes.

A fuerza de Dios y de las gentes. (Cuando uno atropella por concien- cia y respeto del mundo.)

A fuerza de fortuna, no vale cien- cia ni arte alguna.

A fuerza de ballestero, hierro ó vi- llano en medio.

A fuerza de varón, espada de go- rrión. (Que cuando hay violencia de mayor, se tenga maña y paciencia, y use de blandura y cortesía, con la go- rra en la mano.)

A fuerza de villano, hierro en me- dio; ó hierro en mano.

A fuerte fortuna, corazón de hierro.

A fraile no hagas cama; de tu mu- jer no hagas ama.

A fraile güeco, soga nueva y al- mendro seco.

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A galgo viejo echalle liebre, no co- nejo.

A gana de comer no hay mal pan, ni agua mala á gran sed.

A ganado poco, silvo redondo. (Del que, conpoco caudal, se atrevo á mu- cho y con poco presume.)

A gallego pedidor, castellano tene- dor.

A Güete, que es lugar donde ense- ñan crianza. (Ansí el de Cuenca los nota de descorteses.)

A Güete por crianza. (Los de Cuen- ca tienen por groseros y libres á los mozos de Güete; y para decir de uno que es para poco y holgazán, dicen: «Es de tierra de Güete»; y en la plaza de Cuenca, cuando el toro va tras al- guno, que todos dicen «Dios te guar- de, hombre», añaden: «Si no eres de Güete».)

A gran arroyo, pasar postrero.

A gran estatua, gran basa.

A gran' salto, gran quebranto.

A gran seca, gran mojada. (Cum- plióse á la letra el año 1623, que fué muy seco por extremo, tanto que se secaron las fuentes de muchos luga- res, en el verano; Tormes casi no co- rría, y no molían las aceñas y hubo carestía de pan cocido; y en otro, el invierno muy mojado por Octubre.)

A gran subida, gran descendida; ó gran caída.

A gran determinación no se miem- bra inconveniente.

A gran gola, larga soga.

A gran güésped, gran plato.

A gran perro, gran güeso.

A gran priesa, gran vagar. (Cuan- do en la ocasión de priesa se dan es- pacio.)

A gran miedo, gran misericordia. (Sucede mejorar Dios las cosas que se temían, y salir de miedo.)

A gran llena, gran vacía.

A gran hambre no hay pan malo, ni duro, ni bazo.

A gran oferta, gran pensamiento; y á mucha cortesía, mayor cuidado.

A barco viejo, bordingas nuevas. (El Asturiano llama bordingas á los maderos que se ponen á lo largo en los barcos para reforzarlos. Quiere decir que las cosas sean proporcio-

nadas, y no desconvenientes, y re- prehende la desigualdad de ella

A barba, ni tapia ni zarza. (Quiere decir que para los hombre- n<> bas- tan las paredes, bardas zarza- con que cercan las heredados para que no entren en ellas, aunque pueda bastar para las bestias y ganados; y puédese acomodar á cosas mayores, como escalar casas, conquistar ciu- dades; y que los nombres que son hombres, signiñeados por la barba, tienen prudencia y maña para con- cluir cualquier hecho.)

A barba muerta, obligación cu- bierta. (Que disimulan tenerla á los hijos y viuda del muerto.)

A barba muerta, poca vergüenza. (Que después de unomuerto, los que con temor y respeto estaban enfre- nados, se atreven á hablar contra él y poner demanda si tenía deudas y aun embargar el cuerpo; y los que solían responder bien, se enfrían, y á la viuda y hijos todos se les atre- ven y los estiman en poco. Esto sin- tió y quiso decir D. Francisco de Ga- larza, cuando preguntándole los jue- ces en la visita de cárcel: ¿Por qué estáis vos preso?— Por hijo de Oidor muerto, respondió. Aplícase también á los hijos de viudas y otros que se crían libres, sin padre ni mayor que los corrija, y salen desvergonzados y mal criados. Tuvo principio este re- frán de los ejemplos ordinarios que cada día vemos de esta materia, aun- que no está lejos haberle dado el cuento de la historia del Cid; y es que estando, después de muerto, em- balsamado, vestido y sentado en su escaño de San Pedro de Cárdena, al cabo de siete años que así estaba, un día que se hizo una grande fiesta, es- tando todos fuera de la iglesia, un judío que allí vino se entró dentro y estuvo mirando una gran pieza al Cid, y como vido que no había na- die, llegóse á él y di jóle: A tu barba nunca llegó cristiano ni moro; yo llegaré á tí, y veremos qué harás. En- tonces, el Cid echó mano á la espada y sacó de ella cuanto un palmo; de lo cual el judío fué tan espantado que cayó en tierra y quedó amorte-

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cido; y cuando la gente entró en la iglesia y le hallaron ansí, echáronle agua, y volviendo en sí, dijo lo que le había acontecido, y tornóse cris- tiano y sirvió en aquella iglesia mu- cho tiempo.

A Belmonte, caldereros, que dan jubones y dineros.

A vendimia mojada, la cuba presto aliviada. (Porque no se detiene el vino de vendimia mojada, y ansí aconseja al dueño que se deshaga de ello antes que se pree y acede. Ven- dimia se pronuncia con B, aunque al- gunos por irse al latín corrigen con V, y no vale la regla de la derivación latina; que escrivano decimos y es- cribimos, y no con B, escribano; y cavallo, no caballo, que de esto poco advertido de ortografía para con lo demás que enmendaremos.)

A bestia loca, recuero modorro. (Lo que á asno lerdo, modorro arrie- ro.)

A bestia comedora, piedras en la cebada. (Dice que, álos demasiados, se les sofrenada y se les ponga límite.)

A bestia mala, espuela y vara.

A bestia buena, vara y espuela.

A beber vino, beber, nunca me venció mujer. (Salió de un cantar.)

A bien y mal traer, como vasallos de Aragón; ó á bien y mal pasar. (En Aragón los señores tienen su abso- luta, que es entera, jurisdicción so- bre los vasallos para castigar y ab- solver y perdonar como reyes. Que las amistades y compañías han de ser para todo.)

A bien comer ó mal comer, tres veces beber. Ni quiero tres ni trece, que un tordo bebe cien veces. (Lo postrero añadió la vieja que no qui- so tener limitadas veces.)

A bien te salgan, hija, tus arre- mangos; ó estos arremangos.

A bien te salgan, hijo, tus barra- ganadas. El toro estaba muerto, y hacíale alcocarras con el capirote desde las ventanas. (Es ironía decla- rada contra los que son para poco, y por encubrirlo menoscaban lo que otros hacen, y de nada ajeno se con- tentan.)

A boda ni á bautizado, no vayas sin ser llamado. (Es bautizo ó ba- teos.)

A bodas y á niño bautizado, no va- yas sin ser llamado. (Porque no en- fades.)

A bocado harón, espolada de vino. (En la anciana edad, por las pocas ganas de comer y falta de dientes, es usado esto; acomódase á otras cosas.)

A buey viejo, no le busques abrigo, búscale al becerrillo .

A buey viejo, no le busques abrigo, porque él se va á lo verde y deja á lo seco; y si verde no halla, lo seco apaña.

A buey viejo, cencerro nuevo. (Di- cen que el cencerro anima al buey; mas debe ser que lo imaginan ansí los dueños; y en este sentido, aconse- ja que el hombre se case con moza y no con vieja. Por sentido contrario, desdeña las cosas desproporcionadas.)

A buey viejo, ¿para qué cencerro?

A vuelta y media, torrezno fuera.

A buen año y malo, tu pan tempra- no y tu carnero vedado; si yerras un año, no errarás cuatro. (Carnero ve- dado es apartado de las ovejas hasta el Agosto, para que vengan á parir juntas por Enero, y los corderos co- mienzan á pacer por Febrero. Tam- bién dicen: á buen año y malo, tu pan armado y el mi pan armado, por ralo.

A buen año y malo, no dejes la ha- rina en el salvado.

A buen año y malo, pase la harina el cedazo.

A buen año ó malo, molinero ú hortelano.

A buen entendedor, breve habla- dor.

A buen entendedor, pocas palabras; ó poca parola.

A buen negociador, no le duelen los pies.

A buen santo lo encomendáis.

A buen santo lo encomendastes. (Es más usado por ironía.)

A buen servicio, mal galardón, á fuer de Aragón.

A buen bocado, buen grito. (Con- tra la golosina y gula, que trae dolor y gemidoj.

A buen bocado come la cabra.

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A buen capellán, mejor sacristán. (Un clérigo, en una posada, comía un palomino, y otro pasajero rogábale que le admitiese á la parte, y lo pa- garía; el capellán se excusó; el cami- nante comió su pan y después dijo: «Tan bien he comido yo al olor como vos al sabor.» Dijo el capellán: «Si eso es, pagad vuestra parte.» El otro que no, él que sí, pusieron por juez al sacristán del lugar, que se halló allí; él preguntó y supo que el palomino había costado medio real y hizo sa- car al caminante un cuartillo y sonó- le encima de una mesa y dijo: «Reve- rendo, teneos por pagado del sonido, como esto otro se tuvo por contento del olor.»)

A buen compañón, buena compa- ñía.

A buen comer ó mal comer, tres veces beber: la primera pura, la se- gunda como Dios la crió en la uva, la tercera como sale de la cuba.

A buen tiempo habernos llegado. (Ironía y queja por tiempo trabajoso y de ser desdeñados.)

A buen tiempo llegamos, si no nos dan de palos.

A buen tiempo vengo, si no me dan de palos. (Lo primero dice quien entra en ocasión que comen, ó se re- parte algo. Lo segundo suelen decir los que están por donaire, si no os dan de palos, y dícelo junto el que viene, torciendo en la razón, el os en me ó en nos.)

A buen viento está la parva. (Dí- cese de las cosas que están bien dis- puestas para hacerse; y con algo de ironía de los que se están holgando á todo su placer, con descuido de todo lo demás; y con clara ironía se dice de los que no son muy entendidos, ni tienen hacienda, y tratan de casar- se, y de otras cosas que pertenecen á los más cuerdos; y se aplica al que ha bebido y está alegre y parla con el vino; y al loco y mentecato que tra- ta de gobernar fundado en dispara- tes, y de placer.)

A buena defucia, mala desierta. (Cuando uno desahució con tiempo, v después, sin más cuenta, desampa- ra las posesiones, como si dijésemos

una casa ó bodega, sin entregar las llaves y cubas con sus aderezos y re- paros. Está errado en el Comenda- dor, y debemos la enmienda á don Antonio Altamirano, Colegial del in- signe de Cuenca, ya Oidor.)

A buena fe, y sin mal en bestia. (De los que buscan su comodidad.)

A buena fe, y sin mal engaño.

A buena pieza, mala suela. (A lo desconforme.)

A buena hambre, no hay pan duro.

A buenas obras, pagan buenas pala- bras. (Cuando no hay otra moneda.)

A buscar la ando, la mala de la rue- ca, y no la hallo. (Con las perezosas.)

A burra vieja, albarda nueva.

A burra vieja, cinosa amarilla.

A braga rota, compañón sano.

A blanca vale la vaca; mas, ¿qué es de la blanca?

A cautelas, cautelas mayores. (Es tan alevosa la cautela, que para des- hacella merece contratreta de ma- yor cautela.)

A carne de lobo, diente de perro mastín; ó sabueso.

A carnero castrado, no le tien- tes el rabo. (Tientan la cola para ver si los carneros están gordos; en el castrado hay poca necesidad de ca- tarle, porque carece de celo, y como quiera es mejor que el cojudo.)

A cartas, carta*, y á palabras, pala- bras.

A calza corta, agujeta longa.

A corta calza, agujeta larga.

A can que lame ceniza, no le fiar harina.

A canas honradas, no hay puertas cerradas.

A casa de tu hermano, no irás cada serano. (Serano es la tarde; no irás á menudo.)

A casa de tu tía, mas no cada día. (Entiéndese irás, mas no tanto que enfades.)

A casa del amigo rico, irás siendo requerido; y á casa del necesitado, iras sin sor llamado.

A casa del cura, ni por lumbre vas segura.

A casas viejas, puertas nuevas.

A caso nuevo, consejo nuevo.

A caso repentino, el consejo de la

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mujer; y al de pensado, el del más barbado.

A Castilla fué, de Castilla volvió; barranco saltó, garrancho la entró; tal cual está, tal te la dó: digo y re- digo, que cual está la recibo.

A Cazalla por monas, á Alaniz por bogas. (Entiende monas de vino.)

A cada olla, su cobertera.

A cada ollaza, su coberteraza.

A cada uno inclina Dios para lo que es, y á buen fin, si no le tuerce el que se hace ruin.

A cada uno le güele bien el pedo de su culo.

A cada uno le güele bien su pedo.

A cada cabeza su seso.

A cada necio agrada su porra y su porrada.

A cada cabo, hay tres leguas de quebranto. (De mal camino.)

A cada cual, se levantan los paja- ritos en el muladar. (Con este símil quiere decir, por ironía, que no se ha de dar á todos igual honra, ni se han de levantar todos á todos los que en- tran, y dice que á cada cual sucede perder.)

A cada cual da Dios el frío confor- me anda vestido.

A cada cual da Dios frío como an- da vestido.

A cada paj arillo parécele bien su nido.

A cada puerco le viene su San Martín. (Castiga los que piensan que no les ha de venir su día, y llegar al pagadero. Por San Martín se matan los puercos, y de esto se toma la semejanza y conforma con el otro que dice: No hay plazo que no lle- gue.)

A cada puerta su dueña extiende la barra, y limpie, y debajo de. esto que cada una mire por su casa, y no se vaya por las vecinas, y cada uno acuda á su obligación.

A cada viento se muda, como vele- ta ó pluma.

A cada malo, su día malo. (Le vie- ne.)

A cada rato un poco de mal que- branto, ó tres leguas.

A cada rato tres leguas de mal ca- mino, y mal paso.

A cabo de cien años, todos seremos salvos. (Calvos.)

A cabo de cien años, marido, sois zarco ó calvo.

A cabo de vendimias, covanillas ó cuévanos, covanillos ó cestos.

A cabo de rato, Andújar. (Porque los de Andújar llegaron tarde des- pués de vencida una batalla contra los moros de Granada, ó se lo acha- can por matraca.)

A cabo de rato, oxte, usté.

A capa vieja, no dan oreja.

A catarro gallego, tajada de vino.

A cavador perucho, si le dieres al- go, no sea mucho. (Aconseja que no se pague adelantado, no se vayan con ello. Por perucho se entiende taima- do y labrador cualquiera.)

A caballero nuevo, caballo viejo.

A caballo nuevo, caballero viejo. (Para que le trisne bien.)

A caballo dado no hay que mirar la boca.

A caballo dado no le mires el dien- te, si ha cerrado.

A caballo comedor, cabestro corto. (Lo que á bestia comedora piedras en la cebada.)

A caballo muerto, la cebada al rabo.

A carros quebrados, carriles afar- tos.

¿A qué no te pusiste? A lo que no me vino; que si me viniera, para todo nacido era.

¿A qué puerta llamará Vm. que no le respondan? (Subiendo un truhán una escalera, delante de un señor, paróse á tirar las botas; dióle el tal una palmada en las ancas para que anduviese, y soltó un traque, y riñén- dole la descortesía, respond ió: «¿A qué puerta llamará Vm. que no le res- pondan?»)

¿A qué tañen? A misa. Tañan, ta- ñan, que bien se lo pagan.

¿A qué tañen? A beber. Mozo, daca esos zapatos.

¿A qué tañen? A misa. Dios nos perdone, que no podemos ir á oiría.

¿A qué tañen? A beber. Andar, cua- dril, que allá habéis de ir.

¿A qué tañen las campanas? A cula- das, á culadas, á culadas. (Es juego de niños.)

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¿A qué tiempo habernos venido? A peor vendremos que pajes; y era la- cayo.

¿A qué mata viene á hacer leña?

A quien ha de pasar barca, no le cuentes jornada.

A quien ha mordido la culebra, guárdese de ella.

A quien has de acallar, has de ha- lagar.

A quien has de dar de cenar, no te duela darle de merendar.

A quien has de dar la cena, no le quites la merienda.

A quien has de dar de yantar, no te duela darle de almorzar.

A quien has de dar de cenar, no le quites el almorzar.

A quien has de contentar, no le has de enojar.

A quien has de rogar, no has de agravar.

A quien has descubierto celada, de éste te guarda.

A quien has menester, llámale de merced.

A quien habrás menester, trátale de merced.

A quien amares, nunca le des pa- res.

A quien amares de corazón, dale pares, nones non.

A quien amasa y cuece, muchas le acontece.

A quien el vino no plaz. Dios le quite el pan.

A quien en Mayo come la sardina, en Agosto le pica la espina.

A quien es de vida, el agua le es medicina.

A quien errares, nunca le creas.

A quien una vez me engaña, mal le haga Dios, y ayúdele si dos.

A quien una vez miente, no se le ha de dar entera fe otra vez. (Des- pués.)

A quien la ventura es corta, la vida le sobra.

A quien la ventura le falta, la vida le sobra.

A quien la su muerte le duele, con la causa se consuele. (Si va bien per- dida.)

A quien le duele la buba, ése la es- truja.

A quien nada tiene, eJ Rey le 1. franco; ó á quien no tiene.

A quien no le sobra el pan, no críe can.

A quien no le basta espada y cora- zón, no le bastarán corazas y lanzón.

A quien no teme, nada le espanta.

A quien no tiene amigos, pobre le llaman y desvalido.

A quien no tiene labrado, Agosto se le hace Mayo.

A quien no tiene nada, nada le es- panta.

A quien no dábamos vida, en galo- chas va á misa.

A quien no mata puerco, no le dan morcilla.

A quien no habla, no le oye Dios; ó á quien no llama, no le oye Dios.

A quien se ha de matar, en el co- razón se ha de dar.

A quien cierne y masa, no le hur- tes hogaza. (Quiere decir á quien tiene experiencia y conocimiento de las cosas, no procures engañarle, que no podrás echarle dado falso. Re- pítese aquí por la varia lección.)

A quien da y no toma, dicha es que tiene corta; ó que le falta. (Es que no le dan pago. Los muchachos, dicen: á quien da y no toma, nácele una co- rona. Alabando los confiables.)

A quien da y toma, nácele una co- rona. (Es que el dar le fué gran- jeo.)

A quien da y toma, nácele una cor- cova. (Dicen esto los muchachos á los desconfiados que dan dando y to- mando.)

A quien da no escoge, y dábanle de palos.

A quien da no escoge, y eran cu- chilladas.

A quien das en qué escoger, le das bien en qué entender.

A quien de miedo se muere, en mierda le hacen la fuesa.

A quien de miedo se caga, en mier- da le hacen la fosada.

A quien dieron á escoger, dieron á la ira.

A quien Dios ama, la casa le cata.

A quien Dios amó, en el rostro se lo mostró.

A quien Dios se la diere, San Pedro

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se la bendiga. (Varíase: á quien Dios se la dio, á quien Dios se la da.)

A quien Dios quier, á otro no menester.

A quien Dios quiere ayudar, el viento le apaña la leña.

A quien Dios quiere bien, en Sevi- lla le dio de comer; y á quien Dios quiere mal, en Córdoba le dio un la- gar; ó á quien Dios quiso bien.

A quien Dios quiere bien, en su tierra le dio de comer; ó en Sevilla le dio de comer. (Este es más general á todos, porque cada uno se acomo- da al lugar que tiene afición, y cada uno ama su tierra; ya dicen: á quien Dios quiso bien, en Madrid le dio de comer.)

A quien Dios quiere bien, la casa le sabe y el hogar también; y á quien mal, la casa y el hogar. (A éste para olvidarle como á ingrato, ó castigar- le como malo; al otro para favorecer- le, porque lo merece.)

A quien Dios quiere bien, la casa le sabe; y á quien mal, ni la casa ni el hogar. (Porque Dios lo sabe todo; quiere decir que no le visita Dios en uno ni en otro, porque no le halla digno; al bueno sí.)

A quien Dios quiere bien, la perra le pare puercos; ó lechones.

A quien Dios quiere bien, la hor- miga le va á buscar. (Entiende á sus eras y trojes.)

A quien Dios quiere bien, la hor- miga á buscarle vien.

A quien Dios bien quiere, la hor- miga á buscarle viene.

A quien Dios quiere bien, dale de comer en los campos de Santarén; y á quien quiso más que bien, se lo dio en los campos de Vaibén.

A quien Dios quiso bien, llevóle á morar entre Lisboa y Santarén.

A quien Dios más ha dado, á más es obligado; ó á más le está obligado.

A quien dices tu secreto, das tu li- bertad y estás sujeto.

A quien dices tu poridad, á ése das tu libertad.

A quien duerme, duérmele la ha- cienda.

A quien duele la muela, que la eche fuera; ó que se la saque.

A quien buena mujer tiene, ningún mal le puede venir que no sea de sufrir.

A quien bragas no adochó, las cos- turas le sannochó ó enojó.

A quien quieras mal, cómele el pan; y á quien bien, también.

A quien cuece y amasa, no le hur- tes hogaza; ó á quien cierne y amasa. (Quiere decir al que sabe del arte, no trates de engañarle, que no podrás. Metáfora de la que masa, que cuenta sus panes al ir y venir del horno.)

A quien cría pollos y niños, siem- pre le andan los dedillos; ó siempre le lamen los dedillos. (Entiéndese dándoles de comer.)

A quien tanto ve, un ojo le basta.

A quien te la fai, faila. A quien te la faz, faz la.

A quien te da el capón, dale la pierna y el alón.

A quien te pidiere la capa por jus- ticia, dale la media en paz.

A quien tiene suegra, cedo se le muera.

A quien tiene cabeza, no le falta capilla. (Cabeza dice por el entendi- miento.)

A quien tiene mala mujer, ningún bien le puede venir; sino es que sea, que ella se muera.

A quien tiene ropa y duerme en el suelo, no le tengo duelo.

A quien vela, todo se le revela.

A quien bien vela, todo se le re-' vela.

A quien madruga y vela, todo se le revela. (Estos refranes usaron en sus armas y escudos Luis Vela Núñez y Diego Vela Núñez, caballeros de Avi- la y heredados en Villanueva, cerca de Jaén, cuando se ganó de moros aquella tierra; y aunque de su linaje tenían otras armas, ellos pusieron en el escudo un brazo de plata en campo verde, con una hacha blanca en la mano con la llama de oro, con los motes dichos, significando su nom- bre Vela y su vigilancia en guardar la frontera.)

A quien ventura olvida, sóbrale la vida.

A quien vieres amarillo, no dudes de pedillo. (Que mujer que se ena-

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mora de color tan disoluta, no puede ser sino mala mujer.)

A quien vieres de pajizo, no tienes sino pedillo.

A quien mal le pareciere, mal le haga Dios. (Lo que uno determina hacer. Va on la Y: Y á quien mal.)

A quien mal deseas, un rocín le veas; y á quien más mal, un par.

A quien mal vive, su miedo le si- gue.

A quien mal quieras, pleito le veas; y á quien más mal, pleito y orinal.

A quien mal quisieres, un rocín le allegues; y á quien más mal, dale un par.

A quien mal hicieres, nunca le creas.

A quien mala fama tien, ni acom- pañes ni quieras bien.

A quien matare el padre, no le críes el hijo.

A quien me engaña una vez, fáltele Dios, y ayúdele si dos.

A quien miel menea, miel se le pega.

A quien miedo le han, lo suyo le dan.

A quien mordió la culebra, guár- dese de ella.

A quien hace casa ó hija casa, la bolsa le queda rasa.

A quien hila y tuerce, al sol se le parece. (Tendidas las telas á cu- rar.)

A quince de Marzo, da el sol en la sombría y canta la golondrina.

A quillotro aquillotrado, nunca le falló velado. (Mucho precié cuando hallé éste en boca de una dueña di- cho tan honestamente, por lo qu3 á virgo perdido.)

A corta calza, agujeta larga. (Para que ayude á cumplir.)

A concejo malo, campana de palo. (Que en el mal gobierno nada hay bueno.)

A concejo ruin, campana de made- ro; otros dicen, de madera.

A confesión de castañeta, absolu- ción de zapateta.

A costa de barba longa.

A coger amapolas, madre, me per- dí; caras amapolas fueron para mí.

Ha comido cazuela. (Dícenle á uno

que se pasea; ó le preguntan si la ha comido.)

¿A cómo vale el quintal del hierro? Dadme una aguja. (Contra los que para comprar una leve cosa, se in- forman y preguntan á cómo vale la arroba.)

Ha corrido á Ceca y Meca, y la Ca- ñavereta, y los olivares de Santa- rén. (Decláranse las dos palabras ade- lante, en el otro: andar de Ceca en Meca.)

A cualquier dolencia, es remedio la paciencia.

A cualquier duelo, la paciencia es remedio.

A cuero tiesto, álzase el piezgo. A cuero tiesto, piezgo enhiesto. (Tiesto se entiende aquí por atestado y lleno de vino; y aunque sea de vien- to. Adelante se dice: El cuero des- pués del leño, alza el piezgo. Cuero lleno, piezgo enhiesto. Dan á enten- der que bien comiendo,* y bebiendo vino demasiado, se cae en el vicio deshonesto; lo cual debe huir todo hombre de- virtud y honra, y no usar del vino más de por medicina.)

A cuenta del conde, no mates al hombre. (Dícese adelante: En hoto del conde.)

A cuentas viejas, barajas nuevas. (Adelante está: Cuentas viejas, bara- jas nuevas.)

A cureña rasa, tirar sin mira. (Me- táfora de ballesta, que no ponen se- ñal de puntería. Cureña es la tabla de la ballesta.)

A clérigo mudo, huyele el bien que tiene por seguro.

A clérigo mudo, todo bien le huyó. (Al corto letrado de suyo; y ansí se aplicará á los cortos y á los no dies- tros en su oficio.)

A clérigo hecho de fraile, no le fíes tu comadre.

A fraile hecho de abad, bien se la puedes fiar. (Aquí, abad es clérigo se- cular.)

A par de río, ni compres viña, ni olivar, ni caserío. Apalabras locas, orejas sordas. A palabras, palabras. A palabradas recias, abajar las ore- jas.

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A paloma harta, la arveja la amar- ga.

A palomar caído, por demás es echarle trigo.

A pan y cebolleta, no es menester trompeta.

A pan y cebolleta, no cumple trom- peta.

A pan de quince días, hambre de tres semanas.

A pan duro, diente agudo.

A panza llena, mejor se aconseja. (Quiere decir se toma y da consejo.)

A padre ganador, hijo despende- dor.

A padre guardador, hijo gastador.

A padre allegador, hijo desper- diciador.

A padre restriñido, hijo con cáma- ras.

A pagar de mi bolsa. A pagar de mi dinero.

A paño merchante, buena muestra delante.

A peine encordado, cabello enhe- trado.

A pesar de gallegos. A pesar de ruines. (Afirma que fué hecho ó será.)

A pece grande, soltalle la caña.

A persona lisonjera, no la des oreja.

A pecado nuevo, penitencia nueva.

A pecados viejos, penitencia nue- va. (Cuando se riñen cosas olvidadas y renuevan la memoria; y cuando vienen enfermedades y trabajos, tras vida desenfrenada.)

A perro viejo, no tus tus; ó no cuz cuz; ó nunca cuz cuz. (Que no se deja engañar, como el nuevo, con halagos y pan.)

A piedra queda, amigo molinero. (Que entonces hace amistad.)

A pies de puerco y cabeza de bar- bo, ¿quién tendrá quedas las ma- nos?

A picada de pulga, pierna de sá- bana.

A picos votos, como en los mo- lares.

A Pitiegoa tu pan lleva; lo tuyo te comerán, y de lo suyo no te darán. (Es lugarejo mal proveído, cuatro le- guas de Salamanca, camino de Medi- na y Valladolid.)

A por a, y b por be. (Decir distin- tamente y claro.)

A pobre y cautivo, no hay amigo .

A pobreza, no hay vergüenza.

A poca barba, poca vergüenza.

A poca comida, poca bebida.

A poco dinero, poca salud.

A poco caudal, poca ganancia.

A poco pan, tomar primero; 6 luego.

A poco vino, cuidadino.

A poco vi, cuita ti. (El catalán).

A pollo pión, duro cortezón. (Que á un importuno se ha de dar cosa dura para que se entretenga con ella buen rato, como al perro un güeso.)

A puerca parida, no se harina. (Porque come mucho á causa de los hijos; en las mujeres es lo propio, á quienes se aplica.)

A puerco fresco y berenjenas, ¿quién tendrá las manos quedas?

A puerta cerrada, el diablo se torna.

A puerta cerrada, labor mejorada.

A puerta cerrada, buena mea jada.

A puerta de cazador, nunca gran muladar. (Porque nunca es buen la- brador el que se divierte en la caza.)

A puertas viejas, aldabas nuevas.

A pueblo muerto, alcalde tuerto.

A pulso de trapo, médico de paño.

A putas y ladrones, nunca faltan devociones.

Al puto no putes, y al ladrón no hurtes; ó al puto no putes; ó al tro- cado.

A puñadas entran las buenas ha- das. (Con diligencia y puro trabajo.)

A presurosa demanda, espaciosa respuesta.

A pregunta necia, disimulada res- puesta.

A primera vayas, y treinta y nueve hagas.

A propósito, Dr. Jarro. (Cuando alguno no hace ni habla á propó- sito.)

A placeres acelerados, dones acre- centados. (Mejor es dolores doblados ó acrecentados.)

A tal abad, tal monacillo.

A tal aventar, no es menester so- plar.

A tal aventijo, no es menester so- plijo. (Tómase de un cantarciilo de la

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amiga del abad, que se soltó por el mal postigo.)

A tal hora, espulga el lobo al asno. (A lo que se hace á larga noche.)

A tal olla, tal cobertera.

A tal Señor, tal honor.

A tal tajo, tal revés.

A tal tiempo, tal tiento.

A tal horma, tal zapato; y á tal za- pato, tal horma.

A tanto pedidor, tanto cagajón.

A teatino, ni el dedo menino. (Que no se les ha de dar entrada ni en muy mínima cosa, porque no se alcen con todo; ya es notorio á quiénes llaman teatinos en Castilla. Dícelo aquel je- roglífico: «pues que nadie te atina, yo te atino, dinero mío».)

A tela urdida y á mujer parida, nunca la faltó guarida. (Urdida y co- menzada á tejer la tela, de aquí, de allí, se cumple la falta. La mujer sol- tera que la sucede parto de aventu- ras, nunca la falta casamiento; y á cualquiera pobre, acogimiento. Este es casi alegórico sentido; el natural, damos en otro destrocado: á mujer parida y á tela urdida.)

A Tetuán por monas, y á Guadiana por bogas. (Esto es como decir: va- yase á pasear, ó espulgar un galgo, cuando no quieren dar, ni hacer lo que otro quiere.)

A lo digo, hijuela; entiéndelo, mi nuera.

A lo digo, hijuela; respóndeme tú, dueña. (Cuando, so color de uno, decimos y queremos otro.)

A mismo te haces la copla.

A tocinos salados, no nacen cuar- tanas, sino entre hoces y marranas. (Lo primero es en invierno, de San Martín en adelante. Lo segundo quie- re decir: entre San Juan y Todos los Santos.)

A toda hora el perro mea, y la mu- jer llora.

A toda ley, arar con buey.

A toda ley, ayude Dios á nuestro Rey.

A toda ley, viva el Rey.

A toda ley, viva nuestro Rey.

A toda ley, boñiga de buey; y si es flaca, boñiga de vaca. (Trocado en pulla del siguiente.)

A toda ley, morcilla de buey; mas á ley entera, yo de puerco la qui- siera.

A toda ley, mozo manso y fiel; y si fuere callado, dale al diablo.

A toda ley, hijos y mujer.

A todo hay maña, sino á la muerto. (Ansí lo dicen á su modo en Ara- gón.)

A todo faltar, ahí está Italia, do no faltará nada; ó una pica ó lanza.

A todos conviene temer á Dios y las leyes.

A todo pajarillo agrada su nidi- 11o.

A todos tiembla la barba.

A torrezno de tocino, buen golpe de vino.

A tu abogado y á tu abad, siempre le di la verdad.

A tu amigo dile la mentira; si te guarda poridad, dile la verdad.

A tu amigo gánale un juego, y vuél- vele luego. (Que no juegue más.)

A tu amigo cómele el pan, y bébele el vino. (Dicho es de más interesado de lo que conviene; mejor está el si- guiente.)

A tu enemigo, cómele el pan y bé- bele el vino.

A tu criado no le hartes de pan, y no pedirá queso.

A tu criado hártale bien, y verle has callado.

A por tú, como en taberna. (Tra- barse, haberse.)

A tu tía. (Despidiendo y negando, se dice que se vaya con Dios.)

A tu marido muéstrale lo otro, mas no del todo. (Aconséjala que no indicio de deshonesta y que sea se- creta; y á todos que sean advertidos y traten con recato y resguardo.)

A tu mesa ni á la ajena, no te sien- tes con la vejiga llena.

A tu mesa ni á la ajena, nunca con la vejiga llena. (Que no detenga la orina.)

A tu rey no ofendas, ni te metas en sus rentas.

A tu hija muda, véasla viuda. (Es- te refrán habla como el otro: «A la mujer casera, el marido se la muera». Aquí dicen lo mesmo las viudas, de- fendiéndose: si tu hija es callada y no

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se queja, como las viudas ó mal ca- sadas, múdese el marido en perdido, ó enviude, y luego la verás que llora lástimas y tiene querellas.)

A tu hijo, buen nombre y oficio.

A tuerto y á derecho, ayude Dios á los nuestros.

A tuerto ó á derecho, ayude Dios á nuestro consejo.

A tuerto ó á derecho, nuestra ca- sa hasta el techo. (Reprehenden es- tos tres refranes á los que quieren más su interés que la justicia y lo justo.)

A Tuta, que es lugar de limosna. (Lo que «á tu tía», y «á Tetuán»; des- pide y burla del que pide lo que no le quieren dar, remitiéndole adonde no halle bien ninguno. Tuta es lugar imaginario.)

A tres de Abril, el cuco ha de ve- nir; y si á los ocho no es cierto, ó él es preso ó muerto.

A tres de pelea, enséñales la suela.

A tres días buenos, cabo de mala estrena.

A tres veces bebido, envaina tu cu- chillo.

A trueque de un buen dicho, per- der un amigo. (Dícese de los que son tan lisiados por decir gracias ó mali- cias, que hasta á los amigos no per- donan, si se le ofrece el que ellos llaman buen dicho. Esta frase, á true- que, es muy usada en ocasiones, y por otra manera se dirá adelante este re- frán, en la P. Por.)

A Valdegoda, pásala con hora. (Val- degoda es parte mal segura de ladro- nes, ó lo fué, camino de Salamanca á Ledesma, cerca de Almenara.)

A veinte y nueve, el diablo les dio el siete.

A veinte y una, una; á veinte y dos, figura; ó, á veinte y una, un; á vein- teidós, figura; que ansí junta las pa- labras el común hablar.

A ver el rabo á la huéspeda; has de ver el rabo á la huéspeda. (Entién- dese entrar; dícese junto con otras pa- labras: «con que viene á ver el rabo á la huéspeda; achaque para ver el rabo á la huéspeda; venir á ver el rabo á la huéspeda>; dícese desde- ñándose á quien viene á ver de bal-

de, como á registrar lo que pasa, y se entra hasta donde están.)

A veces caza quien no amenaza.

A vianda fría, estómago caliente.

A vianda dura, muela aguda.

A virgo perdido y á cabeza que- brada, nunca faltan rogadores, ni por ladrones.

A virgo perdido, nunca le falta marido.

A virtud atrevida, á veces buena salida.

A vino de mal parecer, cerrar los ojos al beber.

A vísperas dan paz. (Por lo que es fuera de sazón.)

A villano recio, hierro en me- dio.

A viña vieja, amo nuevo. (Porque la labrará y renovará.)

A vos digo, padre, á falta de bue- nos sois vos alcalde.

A vos todo el año, y á Abril y Mayo. (Llueva.)

A vulpeja dormida, no le cae nada en la boca ni barriga.

A maravedí el palmo. (Dícese en lo que á uno no le va ni le viene.)

A Mariardida, nunca la falta mal día.

A Marimontón, Dios se lo da y Dios se lo pon. A lo antiguo se dice: «Dios ge lo da y Dios ge lo pone, y. Dio ge lo da y Dio ge lo pon.»

A Marimontón, Dios la dio buen don.

A mal abad, mal monacillo.

A mal decir no hay cosa fuerte. (Dícese en el juego imitando al otro: A ira de Dios no hay casa fuerte, ó contra la muerte no hay casa fuerte. Decir bien ó decir mal en el juego, es venir buena ó mala suerte en hacer ó no hacer manos; mano es la vez que pierde ó gana; otros leen cosa fuerte, y es mejor casa fuerte, por castillo de defensa.) A mal capellán, mal sacristán A mal pecho, buen derecho. (Yo creo que está errado y ha de decir: «A mal derecho buen pecho.»)

A mal pie, vicario de pierna. (Al bordón llama vicario de pierna.)

A mal va el mal, do buen remedio no val.

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A mal va este hilado. A mal ñudo, mal cuño. A mal ñudo, mala cuña. A mal hacedor, los pelos le estor- ban. A mal hablador, discreto oidor. A mal decidor, discreto oidor. A mal hecho, ruego y pecho. (Casi lo del otro ) A lo mal hecho, ruego y pecho. A mala suerte, envidar fuerte. A mala venta, mala cuenta. A mala venta, pan pintado. A mala ventura, pan pintado. A mala llaga, hierba mala. A malas lanzadas mueras. (Es mal- dición, y varía personas: «A malas lanzadas yo muera si tal hiciere; ó á malas puñaladas.») A malas lenguas, tijeras. A malas cenas y á malos almuer- zos, angóstanse las tripas y alárganse los pescuezos.

A malas puñaladas mueras, y á traición yo muera si no soy de Cór- doba.

A malas hadas, malas bragas. A más no poder, acuéstase Pedro con su mujer.

A manos lavadas, Dios las da que coman.

A manos lavadas, Dios hace mer- ced.

A mancha grande, no hay jabón que lo baste.

A más no poder, el hombre se deja caer. A más no poder, no hay cosa fuerte. A más no poder, ¿qué se ha de ha- cer? A más priesa, más vagar. A más miedo, más misericordia. A más miedo, más misericordia; mujer, veis aquí la carne, echad á co- cer la olla. A más moros, más despojos. A más moros, más ganancia. A mañana, nunca la vi. A mazo y escoplo, como pilar de iglesia.

A meaja vale la vaca; ¿y la meaja?

A mercado vayas que mejor se venda tu hilaza. A mengua de pan, buenas son tor-

tas de Zaratán. (Zaratán, aldea de Va- lladolid do hacen buen pan.)

A mengua de carne, buenos son pollos con tocino. (Lo que «á falta de vaca».)

A mengua de moza, buena es Al- donza. (Lo que «á falta de moza».)

A mesa puesta y cama hecha. (En- tiéndese venir, sentarse y ser admi- tido.)

A inedias pan cogen.

A mi amigo soy leal hasta salir del umbral.

A os dieron, que no á la pa- red.

A no puedo, y á mis comadres hilo.

A no puedo, y á mis comadres llevo.

A mi nuera, echando agua y ha- rina, la crece la masa entre las ma- nos.

A mí, que las urdo y tramo.

A mí, que las entiendo.^

A mí, que las vendo.

A mí, que no pido. (Cuando se re- parte algo, los muchachos todos pi- den y son importunos; el que no lo es, tomando su modestia por dere- cho, dice: «A mí, que no pido.»)

A mí, que soy Pedro y tuerto, y na- cido en el Potro de Córdoba.

A mi padre llamaron hogaza y yo muérome de hambre; ó, á mi padre llaman trigo. (Contra los que, pade- ciendo necesidades, tienen vanidad de no buscar la vida con su industria y manos, ni someterse á otros, por- que sus padres fueron algo.)

A mi tío, en Huesca.

A todos me hallan y yo no ha- llo á nadie. (Es queja del que acude y socorre á otros, y en su necesidad no halla quien le acuda.)

A me llaman modorro, entrar quiero en el corro.

A mi mujer, bermeja, por el pico la entra, que no por la oreja.

A mi hijo el lindo, no me le cer- quen cinco.

A mi hijo el bachiller en Sala- manca. (Contra los que no saben dar claras señas, porque hay muchos ba- chilleres en Salamanca; dicen fué so- brescrito de una carta de un viz-

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caíno. Usase de este refrán cuando se ofrece buscar alguna persona por só- lo el nombre, en lugar grande, sin saber su posada.)

A mi hijo, en Huesca; ó Güesca. (Es lugar, que tiene Universidad, en Aragón, y allá le usan como acá <A mi hijo el bachiller en Salamanca»; también se dijo este sobrescrito viz- caíno: «A mi madre, mujer de mi padre, en mi lugar, en Vizcaya», y fué verdad enviada desde Sevilla.) A mi hijo lozano, no me le cer- quen cuatro.

A mi hijo Juan, en la Corte lo ha- llarán. (Parece sobrescrito, como los pasados.)

A moro negro, capirote verde. A moro muerto, gran lanzada. A moro negro, capil colorado. A mortanzos, no valen herbanzos. A mortandad, no valen hierbas. A molino picado. (Comer ó hacer algo con aliento y ganas.)

A mocedad ociosa, vejez traba- josa.

A mocedad sin vicio y de buena, pasada, larga vejez y descansada. A mozo alcucero, amo roncero. A mozo sentado, nunca buen re- cado.

A mozo galano, hija de mano. (Que haya cuidado con la hija cuando hay mozo polido que la pasee. Malara, en éste, se fué ad efesios, por los cerros de Ubeda.)

A mozo goloso, higo á dinero. (Na- ció en Aragón, y quiere decir: al go- loso y descomedido ponelle freno é irle á la mano; lo que «á caballo co- medor, cabestro corto».)

A mozo respostón, pan y varada; ó p;in y bastón.

A mozo recio, asiento cuerdo. (Que con los belicosos se destaje primero, y se trate con tinta y pluma.)

A modo del villano necio, que des- pués del daño toma el consejo; ó hace el concierto.

A muertos y á idos, no hay ami- gos.

A muertos y á idos, pocos amigos. A muía guiñosa, recuero borra- cho.

A muía vieja, cabezadas nuevas.

A muía roma y toro hosco, no te pares de rostro.

A muía roma, suelta gorda.

A mujer artera, la hija primera. (Artera, es ardidosa y casera; y desea el refrán que el primer parto sea hi- ja, para que, criada, sirva á sus pa- dres.)

A mujer afeitada, tuércela la cara. (Esto es, no la mires.)

A mujer de mercader que fía, y á escribano que pregunta por el día, y á oficial que va á caza, no hay mer- ced que Dios les haga.

A mujer brava, soga larga.

A mujer parida y tela urdida, nun- ca la falta guarida. (Queda dicho tro- cado: á tela urdida.)

A mucha abundancia, mucha falta.

A mucha parola, obra poca; ó labor poca.

A mucha parla, labor manca; ó la- bor mansa.

A mucho hablar, mucho errar.

A rey muerto, rey puesto.

A rey muerto, reino revuelto.

Arriedro vayas, diablo, déjame re- zar.

A río vuelto, ganancia de pesca- dores. (A río vuelto, es frase muy usada.)

A río pasado, santo olvidado. (Re- prehende el olvido de votos y pro- mesas pías.)

A rico no prometas, y á pobre no fallezcas.

A Roma por todo. (Dícelo el que hizo algún delito en que hubo desco- munión, y se resuelve de hacer más para irse á absolver de todo junto; y aplícase á otras cosas semejantes.)

A ruin abad, ruin monacillo.

A ruin oficial, cualquiera le emba- raza; ó los pelos le estorban. (Oficial, por hacedor de lo otro.)

A ruin concejo, campana de ma- dero. A ruin mozuelo, ruin capisayuelo. A ruin, ruin y medio. A chica cama, si queréis remedio, echaos en medio. A chica cama, echarte en medio. A chico santo, gran vigilia. A chico becerro, gran cencerro. A chico caudal, mala ganancia.

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A chico pajarillo, chico nidillo.

A chico pucherete, chico manja- rete.

A chico mal, gran trapo.

A chico mozuelo, chico capisa- yuelo.

A ñudo ciego, cuño de acero.

A hambre, no hay pan duro, ni fal- ta salsa á ninguno.

A hambre, no hay mal pan.

A hambre, no hay pan bazo.

Ha hallado palo con que sea casti- gado.

A heria vayas que más ganes.

A hija casada, los yernos á la puerta.

A hija casada, sálennos yernos.

A hijo malo, pan y palo.

¡Ay, harto hay!; mas está mal re- partido. (Cuando alguno se queja y dice ¡ay!. el que lo oye añade lo de- más, torciendo el sentido.)

¡Ay, ay, ay, que se me cuelga y no se me cai! (Por cae.)

¡Ay, ay, ay!— ¿Qué has?— Rompo lo que tengo y no me dan más.

¡Ay, ay, ay!, que me quejo y no tengo mal.

¡Ay, ay, dedo!, en casa estoy y en la calle hiedo.

¡Ay, dedo, dedo!, en casa estoy y en la calle hiedo. (Dícese contra los que se enfadan sin causa, y de los quejillosos de poco.)

¡Ay, ay, qué me he hallado por an- dar abajado!

Ay al sentar, ay al levantar, no tie- ne mi padre hija para casar. (Contra viejos contaminados que tratan de casarse.)

¡Ay, agüelo!, sembrasteis alazor y naciónos anapelo.

Ahí amorga la hiél de la vaca.

Ahí entra el diablo y dice. Ahí entró el diablo y dijo. (Dícese cuando se topa algún inconveniente en los negocios, y caso que sale de través.)

Ahí es, junto á casa. (Ironía cuando es muy lejos.)

Ahí está el busilis* (Bien vulgar es el busilis, aunque salió, ó se fingió salir, de uno que examinaba para ór- denes, el cual dudó en declarar in diebits Mis, y dijo: «índice, las Indias; el busillis no entiendo»; de tres pala-

bras hizo dos, partiendo la de en me- dio; in diebits Mis, en aquellos días; vulgarmente dos // de latín las pro- nunciamos por una, y ansí una escri- bimos en busilis.)

Hay injurias de que se ven dar gracias. ¡Ay, Inés, y qué sueño tenéis! ¡Ay, horas tristes, cuan diferentes sois de lo que fuistes!

Hay hombres bestias como ánsares pardas. (Tan cierto es haber hom- bres que no se diferencian de bes- tias en sus obras é ingenio, como ánsares pardas, que es su ordinario color.)

Hay un diablo que se parece á otro.

Ahí lo venden, en la plaza. (Dícese para denotar cosa de poco valor y barata.)

Ahí los ojos, y el gato cerca. (Esto dicen á los que estropiezan.) Ahí los ojos, y el corazón y todo. Ahí los ojos, y el corazón vues- tro.

Ahí. señor, andamo á pasaro. (Res- ponde el negro que andaba fugitivo á monte al amo que lo halló.)

Ay, señor, y lo ve en cuál casa hay más dinero; en casa de creigo.

Ay, señores, que donde no hay pan, no le comen los ratones.

Ay, señores, qué malos sois los hombres.

¡Ay, putas, y cómo sois muchas! ¡Ay, si nevase, porque mi prado se me vedase! (Palabras de la yegua, que no la entrará la nieve para pa- cer, porque con el hocico la aparta, y embaraza á otros ganados, y más á las ovejas, y ansí está vedado á los demás si se nieva.)

Hay son vertello. (Son, se dice por sino; es el cuento que en unas eras, un labrador, llenó un costal del mon- tón de un vecino; el dueño llegó y dijo: «¿No veis que me lleváis el mi trigo hurtado?» «Dejaldo— respondió este otro, con gran sorna; pues que hay son vertello».)

¡Ay de mí, que la mirí! ¿Y á dónde la besaré? En el ojo del trasí. ¡Ay de mí, que la miré

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Para vivir lastimado, Para llorar y gemir Cosas del tiempo pasado! ¡Ay de mí, que lo vendí,

Y por un maravedí; Que si yo no lo vendiera, Mucho más me valiera!

¡Ay de mí, que siempre veo Al revés lo que deseo!

¡Ay de mí; mas, ay de nos, Que nacimos en un sino, Que la agua derrama al vino

Y el vino derrama á nos!

¡Ay del ay, que al alma llega!

Imposible es que se calle, (Que lo que se hace en la calle. No es secreto.)

Hay días aciagos, y por donaires hay días zorriagos.

Hay diablos con ese finado, que no nos deja nada; la codicia de here- dar.

¡Ay, Dios mío!, y de los otros tío.

Hay diferencia en lo vano, darle con el codo ó darle con la mano. (Ha- bla de las vasijas güecas, como olla y cántaro, y aplícase á otras cosas.)

¡Ay, dormir, cómo sabes! ¡No plega á Dios te me acabes!

¡Ay, dormir de los cielos, más sabes que buñuelos, y que caldo de aves; no plega á Dios te me acabes!

¡Ay, fortuna, y cómo me sigues, y cómo no viene mi Alonso Rodrí- guez!

¡Ay, güevo, güevo, blanco eres, mas si quizás eres negro!

¡Ay, grillo, grillo, y en qué aprieto estás metido! (Llamábase uno Grillo, y jactábase de grande adivinador, siendo ignorante; para tentarle, un ca- ballero puso la mano en el suelo so- bre un grillo, animalejo, y preguntó: «¿Adivina lo que está aquí?» El hom- bre llamado Grillo, dijo para sí: «¡Ay, Grillo, y en qué confusión estás me- tido!» Entendió el caballero que lo decía por el grillo que estaba debajo de la mano, como que lo había adi- vinado, y quedó con mayor opinión de adivinador, por caso fortuito, co- mo en las demás adivinaciones su- yas.)

¡Ay, barriga, para qué comiste tan- ta cocina!; yendo mi padre y mi ma-

dre á la posada, no había querido co- mer, y henchirla toda.

¡Ay,calonje!,dijo Lucía al odre.(Dí- cese errado en otras lecciones.)

¡Ay, caderas hartas de parir, y nin- guna de mi marido mal logrado!

Ahí callo. Ahí herradura y clavo.

Ahí callo. Ahí la porra del vica- rio. (Ahí callo, se dice cuando uno da bastante respuesta, y que satisfa- ce; también, callo significa un peda- zo de herradura vieja, y torciendo la razón á su significado, se añaden las dos pullas: «Callo es verbo, callar, no hablar.»)

¡Ay, que tenéis amor, mal de cora- zón! ¿Quién os le causó? El de lo ver- de; ó la de lo azul, ú otra cualquiera color que quieran decir. (Dícese en juego de conversación.)

¡Ay, qué trabajo, vecina; el ciervo muda el penacho cada año y vuestro marido cada día! (Motéjala de desho- nesta, que ponía muchos cuernos al marido.)

¡Ay, que me acuesto! ¡Ay, qué sola duermo!

¡Ay, cuitada de mí, que aquí lo puse y no lo hallo!

Hay partida que aparta la vida, y otra que aparta enemiga. (Odio y enemistad.)

¡Ay!— ¿Por quién?— No por vos, ni por nadie, sino por mi corazón que descanse.

Hay preñeces que se les antojan nueces.

Ahí te duele, ahí te daré.

Ahí te pagarán el diezmo. (Al que llega adonde le pagarán lo que pecó.)

Ahí topestes, buen topón topestes.

Ahí casastes; ¡oh, qué bien topas- tes! (Dicese á quien se casó; ó por verdad de haber topado bien con gente buena; ó por lo contrario, por ironía, más ordinariamente.)

¿Hay más pan que rebane este fraile?

Ahí me arremeto, á San Juan de Alfarache. (Es de Sevilla, como: Ahí es, tras casa.)

Ahí me las den todas. (Dícese cuan- do no nos toca el daño y da en quien no nos duele.)

¡Ay, mezquina, mi vecina!

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Hay mil leyes que lo dicen. (Cuan- do uno afirma su razón.)

Hay mucha priesa al hígado; es co- mida de sábado.

Hay muchas mañas en castañas.

Hay muchos Perogarcías en el mundo.

¡Ay, renes amargas, hartas de pa- rir, y ninguna del bueno de mi ma- rido; y con mucha honra!

Hay hijos de muchas madres. (Dan- do á entender de diversas condicio- nes ó valentía.)

Haya ovejas y no haya orejas. (Ha- ya, es tenga el marido ó mujer cuan- do se casan. «Tenga ovejas y no ha- ya orejas», se dirá adelante; dícese este refrán que tenga uno hacienda, aunque no tenga tanto linaje, que para marido y yerno es mejor que ser pobre. Concierta con el otro: «Sea mi marido rico, siquiera sea borrico.»)

Haya cebo en el palomar, que las palomas ellas se vendrán.

Haya buena cuenta y no parezca blanca.

Haya buena cuenta y blanca no parezca.

Hayamos la fiesta en paz. (Dícese á los que dan ocasión de enojo, en burlas ó en otra manera.)

Hayamos salud y paz, que luego tendremos asaz.

Hayamos paz, y viviremos asaz.

Hayamos paz, y viviremos* viejos.

Ayer entró en la iglesia, y hoy se quiere alzar con toda ella.

Ayer entró rogando, y hoy entra mandando.

Ayer Lucía la mi cara, hoy plegada, mañana señalada. (Dice la brevedad de la vida.)

Ayer Núñez, y hoy Palomeque.(Del que es mudable y banderizo, y del que de bajo estado sube á mayor, como en los siguientes.)

Ayer vaquero, y hoy caballero.

Ayer porquero, y hoy caballero.

Ayer me echó, descontenta, doña Elvira, de su casa.— ¿Qué me cuen- ta?—Lo que pasa; bien lo cuenta y mal lo pasa.

Ayuna, como el cuervo en el ara- da y la gallina en casa.

¿Ayunáis, gallego?— Sí, á pesar de o demo.

Ayunen los santos, que no tienen tripas. (Donaire necio.)

Ayuntáis oro con lodo. (Ayuntar oro con lodo, es juntar cosas con- trarias.)

Ayuda al escarabajo y dejaros la carga en la mano.

Ayúdale á misa. (Esto es, ayúdale á sus trazas, y es horma de su za- pato.)

Ayúdate, y ayudarte hé. (Dicho de Dios.)

Ayúdate, y ayudarte Dios.

Ayúdate, que yo te ayudaré. (Pala- bra es de Dios cierta.)

Ayúdame aquí, don Estorba, ó

Ayúdame aquí, Estorba.

Ayúdamele á zamarrear á mi ma- riduelo, que lo tengo en el suelo.

Ayúdame, lengua, que para eso te mantengo. (Contra las que se desen- frenan riñendo con otras.)

Ayudándose tres para peso de seis.

Aire solano, el agua en la mano, para menos bien que daño .

Aire solano, malo de invierno, peor de verano.

Aires bola, aires tararira, cagajón para quien me mira. (Palabras que declaran placer en el que las dice.)

Aires, que me llevan los frailes.

Aires tararira, no tiene el rey tal vida.

Aires, airecito que de Avila vienes, á catorce reales me güeles. (Esto es para las tierras septentrionales: Avi- la, que está al Mediodía de Medina y Peñaranda, y el aire de allá es solano, y encarecerse el trigo y subirá á la tasa, que solía ser catorce reales.)

Airecillo en los mis cabellos y aire en ellos.

Aina viene lo que se non ve.

Aina haremos nada sin un pandero.

Ahora helase, para que esta lana se me enhetrase. Ahora lloviese, hasta que la punta de este mi cuerno se me enmolleciese. (Lo primero dice el ga- nado ovejuno, que está arropado de lana para las heladas y la agua le da- ña si se moja y menester menos hierba. Lo segundo dice el ganado vacuno á quien las aguas no empecen

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como los fríos y menester mucha hierba.)

Ahora entra el diablo, y dice: (Dí- cese esto cuando se da la causa más importante ó dañosa al negocio.)

Ahora un año cuatro ciertas, y ogaño cuatrocientas.

Ahora que soy moza, quiérome holgar; que cuando sea vieja, todo es tosejar.

Ahora que tiene potro, vuelve la vida en otro.

Ahora te creo menos.

Ahora te lloraré, agüelo, después de un año muerto. (Que no se han de demandar, ni recordar, cosas que pa- saron de luengo tiempo; y por estos modos se responde á cosas que tenían ya por olvidadas.)

Ahora viene Marzo, que no tendre- mos las hierbas con un mazo.

Ahora hervía, y ya es agua fría.

A osadas, que quien lo dijo no mintió. (Reirán ó sentencia.)

A osadas, que pocas me haga mi madre que no me las pague.

Aurora rubia, ó viento ó pluvia.

Aún hay sol en las bardas. Aún hay sol in bardis. Aún el sol está en las bardas. Aún sol hay en las bar- das. (Todo esto es uno; y con más va- riedades, trocándose las palabras.)

Aún hay sol en los tejados.

Aun ahora comen el pan de la boda. (Aún comen.) ^

Aún dura; aún hay; aún no se ha acabado el pan de la boda. (Recibe muchas variedades, y por eso apunto algunas; quiere decir que aún no han llegado los trabajos del matrimonio y de sustentar casa; porque les dura lo que les dieron ganado.)

Aun el aire no querría que la to- case; que le tocase. (Que lo que ama- mos, no querríamos que nada lo to- case y diese enojo.)

Aún es invierno, que cena á la lum- bre Jimeno.

Aún es potro. (Contra los que ala- ban lo que no está acabado de per- feccionar.)

Aún está el rabo por desollar.

Aún falta el rabo por desollar.

Aun ésta sería otra.

Aun esto sería el diablo .

Aun esto sería ello. (Cuando se te- me de cosa que se hará ó saldrá mal.)

Aún la cabra no ha parido, y ya salta el cabrito.

Aún no ha salido del cascarón, y ya tiene espolón.

Aún no ha salido del cascarón, y ya tiene espigón.

Aún no ha salido del cascarón, y ya tiene presunción.

Aún no ha parido la cabra, y ya el cabrito mama.

Aún no ha parido la cabra, y ya el cabrito bala.

Aún no se amasa, y ya empringa- mos.

Aún no ensilláis, y ya cabalgáis.

Aún no ensillamos, y ya cabalga- mos.

Aún no es nacido, y ya estornuda.

Aún no está en la calabaza, y ya se torna vinagre.

Aún no está muerta, y ya está de- sollada.

Aún no hemcs hecho cuenta con la güéspeda; ó con la panadera.

Aún no se le ha cerrado la molle- ra. (Contra los que, teniendo bastante edad, no acaban de asesarse y tener juicio en sus cosas y hechos.)

Aún no sois salido del cascarón, y ya tenéis presunción. (Varíase. Aún no han salido del cascarón, y ya tie- nen presunción. Aún no habéis salido del cascarón.)

Aún no dormimos. (Unos ladrones desquiciaban una puerta para robar la casa; sintiólo el dueño y asomóse á una ventana, y dijo: «Vuelvan des- pués, que aún no dormimos». Nota á los que se anticipan.)

Aún no tenemos cabras, y ya deci- mos: ¡usté!

Aún no me han dado la carne, y ya me pides los güesos. (Habíase des- cuidado el repartidor de raciones de un pupilaje de dar á un pupilo, y miaba un gato junto á él, y para acor- dar de buen modo que le diesen su porción, dijo al gato: «¡Zape allá! Aún no me han dado la carne y ya me pides los güesos». Muchacho de po- cos años, sobrino mío, dijo otro tan- to, con más agudeza y menos edad, y era que comían él y otro muchacho

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juntos en un canto de la mesa de los criados y dábanseles unas pasas al principio; y, habiéndose descuidado el despensero, dijo Ambrosio, que ansí se llamaba, al otro que apartó el aparador: «Juanillo, trae un plato en que nos echen las pasas , y con este dicho, se las dieron; y causó á todos harta risa la agudeza, y se podía ha- cer refrán: Juanillo, trae un plato en que nos echen las pasa-.)

Aún sacará nabos de la olla.

Aun para ser pobre es menester caudal. (Porque ha de traer el pobre maravedí ó blanca para trocar él y da dos ó maravedí; encarece lo que vale el dinero para todo y para granjear.)

Aunque ando y rodeo, nunca falta á la puerta un perro.

Aunque el águila vuela muy alta, el halcón la mata. (Véase Aunque la garza.)

Aunque el decidor sea loco y necio, el escuchador sea cuerdo.

Aunque el bien más se dilate, como se alcance no es tarde.

Aunque entres en la viña y sueltes el gabán, si no cavas, no te darán jornal.

Aunque está mal aspado, á pelo vendrá para hilado.

Aunque lo veis mal aspado,_á pelo ha de venir para delgado.

Aunque estás mal con tu mujer, no es buen consejo cortarte el aparejo. (Quiere decir más: que con enojo no destruya el hombre lo que le es pro- vechoso.)

Aunque os debemos dinero, no os debemos centeno.

Aunque la lima mucho muerde, al- guna vez se la quiebra el diente.

Aunque la garza vuela muy alta, el halcón la mata. (Aunque la águila, dicen algunos, y no bien; porque an- tes las águilas, si las acometen halco- nes, los suelen matar.)

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Aunque la moza es tosca, bien va allá la mosca.

Aunque loco, no tanto que eche cantos.

Aunque negros, no tiznamos.

Aunque negro, no tiznamo.

Aunque negro, gente samo; alma tenamo.

Aunque no nos hablemos, bien nos queremos.

Aunque no por amador, siquiera por cortesano. (Avisa que acudamos á las obligaciones de amigos y deu- dos y de los prójimos, con amor y caridad, ó siquiera por cortesía, cuan- do falte voluntad.)

Aunque no hiledes, escarmenare- des. (Que si no es uno bueno para un oficio, lo será para otro.)

Aunque samo negro, no tisnamo; hombre samo, alma tenamo. (Imita la habla de los negros.)

Aunque se perdieron los anillos, aquí quedaron los dedillos. (Consue- lo en pérdida, cuando queda arte ó con qué volver á medrar.)

Aunque se hunda el castañar.

Aunque se hunda Calzadilla.

Aunque se hunda el mundo.

Aunque seas prudente viejo, no desdeñes el consejo.

Aunque soy grande, no tengáis hoto en mí.

Aunque soy grande, soy estambre.

Aunque soy grande, soy flojo.

Aunque soy tosca, bien veo la mosca.

Aunque soy viejo y cansado, tres veces bien me las hago: cuando me acuesto me meo, á la media noche peo y á la mañana me cago. (Pareció comenzar en otro sentido de mozo, y revolvió en el que es más propio de viejo.)

Aunque soy viejo y cansado, tres vececitas bien me las hago; hasta aquí va aludiendo á otro sentido am- biguo, y añade: Cuando me acuesto meo, á la media noche peo y á la ma- ñanita cago; y repite como cantar: Tres vececitas bien me las hago.

Aunque soy manca de la mano, no de la calderita del rabo.

Aunque sois sordo, marido, bien veis. Sí, mujer, aunque no oigo que soy cornudo, bien veo que sois puta.

Aunque somo negro, hombre so- mo, alma tenemos.

Aunque somos negros, no entizna- mos.

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Aunque somos negros, gente so- mos, alma tenemos. (Dícese contra los que se desdeñan de juntarse y admitir á otros.)

Aunque somos gente de la Vera, no nos echan de la iglesia. (Defensa de los ratiños de la Vera de Portu- gal.)

Aunque bobo, no tanto que no sepa cuántas son cuatro. (Con esto se ex- cusan los que tienen buena cabeza para el vino, ó los quieren hacer trampantojos.)

Aunque bobo, no tanto que no sepa cuántas son cuatro.

Aunque bobo, no en todo ni del todo.

Aunque bobo, no tanto como me hace el sayo.

Aunque callo, irse han los güéspe- des y comeremos el gallo.

Aunque callo, piedras apaño.

Aunque calla, piedras apaña.

Aunque con tu mujer tengas bara- jas, no metas en tu casa las pajas (por el peligro del fuego). (Quiere decir que, aunque ella quiera meter- las en casa para jergones y esterillas de pared, no lo consientas; y por pa- jas se entiende toda cosa balad! y de daño; y moza que sea liviana y apa- rejada para ser tercera de tu mujer y hijas; y que conserves las cosas y no las dejes perder por hacella pe- sar, ni metas en tu casa criada ni amiga que la celos, ni aun la ten- gas fuera.)

Aunque compuesta la mentira, siempre es vencida.

Aunque pese á mi pelo, yo seré bueno. (Estriba en lo que dice el otro refrán: «Virtudes vencen señales»; y es verdad que la virtud y estimación de la honra hacen mejores á los hombres; que fueron las inclinacio- nes y señales que en el ánimo y en lo exterior puso la Naturaleza.)

Aunque tarde, el artero al fin vino al pagadero.

Aunque te veas en alto, no te em- pines, porque es condición de rui- nes.

Aunque tengo malas piernas, bien visito las tabernas.

Aunque tuerta, no es nuestra.

Aunque voy y vengo, no olvidaré el fuego.

Aunque voy y vengo, no se me ol- vida el bollo del fuego.

Aunque malicia escurezca verdad, no la puede apagar. (Es metáfora de las bellas.)

Aunque manso tu sabueso, no le muerdas en el bezo.

Aunque más turbia la vea, no diré: de esta agua no beberé.

Aunque más me diga, diga, quien bien ama, tarde olvida.

Aunque más me digáis, madre, quien bien quiere olvida tarde.

Aunque más me digan, quien bien quiere tarde olvida.

Aunque me digas del ojo tuerto, no diré de las berzas del güerto. (Contra los que, aun avisados, no guardan secreto; dicen errado digas por ha- gas.)

Aunque me pongo á la mesa con el jarro lleno, bebo poco y quiérolo bueno.

Aunque me veis arando, no ten- gáis nota en mí.

Aunque me veis que descalza ven- go, tres pares de zapatos tengo: unos tengo en el corral, otros en el mula- dar y otros en cas del zapatero; tres pares de zapatos tengo.

Aunque me veis con este capote, otro tengo allá en el monte.

Aunque me veis con este capote, tres ovejas tengo en el monte: las dos no son mías, la otra es de un hombre.

Aunque más me hagáis del ojo tuerto, no diré de las berzas del güer- to. (Aconseja aguardar secreto, aun- que seamos provocados; y nota, di- ciendo callaría, que dice el secreto; como cuando decimos fulano, Pedro ó tal, no nombrando partes.)

Aunque me veis picarico en Es- paña, señor soy de la Gran Canaria. (Dicen que un mozuelo, hijo de un principal de las Canarias, se desga- rró, y cebado con el vicio de la pi- cardía andaba hecho picaro por Es- paña y cantaba esto; hasta que el pa- riré ó los deudos pusieron diligencia en buscarle y le llevaron en el há- bito debido; dicen era título. Cana-

rias, me inclino á que se dice de ca- liere, cantar, por los muchos paj ari- llos que allí se crían que llaman canarios, que dicen es maravilla su armonía y cantar por las selvas; más que de can, como muchos dicen, porque había muchos perros, lo cual repugna á toda buena razón: por mansos no eran necesarios, sino cuál, ó cuál, que no los podían sustentar, pues bravos que anduviesen al mon- te, menos, porque fueran dañinos como lobos y los habían de matar y asolar; demás que en islas tan cortas no podían tener sustento en multi- tud, y si fueran domésticos también ahora los hubiera, y á España se hu- bieran traído razas de ellos.)

Aunque me río y aunque me huel- go, no se me olvida lo que tengo al fuego.

Aunque me río, regaño con el frío.

Aunque me llaman modorro, en- trar quiero en el corro.

Aunque mi suegro sea bueno, no quiero perro con cencerro. (Que no son buenas las cosas que traen con- sigo achaques.)

Aunque muera el obispo, ha de andar el aguijón.

Aunque reviente Sancha la Ber- meja, de Belinchón será la dehesa. (Belinchón es lugar de la Mancha, y teniendo diferencia con Tarancón sobre la dehesa que hoy llaman San- cha la Bermeja, convinieron que fuese del lugar que diese persona que más bebiese; dieron á Sancha y venció. Los de Santo Domingo y Ba- ñares dicen la misma competencia, y se repetirá adelante: «Aquí morirá Sancha».)

Aunque muda el pelo la raposa, su natural no despoja.

Aunque mucho rezáis, á vos os en- gañáis. (Este rezáis es refonfuñáis.)

Aunque hurta mi hermano, es un santo, que avinagra la disciplina con azúcar.

Ausencia enemiga de amor, tan lejos de ojos, cuan lejos de corazón.

Ara bien, y araba con dos gatos en la barriga de su mujer. (Ara bien se dice amenazando ó consolándose; ara es abreviado de ahora, y parece

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al verbo arar y en su significación crecieron lo demás.)

Ara bien y no te alabes, estércuela y no señales.

Ara bien y cojeras pan. (Aconseja el trabajo y bien hacer.)

Ara bien y hondo, cogerás, pan en abondo. (Lo segundo es adición del que oye decir: «Ara bien>.)

Ara bien ogaño, y mejor otro año.

Ara con helada, y matarás la grama.

Ara con niños, y cogerás cardillos.

Ara con buey, y guarda la ley, y sirve á tu rey, y está seguro, y no tendrás pleito ninguno. (Seguro es cierto y pacífico.)

Ara con buey si quieres enrique- cer.

Ara con blando y duro, si no quie- res besar á tu suegro en el culo; ó ara por blando y duro. (Que sea cuida- doso en trabajar; no por esperar tempero, pierda la ocasión y tiempo, estándose ocioso.)

Ara por tempero, y piérdase por ambos el apero.

Ara por enjuto y por mojado, y no besarás á tu vecino en el rabo.

Arar y cavar, y en renta no entrar.

Arar con vacas y por matas, y cal- ' zar abarcas.

Arada de Agosto, á la estercada da en rostro. (Porque se seca la hierba con el calor; y también lo dice por animar á que comiencen la labor.)

Arada con terrones, no la hacen to- dos los hombres. (Sino los forzudos.)

Arador de palma, no le saca toda barba. (Porque son allí los cueros callosos, blancos y carnosos, y sale luego sangre y piérdese el arador.)

Aragonés, ¡ay de la casa que está un mes, y si está un año, ése con daño!

Aragonés, vuelve la puerta como la ves. (Dice que, por donde entrares, dejes la puerta como la hallares.)

Aragonés tozudo mete el clavo en la peña por la cabeza y dale en la punta con el puño, y jura que ha de entrar.

Aragonés tozudo mete el clavo en la peña, y dale, para que entre, en la punta con su cabeza.

Aragonés, falso y cortés.

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Aramos, dijo la mosca, y estaba en el cuerno del buey; ó arando, ó ara- mos, dijo el mosquito. (Llegando la zorra donde araban, vio á la mosca, ó mosquito, en el cuerno del buey y preguntó: «¿Qué hacéis, mosca?» Res- pondió: «Aramos». Aplícase á los que no hacen nada, y no son nada en las cosas y dan á entender que son parte y que hacen algo, y de los que se ha- cen parientes y favorecidos de ma- yores y cabidos con ellos.)

Araña, ¿quien te arañó? Otra ara- ña como yo. (Burla de pocas manos de uno; dícese: es una araña, signifi- cando que uno es para muy poccrr como una criatura.)

Are quien aró, que ya Mayo entró. (Que antes de Mayo ha de estar arado.)

Are mi bué en Valdearadué, y tan- to por tanto en la vega de San Man- zio. (También dicen: pazca mi bué en Valdearadué, y allá vaya á arar mi buey, á Valdearadué; es de Villal- pando á León y Benavente; y dicen: terrón por terrón, la vega de Carrión.)

Are mi buey por lo holgado, y el tuyo por lo alabado.

Arenicas de la Serena, no os olvida quien os halla.

Arenicas de Villanueva, quien las pisa nunca las niega. (Lugares son de Extremadura cabe Estedellín.)

Ares, no ares, renta me pagues.

Arlanzay Arlanzón,Pisuergay Ca- rrión, en la Puente de Simancas jun- tos son.

Arcediano de Toledo, Deán de Jaén, Chantre de Sevilla, Maestres- cuela de Salamanca, Canónigos de Cuenca, racioneros de Córdoba.

Arde verde por seco, y pagan jus- tos por pecadores.

Ardid es de caballeros, Cevallos para vencellos. (Es blasón de la casa de Cevallos en las montañas. Aña- dieron émulos: No es ardid de hi- josdalgo , Cevallos para matallos; quitado el no, será bien: ardid es de hijosdalgo Cevallos para matallos.)

Argolla mayor, quita menor. (Lo que: lo más priva á lo menos.)

Árbol nació, toma un palmo y pa- ga cinco.

Arca, arquita de Dios bendita, ábrese y cierra y nunca rechina; ó cierra bien y abre, y nunca rechina. (Clara cosa y cosa del ojo.)

Arca, arquita, de Dios bendita, cierra bien y abre, no te engañe na- die. (Tengo por cierto que éste y el pasado es cosa y cosa del ojo, y se dice por él deseándolo sano; aunque lo usen decir también las niñas á sus arquitas cuando guardan en ellas sus niñerías.)

Arca la ducha el tapicero y bate sin duelo, y bátela luego. (Es de tapi- ceros. Arca es apretar con las uñas la trama que*van metiendo y labrando, y ducha llaman al hilado que van metiendo en la tela con que la van cuajando y dibujando los reposteros y tapices. Batir es apretar el tejido con un peine de hierro fuerte que tienen para ello.)

Arcaduces de noria, el que lleno viene vacío torna.

Arcabuz que no revienta, se esca- lienta. (A propósito del que calla y piedras apaña, y del que bebe mu- cho y dice que no se emborracha.)

Arco al Poniente, deja el arado y vente. (Señal de agua.)

Arco en la Bellesa, agua cierta. (Es lugar al Oriente de Salamanca.)

Arco siempre armado, ó flojo ó quebrado. (Que no se han de apretar mucho las cosas.)

Arco de tejo y curueña de serval, cuando disparan hecho han el mal.

Arco de tejo, recio de armar y flo- jo de dejo.

Arco que mucho brega, ó él ó la cuerda. (Entiende, salta y quiebra.)

Artero, artero, pero no buen caba- llero.

Artemisa, la madre en guisa. (O al- tamisa; es hierba buena para salu- des.)

Arma ligera, muerte cualquiera.

Armará de una pulga un caballe- ro. (Cuando de poco levanta mucho ruido.)

Armar torres de viento. (De los que, sin fundamento y en vanas es- peranzas, hacen trazas y quimeras, y aun encarecen vanamente las cosas y linajes.)

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Armas y dineros, buenas manos quieren.

Armas tiene y gente mantiene, y busca quien pelee.

Armado de punta en blanco. (Quie- re decir: armado de pies á cabeza, con todas las piezas de un arnés, y las demás armas defensivas y ofen- sivas, desnudas, á punto y guisa de acometer y pelear. Este es el concepto y sentido que todos hacen, y lo que entienden por armado de punta en blanco. Por qué se dijo ya lo tiene olvidado el vulgo y no veo quien lo sepa, que es harta maravilla estando la razón tan á la mano y cerca. Por lo que se dijo es: porque cuando un caballero va á entrar en batalla y acometer al enemigo, ó en justas y torneos, va todo armado con la lanza en ristre, desnuda la cuchilla y des- cubierta en blanco la punta; y si son hombres de á pie, también acometen armados á su modo, con petos y ar- cos, y las espadas desnudas y las picas y chuzos, que es llevar la punta en blanco. Bien notorio es que, las espa- das de corte, desnudas, se llaman es- padas blancas, porque están acicala- das y lucias, á diferencia de las de esgrima, que se llaman negras por- que lo están. Dícese por lo mesmo esgrimir con espadas blancas por las de corte; y ansí las lanzas, cuando las llevan en mano desnudas las pun- tas van de punta en blanco, á dife- rencia de cuando están con sus fundas ó cubiertas ó vainas en la armería por defensa del polvo y orín. Si un hombre va caminando con un gor- guz ó azagaya en la mano, cuando pasa por lugar le pone en la punta un zoquete de corcho ú otra cosa, y así no tiene pena si la lleva descubier- ta, que es la punta en blanco propia- mente. De más de esto, usan en las espadas largas y estoques y montan- tes tener cercenado un tercio de la vaina á la parte de la punta, para dejarla en casa saliendo de noche, lo cual es salir de punta en blanco. Por donaire dicen armado de tinto en blanco, como decir bien bebido.) Al ausente y al muerto, ni injuria ni tormento.

Al alzar de los manteles, haremos la cuenta y pagaredes. (O habrá cuen- ta y pagaredes.)

Al albañil, no le pongas la mesa hasta que le veas venir.

Al afbeitar, no le duele la carne de la bestia.

Al alcaide y á la doncella, no les diga nadie: si yo quisiera. (Dales avi- so que no se descuiden ni den oca- sión y lugar que se les pueda decir: si yo quisiera alzarme con la forta- leza, si yo quisiera forzaros; y por el contrario, avisa al que sigue la empresa que no pierda la ocasión que tuviere de alzarse con uno y otro.)

Al alcornoque no hay palo que le toque, si no es la encina, que le quie- bra la costilla.

Al alba de la Duquesa, que da el sol á media pierna.

Al alba del puerco, que da el sol á medio cuerpo.

Al alba del Vizconde, que da á me- dia pierna el solé. (Todos denotan levantarse y negociar tarde.)

Al andaluz, hacelle la cruz; al se- villano, con toda la mano; al cordo- bés, con el envés, ó con manos y pies.

Al andaluz, hacelle la cruz; al cor- dobés, hacelle tres. Algunos dicen: al sevillano, con toda la mano; al húr- gales, con el envés.

Al andaluz, muéstrale la cruz; al

extremeño, el leño.

Al asno y al mulo, la carga al culo.

Al asno, por el lodo, el diablo le

aguije, y por el polvo, el diablo haya

del duelo.

Al asno muerto, la cebada al rabo. (Dícese á los remedios que se dan pasada la ocasión en que eran me- nester; no agrada la explicación del Comendador en cosa tan clara.)

Al asturiano, vino puro y lanza en mano. (Entiende darle, ó le agrada, porque son amigos del vino por ser la tierra- fría y fragosa, y por los pun- donores de su nobleza y puertos de mar, son belicosos y prevenidos; ex- tiéndese esto á Vizcaya y toda la costa septentrional.) Al astucioso, su astucia le pierde.

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(Más es frase aragonesa que caste- llana.)

Al azadón y á la laguna, céspede y cuña. (Al azadón porque no se des- enaste, y á la laguna porque no se vaya el agua.)

Al acebuche no hay palo que le lu- che, si no es la encina que le quie- bra la costilla.

Al afligido corazón, no se ha de dar aflicción. (Afflictis non est danda afflictio.)

Al abad y al judío, daldes el güevo y pedirán el tochuelo; ó tozuelo.

Al abad, ropa nueva y por raspar. (Dicho es por omicillo de seglares.)

Al abad que/se pone güeco, sopa nueva y almendro seco.

Al abad viejo, pollos y conejo. (Quiere decir que le regalen, para ganarle la voluntad y heredarle.)

Al agradecido, más de lo pedido.

Al acreedor, se le acuerda mejor su deuda que al deudor.

Al apasionado, bien es por alguna color excusarlo.

Al avariento, así le falta lo que tie- ne como lo que no tiene ni posee.

Al avaro, es tristeza hablarle de largueza.

Al amigo, con su vicio. (Se ha de sufrir y sobrellevar.)

Al amigo tuyo, con el vicio suyo. (Que le has de soportar.)

Al amo, comelle y no velle. (Dice bien la enemiga de criados por su interés.)

Al año tuerto, el gñerto; al tuerto tuerto, cabra y güerto; al tuerto retuerto, la cabra y el güerto y el puerco.

Al erizo, Dios le hizo.

Al enemigo, si vuelve la espalda, la puente de plata.

Al enemigo, si huye, la puente de plata, ó

Al enemigo que huye, hacelle la puente de plata.

Al enemigo, comelle el pan y be- belle el vino.

Al enfermo, dicen: si quiere; al sano: toma.

Al envidioso, afílasele el gesto y crécele el ojo.

Al enhornar se tuerce el pan.

Al enhornar se hacen los panes tuertos.

Al escarabajo, sus hijos le pare- cen granos de oro fino.

Al estandarte, tarde va el cobarde.

Al yerno y al cochino, una vez el camino. (Basta enseñarles.)

Al infierno, que es tierra caliente. (Mala y desgraciada despedida.)

Al invierno lluvioso, verano abun- doso. (Se le sigue.)

Al hombre, en el brazo del escu- do, y á la mujer, en el del huso. (Que en tales lados les acude el dolor de costado.)

Al hombre inocente, Dios le ende- reza la simiente.

Al hombre osado, la fortuna le da la mano.

Al hombre ocupado, tener ocio le es mal contado.

Al hombre de más saber, una mu- jer sola le echará á perder.

Al hombre desnudo, más le valen dos camisones que uno.

Al hombre bueno, no le busques abolengo.

Al hombre que fuere loco, tómale, llévale, pápale coco.

Al hombre comedor, ni cosa deli- cada, ni apetite en el sabor.

Al hombre cuerdo no le quema el puerro. (Buen aviso contra delicados manjares; también dice que no le come por ser mala comida, y que no se pica de dichos.)

Al hombre por la palabra, y á los niños con un dix.

Al hombre por la palabra y al buey por el cuerno ata.

Al hombre pobre, el sol se le come.

Al hombre pobre no le salen la- drones.

Al hombre pobre, capa de pardo y mesa de roble, taza de plata, cántaro y olla de cobre. (Algunos dicen casa de roble, por mesa.)

Al hombre venturero, la hija le nace primero. (Porque después ayu- da á la madre á criar los varones.)

Al hombre mayor, darle honor.

Al hombre mezquino, bástale un rocino.

Al hombre mezquino, rapaz adi-

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vino. (Lo que á escudero pobre, mo- zo adivino.)

Al hombre muerto, atarle al pie del puerco. (Que el pobre haga por puerco?, que es mucha la ganancia y poca la costa.)

Al hombre rico, capirote tuerto. Al hombre harto, las cerezas le amargan.

Al ojo, con el codo; ó el ojo con el codo.

Al ladrón no hurtes, ni al puto no putes. (No esperes ni pretendas ha- celle tiro.)

Al labrador descuidado, los rato- nes le comen lo sembrado.

Al latín, con babas, y á la ciencia, con barbas. (Niño á lo primero.)

Al lavar saldrá la mancha; ó la mancilla.

Al lavar de los cestos, haremos la cuenta de ellos.

Al lavar los cestos, se hará cuenta de ellos. Al liberal, nunca le falta qué dar. Al loco y al aire, darles calle. Al loco y al toro, déjales el coso. Al loco, toma el toro. Al necio, de diestro; al loco, con cabestro. (Que al ignorante se ense- ñe, y al loco con fuerza se enmiende y refrene.)

Al niño y á la rueca, sólo di lo que quieres que sepa. (Rueca por la mu- jer.)

Al niño y al mulo, en el culo. (En- tiéndase se el castigo, y no en la cabeza.)

Al niño, su madre castigue, limpie y harte; si llorare, le acalle. (Quiere decir que lo hará con más amor y diligencia que una ama.)

Al niño, su madre castigúele, lim- píele, hártele y halagúele; y si no quiere callar, déjele llorar.

Al niño mientras crece, y al enfer- mo mientras adolece. (Se les ha de sufrir y regalar.)

Al no ducho de bragas, las costu- ras le matan.

Al no ducho de bragas, las costuras le hacen llagas; ó las costurasle matan. Al salir del lodazal te quiero, her- mano Pascual. (Entiéndase para la necesidad.)

Al sastre pobre, el aguja que se doble. (Porque no se quiebre y la puede enderezar, y le excuse el com- prar otra.)

Al sabor, y no al olor. (Dice esto quien güele buenas viandas, esco- giendo más hallarse á Cornelias que á olellas.) Al sapo, tierra.

Al servidor, del bocado de honor. (Para que tenga amor al señor.)

Al sentar ¡ay!, al levantar ¡ay!, no pararéis vos en mi casa. (De los acha- cosos de vejez y mal contagioso.)

Al sentar ¡ay!, al levantar ¡upa!, no medraré si no fuere puta. (Dicho de la que casó con hombre achacoso.)

Al sentible de cada pena, nunca le falta que le duela. (Al sesgo como terciopelo.)

Al señor, hoy en día, pelo y pelón y ungüento en los cascos.

Al sirviente que es lisonjero, el amo debe ser sabio y n:atrero. Al soldado, pan seco y vino preado. Al son que me hicieres, á ése bai- laré.

Al cielo vamos y nunca más me- dremos.

Al ciego no le aprovecha pintura, color, espejo ni figura.

Al jamón de tocino, buen golpe de vino.

Al generoso ánimo, nada le hace empacho.

Al juego de pasa pasa. (Es el juego de Masecolar, ó Maese Escolar, y tó- mase por metáfora para otras cosas de trampantojos y burlería.)

Al juego, hazle un yerro y te trae- rá ciento.

Al justo le viene el sayo al mi pa- pagayo.

Al judío y al puerco, no le m. en tu güerto.

Al judío dalde un güevo, y pediros el tozuelo.

Al judío dalde un palmo, y tomará cuatro. Al delicado, poco mal y bien atado. Al vestido, más valen dos vestidos que no uno. (Que al que tiene poGo con qué se vestir, es mejor dos ves- tidos de cosa barata y recia que no uno caro y galano, de poca dura.)

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Al delicado, poco mal y bien que- jado.

Al desdichado, las puercas le pa- ren perros.

Al desdichado, poco le vale ser es- forzado.

Al desdichado, hace consuelo tener compañía en su suerte y duelo.

Al descalabrado no le faltan tra- pos, ni al jugador mohatros.

Al descalabrado, nunca le falta un trapo, que roto, que sano.

Al diablo que no vi, beso que le di. (Ironía de lo que nunca vio, y des- precio de lo que no se vee, y es ex- traño.)

Al diente pino y vino y lino. (En- tiéndese para limpiarle.)

Al dolor de cabeza, el comer la en- dereza; ó le endereza. (Véase en la E el dolor.)

Al facer, ni can. (Decíase en Sala- manca á propósito, de ios que son muy diligentes para las cosas de su gusto y muy negligentes para las de importancia; ni can, es como decir no, nones; ya no le veo usar. Comen- tóle el Padre Frómista de San Agus- tín, con otros muchos apropósitos predicables, y el volumen se guarda en el convento de Salamanca; fué hombre de mucha reputación y hizo el Diccionario de folio, en nombre de Ballesta.)

Al fiar, vita, dulcedo; al pagar, á suspiramos. (Esto es, al comprar los puercos y no haber después con qué pagallos.)

Al fin loa la vida, y á la tarde loa el día.

Al fin se canta la gloria. (Porque al fin de cada salmo se canta Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto, por ordenación de San Dámaso, Papa es- pañol; por metáfora se aplica el pre- mio después del trabajo y semejan- tes cosas.)

Al fin final, servir á Dios y no ha- cer mal. (Dícese por buen consejo y escarmiento, viendo que Dios casti- ga al malo y da bienes y gloria al bueno.)

Al fin morir, y la llave en la puerta.

Al fuir llaman retraure y á los la- dres caballers. (Es catalán.)

Al fraile en la horca le menee el aire.

Al fraile, como te faz faile. (Que tratemos al sencillo con sencillez y al astuto con astucia.)

Al fraile güeco, soga verde y al- mendro seco. (Lo que Al Abad güe- co.)

Al fraile mesurado, mírale de lejos y habíale de lado.

Al freir lo verán. (Varíase: Al freír lo veréis, y aplícase á muchas cosas. Dicen que un carbonero, vaciando el carbón en una casa, se llevaba hurta- da la sartén escondida, y preguntán- dole si era bueno el carbón, encare- ciéndolo por tal, dijo: «Al freir lo verán».)

Al gato goloso y á la moza venta- nera, tapallos la gatera.

Al gato, por ser ladrón, no le eches de tu mansión.

Al gato viejo, ponle la mano en el cerro y levantarte el rabo. (Que cada uno responde á su natural, y aunque encubra sus mañas, en la oca- sión las muestra.)

Al gallarín te saldrá este guisa- dillo.

Al gusto dañado, lo dulce es amar- go. (Experiméntase en enfermeda- des.)

Al barranco de Violada, qui con forca, qui con pala. (Es usado en Aragón en lenguaje de sus monta- ñas. La estoria está delante en el otro refrán: Al plano de la Violada.)

Al bien ocupado, no hay virtud que le falte.

Al ocioso, no hay vicio que no le acompañe.

Al bien se llega quien bien se aconseja.

Al bien bien, y al mal yesca y pe- dernal. (Es como decir fuego y ar- mas. Al dañoso perseguirle á fuego y sangre.)

Al bien, buscallo, y al mal, espe- rallo.

Al vivo, la hogaza, y al muerto, la mortaja.

Al bobo necio, múdale el juego. (Quiere decir que con el necio mu- des estilo, y si por una vía no pue- des, por otra le atraigas á lo que con-

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viene, y acontece, Lo que gana á un

juego, perderlo á otro.)

Al borracho fino, no le hasta agua ni vino.

Al buey, dejarle mear y hartarlo de arar.

Al buey, por el cuerno, y al hom- bre, por el verbo. (O por la palabra.)

Al buey viejo, se le debe el cen- cerro.

Al buey viejo, no le cates majada, que él se la cata.

Al buey viejo, ¿para qué cencerro? Para que por él se halle el nuevo.

Al buey viejo, múdale el pajar y darte el pellejo.

Al buey maldito, el pelo le luce. (Quiere decir que al que se desea mal, por ser mal quisto, ó por otro respeto, parece que siempre está más floreciente y próspero y no se muere; conviene con el otro: Esas son mis misas de salud, por las mal- diciones y deseos que muera, que le aprovechan como misas.)

Al buey harón, poco le presta el aguijón.

Al buen amigo no le encubras se- creto, que das causa á perderlo.

Al buen amigo, con tu pan y con tu vino; y al malo, con tu can y con tu palo.

Al buen día, ábrele la puerta y para el malo te apareja.

Al buen bracero, todos le sirven de cañas.

Al buen caballero, no le falta lanza.

Al buen callar, llaman Sancho; al bueno bueno, Sancho Martínez. (Es de advertir que algunos nombres los tiene recibidos y calificados el vulgo en buena ó mala parte y significa- ción, por alguna semejanza que tie- nen con otros por los cuales se to- man. Sancho, por santo, sano y bue- no; Martín, por firme y entero; Bea- triz, por buena y hermosa; Pedro, por taimado, bellaco y matrero; Juan, por bonazo, bobo y descuida- do; Marina, por malina y ruin; Ro- drigo, por el que es porfiado y duro, negando; decláralo el refrán: «Pera que dice un Rodrigo, no vale un hi- go», y con tales calidades andan en

los refranes. De manera que Sancho se toma aquí por sabio, sagaz, cauto y prudente y aun por santo, 8ano y modesto. Confírmalo la varia Lección

del impreso en Zaragoza: al buen callar llaman santo, sajio» (corríi saggio, porque saggio en italiano es lo mismo que sabio, y en sabio caben todas las significaciones con que de- claró á Sancho). Lo primero, al buen callar llaman Sancho , lo usamos mu- cho para alabar el callar y secreto y encarecer los provechos que tiene y los daños de lo contrario de ser par- leros; y para encarecerlo más se aña- de: «y al bueno bueno, Sancho Mar- tínez , con alguna semejanza de nom- brar las personas con el sobrenom- bre por más honra y respeto, como á los de autoridad y no como entre compadres y aldeas, que se llaman por sólo el nombre propio de ordi- nario. Algunos, porque no entienden el misterio de Sancho, dicen: al buen callar, llaman santo»; pero no es menester mudar la lectura anti- gua, sino saber que Sancho, aunque por una parte es nombre propio, por otra significa santo, porque salió de sanctiis, como pecho de pectus; de- recho, de directus; duecho de doctas, en los cuales y otros muchos ct las mudan en di. Demás de esto, en la lengua española usamos mucho la figura paranomasia, que es semejan- za de un nombre á otro, porque para dar gracia con la alusión y ambigüe- dad á lo que decimos, nos contenta- mos y nos basta parecerse en algo un nombre á otro para usarle por él; y así decimos es de Durango, para decir que es duro, apretado y escaso, y que está en Peñaranda una cosa para decir que está empeñada, y que es ladrillo para llamar á uno ladrón; más nafas, por más nada; bucólica, por lo que toca al comer, por lo que tiene de boca; espada de Maqueda, por la que se queda con vuelta do- blada ó torcida como cayado. Al fin, quiere decir que el hombre callado» sová respetado; si más callare, más, que el callar es bueno y el más callar muy bueno.) Al buen consejo, no le hallo precio*

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Al buen consolador no le duele la la cabeza, ni al buen negociador las piernas.

Al buen pagador no le duelen pren- das; no le duelan prendas.

Al buen varón, tierras ajenas su patria le son.

Al bueno, no le busques ni cates abolengo.

Al bueno darás, y del malo te apar- tarás.

Al bueno por amor, y al malo por temor. (Entiéndese ha de atraer y sujetar.)

Al bueno, porque te honre; y al malo, porque no te deshonre; ó al ruin, porque no te deshonre. (Que á uno y á ctro debes hacer buen tra- tamiento.)

Al campo y al señor, cómprale cuando le hayas menester, y antes no.

Al cabo de la jornada, no tener nada. (Con metáfora, por el fin y ca- bo de cualquiera cosa, y más de la vida.)

Al cabo de la jornada, se torna.

Al cabo de los años mil, vuelve el agua á su cubil.

Al cabo de los años mil, vuelven las aguas por do solían ir.

Al cabo de cien años, los reyes son villanos; y al cabo de años cien, el villano es rey.

Al cabo de cien años, los reyes son villanos; y al cabo de ciento y diez, los villanos son reis. (Sincopado, di- cen aldeanos reis por reyes, como bueis por bueyes.)

Al cabo de cien años, todos sere- mos calvos.

Al cabo de Dios os salve.

Al cabo de Ramos, pasta. (Dícese con ironía de cosas tardías.)

Al cabo del año, tiene el mozo las mañas de su amo.

Al cabo del año, más gasta el lace- rado que el largo.

Al cabo del año, más ha comido el muerto que el sano.

Al cabo del año, más come el muer- to que el sano. (Por las ofrendas que se ofrecen cada semana.)

Al capón y al señor, cómprale cuando le hayas menester. . Al catarro, dalle con el jarro. (Dice

que poco beber es bueno al catarro; y eso que sea vino.)

Al caballo has de mirar, que á la yegua no has de catar. (Por esto ca- san hidalgos con no hidalgas.)

Al caballo maldito, el pelo le luce. (Es lo que «Al buey maldito».)

Al carro quebrado, nunca le faltan mazadas.

Al que es nuevo, denle un güevo; al que es viejo, denle el demo. (Ce- los de mozo antiguo.)

Al que es de vida, el agua le es me- dicina; y si es de muerte, no me- nester ungüente.

Al que es de muerte, el agua le es fuerte. (Decían y dicen algunos: me- lecina, por medicina; y melecina se dice ahora la que se echa con jerin- ga ó barquino para desembargar el vientre.)

Al que es desdichado, todo se le cuenta á pecado.

Al que es pobre, y al menguado, nunca falta quien le haga más nece- sitado.

Al que yerra, perdónale una vez, mas no después.

Al que yo bien quiera, la mujer se le muera; la mala, que no la buena.

Al que una vez me engaña, mal le haga Dios, y ayúdele si dos; ó á quien me.

Al que le falta ventura, la vida le sobra; ó á quien falta.

Al que nació señalado, no le trai- gas á tu lado.

Al que no es duecho de bragas, las costuras le hacen llagas.

Al que no tiene apetito, denle por caldo la salsa de San Bernardo.

Al que no tiene amigos, pobre le llaman y desvalido.

Al que no tiene, el rey le hace franco.

Al que no tiene pan labrado, Agos- to se le hace Mayo.

Al que de costa huye, costa le cubre.

Al que de miedo se muere, ente- rralle en mierda y hacelle de caga- jones la huesa.

Al que Dios ha de ayudar, sábele bien hallar.

Al que quieres mal, con dos roci-

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nes tuertos le veas arar; y al que más mal, con otro par.

Al que come beleño, no le falta sueño.

Al que cuece y amasa, no le hurtes hogaza; ó á quien.

Al que poco costó la hacienda, no le duele gastalla por su defensa.

Al que te da el capón, dale la pier- na y el alón. (Que sean agradecidos.)

Al que te quiere comer, almuér- zale primero.

Al que te quiere mal, cómele el pan; y al que bien, también.

Al que te puede tomar lo que tie- nes, dale lo que te pidiere.

Al que tiene suegra, cedo se le muera; ó á quien.

Al que tiene mujer hermosa, ó cas- tillo en frontera, ó viña en carrera, nunca le falta guerra.

Al que trabaja y anda desnudo, ajo y vino puro.

Al que mal vive, el miedo le sigue.

Al que mal hace, nunca le falta achaque.

Al que mal hicieres, nunca le creas.

Al que muerde la salamanquesa, al tercer día le hacen la huesa. (Hue- sa, fuesa y güesa, todo es uno.)

Al quinto día verás qué mes habrás.

Al corcho, árdele el manto y qué- dale el quebranto. (El manto es la corteza de afuera, que arde como está seca; el quebranto es el humo que le queda en lo demás que no alza llama.)

Al conejo, el salmorejo.

Al conejo y al villano, despedá- zale con la mano.

Al comer, al tajadero; al cargar, al cabestrero.

Al comer y al cagar, el hombre se debe espaciar. (Esto es, darse espacio, como el otro dice: «Comer y cagar, de vagar».)

Al comer de las morcillas, ríen la madre y las hijas; y al pagar, todos á llorar.

Al comer de los güevos, verá la puerca si son con aceite ó si son con manteca.

Al comer de los tocinos, entran pa- dres y entran hijos; al pagar, todos á llorar.

Al comer de los tocino-, cantan padres é hijos; al pagar, sus á llo- rar.

Al comer, comamos; y al pagar, á ti suspiramos.

Al comer, gaudeamus; y al pagar, ad te suspiramus. (Gaudeamus es go- cémonos.)

Ai comedor, ni cosa delicada, ni apetito en el sabor.

Al corriente, freno en diente.

Al cuaresmero, hornazo de Pedro.

Al cuero y al queso, cómpralo por peso.

Al cuco no cuques, y al ladrón no hurtes.

Al cuerdo y hábil, todo le es fácil.

Al cuñado, acuñarle; y al pariente, ayudarle.

Al cuñado, acuñarle; y al hermano, ayudarle.

Al cuerdo y al vil, todo le es fácil por diverso carril.

Al clérigo y á la trucha, por San Juan le busca. (Porque anda enton- ces por las eras cobrando diezmos, y los ríos entonces llevan menos agua y se pescan más fácilmente las tru- chas.)

Al pan reciente, abrirle el gollete.

Al paso del buey y del atambor. (Dícese por ir y negociar con espa- cio y sosiego.)

Al paj arillo que se ha de perder, alillas le han de nacer.

Al padre temporal, mucho has de honrar, y mucho al espiritual.

Al padre temporal y al espiritual, has de honrar por igual.

Al peligro, con tiento; y al reme- dio, con tiempo. (Avisa el recato en casos peligrosos, y el cuidado que ha de haber en los daños hechos, para remediarlos.)

Al peligro, con tiempo; y al reme- dio, con tiento. (Que el peligro se procure con tiempo evitar; y habien- do caído en daño, se procure con tiento y cordura remediar y curar.)

Al pece grande, soltalle la vara.

Al perdido, piérdese el juicio.

Al pedo del abad, el enojo igual.

Al perro y al parlero, dejallos en el sendero.

Al perro conejero, miralde el fio-

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rín. (Otros dicen: mirálle el flobín; otros el robín, ó la ruin; no he halla- do cazador que me diga qué entiende por florín. Lo que yo vi cuando mu- chacho en casa de mis deudos, que siempre tienen podencos conejeros, es que los bien roscados de cola eran alabados, porque es señal de brío y lozanía, y así, entiendo por florín la flor que hacen con la cola enroscada, y más propiamente, florín es la flor que hace meneando la cola apriesa, cuando siente la caza y va de rastra, y á este colear ha de mirar y estar atento el cazador; ayuda á esto un verso de D. Alonso de Ercilla, en el asalto del puente de Penco: «La gruesa y larga pica floreando.*

Algunos dicen que quizá es el ho- cico, que ha de ser ancho y bien for- mado; otros dicen mejor que ha de decir el robín , que algunos llaman la ruin, que es una como lombricilla que les nace debajo de la lengua y los enflaquece, y se ha de advertir para quitársele.)

Al pie de la sierra, ó cien leguas de ella. (Por el frío, que es menos al pie que algo más lejos, y para criar ganado es buena la sierra.)

Al pie de la cama, ni vino ni agua. (Que no se ha de beber al acostar.)

Al pie del helécho, no busques el dátil.

Al postrero, muerde el perro. (Apartándose.)

Al poderoso y al porfiado, déjalos el campo, que te será más sano.

Al pobre afligido no le des más ruido.

Al pobre no es provechoso acom- pañarse con el poderoso.

Al potro y al mozo, el ataharre flo- jo y apretado el bozo.

Al puerco el caldero, y no el ribe- ro. (Que le es mejor agua limpia da- da á la mano, que no la de charcos en tierras cálidas.)

Al puerco y al yerno, enseñalde la puerta, que él subirá la escalera.

Al puerco y al yerno y á la nuera, enseñarles la puerta.

Al puerco y al yerno, muéstrales el umbral, que ellos se vendrán.

Al puerco y al yerno, mostralde

una vez la casa, que él se vendrá lue- go, y al fraile, que será más cierto. ' Al puerco y al yerno, muéstrales una vez el huego, que él se vendrá luego.

Al puerco; dale al diente y no le cates pariente.

Al puerco, dale de comer y no le cates agüelo.

Al puerco, dale de comer y no le cuentes el tiempo.

Al puerco gordo, untarle el rabo. (Contra los que dan á los que tienen.)

Al principio ó al fin, Abril suele ser ruin.

Al principio, marido, se ha de ahorrar, que no al cogugar.

Al prisco, vino; y agua al higo.

Al primer tapón, zurrapas.

Al primero muerde el perro. (Allegando.)

Al plano de la Violada, cuál con horca, cuál con pala. (El plano y lla- no, ó campo y barranco de la Viola- da, está entre Almudévar y Zuera, camino de Zaragoza á Huesca; fin- gen este cuento dando matraca á los de Almudévar, que el herrero hizo un delito que merecía horca y Pedro Zaputo les dio este consejo: que pues había dos tejedores y no más de un herrero, ahorcasen al un teje- dor, que bastaba el otro, y dejasen al herrero, que les haría falta; hicieron así; y dicen más, que hoy día piden una demanda para misas á aquel ino- cente. Quedó por refrán «el sabio de Almudévar», Pedro Zaputo, para lla- mar á uno necio y «la justicia de Al- mudévar, > para decir una tontaini- ca y mala justicia. Dándoles matraca de todo esto, salieron á batalla con- tra los de Zuera: «al plano de la Vio- lada, cuál con horca, cuál con pala», que en esto los motejan también de armas villanas. También se dice: «Al barranco de Violada, qui con forca, qui con pala». Otras patrañas inven- tan acerca de esto; pero basta lo di- cho para la noticia de los refranes.)

Al tañer de las trompetas, es el ca- gar camorretas.

Al tahúr, nunca le falta qué jugar; y al putañero, qué gastar.

Al te sueño. (Es como decir de otra

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manera te sueño, otra cosa deseo.

Al tercero día, gran dolor de la he- rida.

Al tiempo, el consejo. (Se ó se deje.)

Al tiempo de las brevas, todos se llegan.

Al tiempo de los higos, no hay amigos. (Contra los ingratos, que cuando tienen no conocen á sus bien- hechores. Los muchachos de la Vera de Plasencia saben bien este refrán, que suelen convidarse los amigos para ir á comer fruta á sus hereda- des, y si otro día alguno no corres- ponde á la amistad, se lo dan en ros- tro con este refrán, que es decir: «Cuando tenéis higos en vuestras hi- gueras, no conocéis los amigos».)

Al tiempo del conejo, no hay con- sejo.

Al tiempo del higo, no hay amigo.

Al tío sin hijos, hacelle mimos y regocijos.

Al toro y al loco, de lejos. (Conse- jo de viejos.)

Al tono de: guárdame las vacas.

Al tobillo, y no al colodrillo. (Que más vale enlodarse el pie un poco, que por ir por limpio y malos pasos, caer y enlodar la cabeza.)

Al traidor, traidor y medio.

Al trabajo, yerno, que viene el invierno. (Que el yerno, que es mozo, tome á su cargo trabajar y mirar por la hacienda y proveer la casa.)

Al verano que había grano, que ya no pía Gonzalo. (Que pasó la ocasión. Al milano llaman Gonzalo en la Gon (He).

Al verano tabernera, y al invierno panadera.

Al viejo al tobillo, y al mozo al co- lodrillo. (En los deslizaderos, en tiempo de lodos, los viejos y experi- mentados toman mejor los senderos y no caen, y los mozos dan de ojos y se enlodan, y así en otros nego- cios.)

Al viejo y al conejo, mudalde la tierra; daros el pellejo. (Que el viejo morirá presto, y el conejo será presto cazado lejos de sus vivares.)

Al viejo no se ha de preguntar ¿cómo estáis?, sino ¿qué os duele?

Al viejo nunca le falta qué contar, ni al sol ni al hogar.

Al viejo gato, ponle en el lomo la mano, y levantarte el rabo. (Que por viejo que uno sea, puesto en la ocasión, podrá aprovecharse de ella.) Al viejo múdale el aire, y darte el pellejo. (Es mudarle la tierra.)

Al vino, higo; y al agua, higa. (Opi- nión de bebedores que por higa al agua, dieron al higo vino, y al vino higo, por contrapuesto y cosa buena; queda dicho antes, trocado: «Al higo vino, y al agua higa».)

Al villano no le hagas bien, que es perdido; ni mal, que es pecado.

Al villano, no darle vara de justi- cia en mano. Al villano, no manjar blanco. Al villano, sacarle el cañón y de- jarlo.

Al villano, dale la azada en la mano.

Al villano, dalde el huevo y pedi- rá sal.

Al villano, dalde el pie y tomaros la mano.

Al villano, dalde un palmo y to- mará cuatro.

Al villano, dalde el dedo y toma- ros há la mano.

Al villano, danle el pie y toma la mano.

Al maestro, cuchillada. (Por metá- fora de la esgrima, se aplica al que, de menos fuerza y opinión en algo, es superior al que lo era suyo; y dí- cese con interrogación cuando quie- re hacer suerte con el mayor.)

Al maestro, cuchillada, sobre bue- na reparada.

Al mar por sal. (Enviar que vaya.) Al marido, ámale como amigo, y témele como enemigo.

Al marido, sírvele como á señor, y guárdate de él como de un traidor.

Al marido malo, ceballo con galli- nas de á par del gallo. (Quiere decir, engañarle con regalos y halagos para reducirle á mejor, y hacer la mujer lo que bien la esté.)

Al marido malo, ceballo con galli- nas de á par del gallo. (Reprenden otras mujeres en esto á la que regala al marido que no lo merece. Las ga-

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Hiñas de á par del gallo, en el galli- nero siempre son las más gordas. Otro sentido es que se le hagan cari- cias para salir la mujer con lo que quiere; conforme al de arriba, cegallo. Más caritativo fuera que al maiido malo enfermo se le cebara y le rega- lara. Truécanse también las dos pri- meraspalabras: «Almal marido, cega- 11o, ó ceballo».)

Al mal encuentro, dalle de mano y huir de su asiento, y mudar asiento.

Al mal uso, quebralle la güeca. (En este refrán, por Ja figura paranoma- sia, que en castellano es muy usada y tiene mucha gracia, el nombre uso está puesto con dos sentidos: el pri- mero, por lo que significa, que es el uso y costumbre; el segundo, por el huso de la rueca; por la mucha seme- janza que tienen que no se diferen- cian más de en la h que el huso de la rueca tiene, porque salió de fuso: y comenzando el refrán por uso, por el sentido primero y suyo, acaba con el segundo del huso, trocándole por el otro, diciendo: quebrarle la güeca, por- que el huso la tiene, en lugar de de- cir: quebrarle la pierna. Algunos que no consideran ni conocen esta gracia, porque no pronuncian las haches con distinción, confunden los vocablos que las tienen con los que no las tienen.)

Al mal uso, quebrarle la pierna.

Al mal farinero, los pelos del culo le fan embarazo. (Al mal trabajador; es de Aragón.)

Al mal capellán, mal sacristán.

Al mal camino, darle priesa.

Al mal tirador, las plumas le estor- ban. (Aquí va honesto: plumas, por pelos; tirador, por hacedor, y éste, por su consonante.)

Al mal viento, volvelle el capie- 11o.

Al mal marido, ceballo con galli- nas de á par del gallo. (Contra quien regala y se somete á quien no lo me- rece.)

Al mal mortal, ni médico, ni medi- cina no le val.

Al mal hacedor, los pelos le estor- ban. (Hacedor en lugar de su peor consonante.)

Al malo, dalle dineros ó casallo; ó aviallo.

Al malo, mal le haga Dios, y al en- fermo, Dios le salud. (La palabra malo es ambigua, por el malo de cos- tumbres y obras, y por el malo y en- fermo de salud, y juega de la equi- vocación al principio, y declárase en lo siguiente que se tome por el malo de obras y condición, y no por el en- fermo; repréndese el hablar con pa- labras ambiguas en las cosas que es menester claridad, no cuando se hace por elegancia y gracia.)

Al malo, mal le haga Dios hasta que sane. (Varíase «Mal le haga Dios hasta que sane; mal te haga Dios has- ta que sanes»; como decir: no se me da nada de su mal.)

Al manjar, vita; dulcedo; y al pa- gar, sollozos y duelos.

Al más discreto varón, sola una mujer echará á perder.

Al más discreto varón, la mujer le echa al hondón.

Al más ruin puerco, la mejor be- llota. (Sucede el peor llevar lo me- jor-)

Al, madrina, que eso ya me lo sa- bía. (Nota ál, por otra cosa.)

Al matar de los puercos, placeres y juegos; al comer de las morcillas, placeres y risas; al pagar de los di- neros, pesares y duelos. (Porque fue- ron fiados.)

Al matar, vita, dulcedo; al pagar, á ti suspiramos.

Al mentiroso, cuando dice la ver- dad no le dan autoridad.

Al mejor negro, peello.

Al médico, y confesor, y letrado, la verdad á lo claro; ó hablarle claro.

Al médico, confesor y letrado, no le traigas engañado; ó no le hayas engañado.

Al mierlo y al tordo, á lo que no te agradare hazte sordo.

Al mordaz, todo le desplaz.

Al molino y á la esposa, siempre falta alguna cosa.

Al molino y á la mujer, andar so- bre él.

Al mozo amañado, la mujer al lado»

Al mozo nuevo, del pan y del güevo.

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Al mozo viejo, del pan y del leño. (En Galicia dicen del pan y del demo:

quejas son del mozo antiguo en casa.)

Al mozo nuevo, pan y güevo; y an- dando el aflO, pan y el palo.

Al mozo de Talavera, á los toros le espera.

Al mozo que le sabe bien el pan, pecado es el ajo que le dan.

Al mozo perezoso, pon la mesa y envíale al mandado.

Al mozo vergonzoso, el diablo lo llevó á Palacio.

Al mozo malo, el amo al lado.

Al mozo malo, ponerle la mesa y enviarle al mandado.

Al muerto dicen: ¿quieres?; al vivo, toma.

Al mueble sin raíz, presto se le quiebra la cerviz.

Al mulo y al asno, la carga al rabo; y al rocín, á la crin.

Al ratón que no sabe más de un agujero, el gato le coge presto.

Al ratón que no sabe más de un horado, aquél tapado, presto le toma el gato.

Al rey y á la reina obedecemos, á este etcétera no conocemos. (Aplica- do á vizcaínos oyendo leer las pro- visiones reales: Rey de Castilla, de León, etc.)

Al rey y al río, nunca le tengas muy vecino; porque si se enoja, todo lo deja barrido.

Al rey mozo y galio, pelallo. (Cosa es que la leemos y la vimos en algu- nos que chupan al rey y al reino, como lo hizo Xevres en España; gallo por enamoradizo.)

Al rincón con la almohadillla, la cachigordilla.

Al rocín, la carga á la clin; y al asno, la carga al rabo.

Al romero que se le seca el pan en el zurrón, no le tengas duelo.

Al ruin lugar, la horca al ojo. (Bur- la de algunos lugarejos de señorío, que llaman villas, que están muy cumplidos de horca y picota y muy faltos de casas, y lo que más se ve es la horca y picota, ó rollo.)

Al ruin, su tierra le llama. (Contra los que paran poco en la ajena y no se esfuerzan á pasar trabajo y

valer ausentes, como hacen los bue- nos.)

Al ruin, dalde oficio y será cono- cido.

Al ruin, dalde cargo y sabréis quién es.

Al ruin, dalde un palmo y tomará cuatro.

Al ruin de Roma, en mentándole luego asoma.

Al ruin, cuando le mientan, luego viene. En mentando al ruin, suele venir.

Al ruin falta posada, que fuera, que en casa.

Al ruin que Dios mantiene, en mentándole luego viene.

Al ruin comedor, el güeso le es fa- vor al sabor.

Ai ruin, mientras más le ruegan, más se extiende.

Al llamado de quien le piensa, viene el buey á la melena. (Que la necesidad amánsalos bravos; Quién se metió por casa de tu enemigo? Hambre y frío».)

Al hacer, temblar; y al comer, su- dar. (De los atados y para poco.)

Al herrero con barbas, y á las le- tras con babas. (Entiéndese los has de poner á su oficio. El herrero tiene poco que aprender, y más necesi- dad de fuerza y años; comiéncelo grande. Al letrado, porque hay mu- cho que estudiar para salir aventa- jado, comiéncelo temprano. No por eso desconfíen los que no pudieron comenzar los estudios en los prime- ros años, que siempre hay lugar para aprender; y muchos que comenza- ron tarde, salieron muy eminentes; de los cuales pudiera hacer buen ca- tálogo, que dejo para abreviar; y otro refrán dice: «Al latín con babas, y á la ciencia con barbas».)

Al hierro, el orín; y la envidia, ai ruin.

Al hijo, Juan Martín; y al padre, viejo ruin. (Reprende á los que true- can los honores, y dan más al mozo que al viejo, á quien se debe más honor y respeto.)

Al hijo de la hija, métele en la ve- dija; al de la nuera, dale del pan y échale fuera.

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Al hijo de tu vecina, quítale el moco y cásale con tu hija.

Al hijo de mi hija, pónmele en la rodilla; y al hijo de mi nuera, dale pan y vaya fuera; ó el hijo de mi hijo: por el como por al.

Al hijo del herrero, de balde le machan el hierro.

Al hijo gastador, barro á la mano. (Irónica reprensión contra los que dan favor á sus hijos traviesos, pró- digos y disolutos.)

Al hijo querido, el mayor regalo es el castigo.

Al hijo malo, del pan y del palo.

Al hijo regalado, el pan pringado.

Al higo, vino; y al agua, higa. (En- tiende al higo verde, porque dice otro refrán: «Tras crudo, puro»; con todo, ésta es opinión de bebedores buenos, porque añadir y al agua higa, es decir no la admitamos. Juega de la paranomasia de higo á higa.)

Alarij cualquiera, dijo la zorra vendimiadera; cagarriosas las co- miera. (Alábanse las uvas alarijes, y cuando hay falta de uvas después de las vendimias, cualquiera comiera la zorra. Cagarriosas llaman por des- precio á las torrontreses.)

Alargar la cura. Alargar los testi- gos. (Van en las frases.)

Alas de neblí, corazón de baharí, cabeza de borní, manos de sacre, cuerpo de jirifalle, ojos de alfane- que, pico de tagarete. (Todas estas son especies de halcones, y había de haber en uno, todas estas calidades; y porque no se hallan juntas, se saca que á todas las criaturas las falta algo, ó que deseamos algo más en ellas.)

Alas tenga yo para volar, que no me faltará palomar.

Alas tenga yo para volar, que cebo no me ha de faltar.

Alazán tostado, antes muerto que cansado.

A la fe, hermano, no creas en tal santo.

A la fe que quiere seso, gobernar al loco y necio.

Alabaos, nariguda. (Dícese para re- primir los que se alaban más de lo conveniente.)

Alábate, cesto, que venderte quiero.

Alábate polla. No puedo, de gorda.

Alábate, polla, que un huevo has puesto, y ese güero.

Alábate, polla, que de poner vie- nes.

Alábate, mierda, que el río te lleva.

Alabarme he de esta cosa: que nunca lavé cabeza que no me saliese tinosa.

Alaben á Dios, y no corten gajo. (De convidar en seco, dar sin dar nada.)

Alagón, cuatro casas y un ladrón.

Aleluya, cada noche la suya.

Aleluya, quien no puede andar, que huya.

Alegraos, perros, que ya podan; á las esperanzas largas; y antes se pa- dece.

Alegraos, pelliteros, que buen ve- rano tenemos.

Alegra lo que sin trabajo se gana, y sin trabajo se aumenta.

Alegrar la de lo verde, que aquí la blanca.

Alegría secreta, candela muerta. (Porque es mayor el placer comu- nicado.)

Alegrías, albarderos, que se quema el bálago. (Es ironía.)

Alegrías, antruejo, que mañana se- rás ceniza.

Alegrita me vino la tarde, madre; plega á Dios que no vuelva á des- alegrarme.

Alientos de pupilo; de mesa pobre.

Alionje, dijo Lucía al odre. (Quizá como borracha turbó la palabra por ¡ay, calonje!; y así la varían, como ya dije.)

Alivia la pena llorar la causa de ella.

Alivia la causa llorar la llaga.

Aliñaos, Durango; aliñándome an- do; ó aliñaos, Hernando; ó alíñate, Hernando; ó aparejaos, Durango; apa- rejando me ando.

Alón, que pinta la uva. (Dícese por los mozos que no quieren servir, y dejan el amo en el verano; que hay fruta y qué comer en el campo, y no frío.)

Alonso y los gansos boloren; pues jubete en la burra, y atájala por ende.

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A lo menos, del mal lo menos.

Aluda en la costilla, quiebra los güesos en la ehinchotilla.

Alza el rabo, Menga, pues no hay quien le tenga.

Alza el rabo, Rucia, que vánse los de Olmedo.

Alza la lanza, necio. (Para los que se alaban de cosas impertinentes. Alabábase un villano que le había hablado el rey; y preguntado qué le había dicho, respondió que le dijera: «Alza la lanza, necio>.)

Alza la paja. (Dícese de un fino be- llaco.)

Alza paja por meaja.

Alzarse con el real y el trueco. (Bien claro es este refrán, y su apli- cación nació de los embusteros que tienen por flor, trocando un real de á cuatro ó de á ocho, engañar al que le trueca y hacerle trampantojos en el trueco y en el real, jurando que le dieron primero, y por otra vía reci- bir el trueco en el sombrero, aguje- reado el forro, para que se quede algo escondido, y luego dar el real que no es de ley; y descontento de él, el que le ha de recibir, entonces el otro le trastorna el sombrero so- bre su dinero, porque no se eche de ver lo que queda escondido, y no se hace el trueco, como que no se le da nada, que en otra parte se lo to- marán.)

Alzarse como Pizarro con las In- dias. (El otro día comenzó este re- frán, y ya es muy notorio y su histo- ria muy sabida; con que me excuso de alargarme en él, si bien habrá oca- sión de dolemos del valor tan mal logrado de aquellos conquistadores y su mala fortuna.)

Alzar, zancas, que este mundo todo es trampas; ó andar, zancas. (Como que son palabras de hombre, ó lobo viejo, aplicadas á lo que pasa entre los hombres.)

Alzada de Abril, y vinada de Mayo, cedacica para otro año; ó hierba para otro año.

Alzada de Enero ha de ser para ser. buena.

Alzóme á mi mano, ni pierdo ni gano. (Trocado va delante en la ni.)

Aldea por aldea, Jaraíz en la Vera. (Dicen este refrán !<»> de Plasencia y la Vera, y por ser mi lugar, añadiré lo que dice Marineo sículo de él: Ila- bet autem Plazca fia oppida atnaenis- sima in (jaibas, et JarahL,ium nemo- ribas, et arborum fractibas placidissi- mutn. Tiene, pues, Plasencia lugares muy amenos, entre los cuales es uno Jaraíz, con bosques, arboledas y fru- tas de diversos árboles, muy agrada ble. Está una legua de Yuste, donde se retiró y murió el Emperador Car- los V, N. S., de buena memoria.)

Aldea por aldea, Fregenal de la Sierra. (Lugar es en Extremadura co- nocido, donde se curte mucha y bue- na suela.)

Aldeana es la gallina, y cómela el de la villa.

Aldeana es la gallina, y cómela el de Sevilla. (Así dice el Comendador, y pudiera decir: es de Medina, ú otro tal consonante, como: «Aldeana es la polla, y cómela el de Carmona».)

Aldeana es la gallina, y cómela don García.

Aldonza sois, sin vergüenza. (Tiene gracia en torcer el sentido. Quiere decir que se llama Aldonza, que no tiene por qué negar su nombre y que puede mostrar su cara descubierta, sin cosa ninguna por qué avergon- zarse; mas tomándolo como suena, dice: «Soy Aldonza sin vergüenza ninguna», y en esto está la gracia.)

Aldonza, con perdón. (Nota la rus- tiquez de algunos, que piden perdón para nombrar algunos vocablos, sin ser menester salva para ellos.)

Alfaya por alfaya, más quiero pan- dero que no saya. (Alfaya es alhaja, palabra antigua en Asturias y Portu- gal, y de eUaalfayate, el sastre.) ' Alfayate sin dedal, cose poco y eso mal; ó cose poco y parece mal.

Alfayate de las mentiras, todo el paño hace tiras.

Alfayate que no hurta, poco medra con la aguja.

Al fin final, al fin morir.

Alfonsina; dícese por treta, astucia y maña; nació de un fulano Alfonso, que las usaba; como cordobesía, de cordobés; aplícaseálos que las hacen.

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Algarabía de allende, que el que la habla no la entiende. (Mgarabía de allende, se dice por lo que no se en- tiende y razón disparatada.)

Algarabía de Guadico, toma el ha- chón y daca el pico.

Alguillo le falta al rico, si no tiene amigo. (Algo, además significa la ha- cienda.)

Algo ajeno, no hace heredero.

Algo es queso, pues se da por peso.

Algo es cuando todos dicen: al lobo, al lobo. (Contra los mal quis- tos.)

Algo se ha de hacer, para blanca ser.

Algo se da por algo.

Algo dice el mentiroso; algo dice este necio. (Quiere decir que algún fundamento y raíz hubo en lo que el mentiroso ó necio dice, aunque él no lo supo entender ni declarar, sino falseado, y por eso se lo redarguyen y no creen ser de aquella manera; pero que algo de ello debió ser.)

Algodón cogió; cual la hallares, tal te la do. (Las mozas que andan en el campo, corren peligro de ser forza- das, y aun sin fuerza, de ser dueñas.)

Alguacil en andar y molino en mo- ler, ganan de comer.

Alguacil del campo, cojo ó manco. (Porque los suelen aporrear.)

Alguacil descuidado, ladrones cada mercado.

Algún ciego me quisiera ver, aun- que no fuera sino por tener vista. (Varíase: «Algún ciego la quisiera ver; te quisiera ver».)

Algún día, el mi peral tendrá peras.

Algún día será la nuestra.

Algún día será la fiesta de nuestra aldea; de mi aldea. (Quiere decir que vendrá tiempo en que nos veremos vengados ó mejorados de suerte.)

Algún día será fiesta.

Algún día será pascua.

Algún día será la nuestra.

Algún día comerá la zorra cabrito.

Algún día me veré yo en mi reino.

Algún diablo anda suelto. (Cuando hay grande alboroto ó tempestad.)

Algún puto crió sarna, que á pegáronmela.

Algún ruin nace. (Díceio alguno

cuando en la conversación callan to- dos, y con esto mueve la plática.)

Alguna vez -tengo de acertar y ne- gociar. (Díceio el que no desconfía de acertar, aunque haya errado del blanco, y se acomoda á otras cosas.)

Algunas veces, al labrador, pormu- cho estercolar no le va mejor. (Por- que el estiércol quiere aguas y lluvia, y si falta humedad, el estiércol que- ma la tierra.)

Alguno está en el escaño que á no aprovecha y á otro hace daño.

Alguno se burla, que se confiesa. (Cuando uno dice en burlas sus pro- pias cosas y faltas ajenas, como que no se las han de creer; lo que «Bur- lando, se dicen las verdades».)

Algunos caen para que otros se le- vanten.

Algunos, parlando se hacen cuer- dos y muestran no serlo, aunque se esfuerzan á parecerlo.

Albarda, Pedro, que á la puente te espero.

Albricias, albardero, que se arde el bálago.

Albricias, padre, que el obispo es chantre.

Albricias, padre, que ya podan; ó albricias, perros. (Lo que alegraos.)

Albricias, padre, que el culo os veo; ó que se os ve el culo.

Albricias, padre, que lo vuestro os veo.

Albricias, perros, que ya podan. (A esperanzas largas.)

Albricias, madre, que pregonan á mi padre.

Alcaraz, cabo de vientos. (Dícese porque en los términos de Alcaraz hacen diferentes efectos los vientos solano y ábrego, que desde Sevilla hasta ellos, por mayor parte soplan- do ábrego hay lluvia, y de ahí á Car- tagena causa serenidad; y solano, des- de Cartagena hasta el campo de Mon- tiel, es viento de salud y trae aguas, y de allí á Sevilla es pestilente para la salud y frutos.)

Alcaraván zancudo, para otros con- sejo y para ninguno.

Alcaraván zancudo, da consejo y para no tiene ninguno. (El cuento es, que una paloma tenía su nido en

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un árbol; la vulpeja amenazóla que la comería si no la daba parte de sus hijos; la paloma, de miedo, débaselos. El alcaraván, compadeciéndose de la paloma, dióla consejo que no la diese nada, que el árbol era alto y no po- día subir la vulpeja, y así no la dio nada desde adelante y dijo la causa porqué. Preguntó la vulpeja quién la había dado aquel consejo? Respon- dió que el alcaraván. Después, tra- bando plática la vulpeja con el alca- raván, alabóle de sabio en la gober- nación de su vida, y entre otras co- sas, preguntóle qué hacía cuando quería dormir; respondió el alcara- ván que metía la cabeza debajo de las alas, y diciendo y haciendo me- tióla entonces; arremetió la vulpeja contra el alcaraván y comiósele, y así hizo verdadera la sentencia de Eurípides, poetagriego: «Reniego del sabio que para no es sabio».)

Alcalá de Henares, mucho te pre- cias y poco vales; si no por una calle que hay en tí, no valieras un mara- vedí. Alque ó teniente en Salamanca. Alcalde sin embargo. (Un alcalde sentenció á muerte á uno; el reo ape- ló de la sentencia, y notificando al alcalde la apelación, dijo: «Ejecútese sin embargo»; y se ejecutó. Los parien- tes del muerto se querellaron del al- calde en Granada, y le hicieron ir y venir y gastar, hasta que le empo- brecieron, y el caso fué muy sonado, y le llamaban el alcalde sin embargo, y quedó por refrán en casos de reso- lución y fuerza de jueces que no ad- miten réplica.)

Alcalde de aldea, el que lo quiere, ése lo sea.

Alcalde de aldea, séase quien quiera.

Alcalde de Moscas. (Por alcalde re- suelto, que no admite apelación; que- dó porque un alcalde de un lugar de León, llamado Moscas, sentenció á unos ladrones á ahorcar, y lo ejecutó no obstante que apelaron.)

Alcalde de vara en cinta y mujer de poco importa, no hay que fiar de ellos cosa. (Alcalde de vara en cinta es el ejecutor que va por los lugares

con una varilla chica oculta, y podía ser el recue/o, que de ordinario lleva la vara en el cinto.)

Alcalde, ¿demandóme aquí alguno? Alcalde, ¿llamóme aquí alguien? (Del que se va á la ocasión de cárcel y se mete en barajas.)

Alcalde corajoso es éste, que á to- das las damas prende. (O trocado: «Corajoso alcalde es éste>.)

Alcanza, quien no cansa. (Entiende: quien no se cansa, alcanza lo que pre- tende.)

Alquílame el vuestro rocín, que tengo cantusada la ropa.

Alquile una blanca de negros. (Di- cen esto á los mandones.)

Alquimia probada, tener la lengua refrenada.

Alquimia probada, tener renta y no gastar nada.

Alquimista certero, del hierro pen- só hacer oro y hizo del oro hierro.

Alta mar, y no de viento, no pro- mete seguro tiempo.

Alta me la levanta, la camisa ó la saya.

Altas ó bajas, en Abril son las pas- cuas; ó caen las pascuas. (Esto es lo más ordinario.)

Altas ó bajas, en Abril caigan las pascuas; ó sean las pascuas. (Desean que no vengan antes, porque no sean marzales, por el otro refrán que dice: «Pascua marzal, hambre, guerra ó mortandad*.) Alto, jaquete, que te mira la gente. Alba de Tormes, baja de muros y alta de torres; llena de putas y más de ladrones; mira tu capa dóíide la pones, que padres é hijos, todos son ladrones.

Alba de Tormes, buena de putas, mejor de ladrones; mira tu capa dón- de la pones.

Alvaro, ¿qué queréis agora? Quie- ro merendar, miña dona.

Almagrar y echar á extremo. (Por metáfora, del ganado ovejuno es es- coger, señalar y apartar y echar aparte.) Almendral, dirás la verdad. Almorzar sin beber, merendar sin comer. (Esto es, en la gente regalada y que no trabaja, que comiendo algo

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por la mañana de conserva, y tal cosa, no es menester beber, porque hay humedad en el estómago; y á la tarde, en verano principalmente, se puede beber un jarro de agua para que haga ir abajo la digestión del medio día y se abra la voluntad para la cena.)

Almuerza con rufián, come con car- pintero y cena con recuero. (Dícese también por infinitivo: «Almorzar con rufián, comer con carpintero, ce- nar con recuero».)

Almuerzo de rufián, comida de carpintero y cena de recuero, me- rienda de ganapán.

Almuerzo de rufianes, comida de abades, cena de gañanes. (Que llevan la cruz tras el muerto.)

Al revés de Oxea, que llevan la cruz tras el muerto.

Al revés me la vestí, mas ándese ansí. (Contra flojos y desaliñados, y los que no enmiendan sus defectos.)

Alhaja que tiene boca, ninguno la toca.

Ana, ó me lo da ó me lo manda. (Hablando de presente, alaba ser so- corrida una persona que socorre, dando luego lo que tiene pronto ú ofreciendo después. En imperativo, procura el que demanda asegurar que le den.)

Ánade, mujer y cabra, mala cosa siendo magra; ó no quiere ser magra.

Ana, Vadana, Rebeca, Susana, Lá- zaro, Ramos, en pascua estamos. (Ana- vadana es palabra corrupta de annna, de la oración de la primera domini- ca de cuaresma y del evangelio: Va- de retro, Satkana. La oración dice: an- nua ciiadrayesimali observatione. Era frecuente, antes del Concilio de Tren- to, saber todos mucho de la Iglesia y la doctrina en latín, y los romancis- tas corrompían mucho las palabras; lo demás es claro por los Evangelios del día, ó cercanos, como el de Láza- ro, que caen el viernes antes, por lo notable del milagro de resucitar Lá- zaro.)

Anica la del peso, que á ducado daba el beso.

Ánima de veratanb, ni la quiso Dios ni el diablo. (Dicen esto los de

Peñaranda por los que del Valle de Plasencia acuden á su mercado con naranjas y otras frutas, porque con la trajinería se hacen sagaces como los de Peñaranda, y ellos dicen: «Áni- ma de veratano».)

Animo libre, no tiene cuerpo su- jeto.

Ánimo, que todo es ventura.

Animo vence en guerra, que no arma buena; ó arma luenga.

Anillo en nariz de puerco. (Cuan- do una cosa rica y curiosa está mal empleada en quien no luce; tomóse de los proverbios, adonde dice Salo- món: Anillo ó argolla de oro en na- riz de puerco es la mujer hermosa y tonta, necia ó boba. En algunas tierras usan poner á los puercos, y más á las puercas madres, una sortija de hierro en las narices para que no hocen los sembrados, y á esto alude el proverbio.)

Anuncia, que el Dio dará. (Palabras de un judío que reprendía á su hi- jo, ó á cualquiera que se fingió cojo, para que Dios no le castigase en ve- nirlo á ser, y acomódase á semejan- tes ensayos y remedos. Aquí, Malara dice su patraña.)

Ansí, ansí güela la casa á hombre; y rodaba por las escaleras.

Ansí, ansí, que el perejil no es al- fafez.

Ansí andaremos, á pesar de galle- gos.

Ansí ande, cual zaga tras sus pe- llejos.

Ansí andes en verano, como ábre- go en verano.

Ansí acontece en cosas recias, co- mo ir á la plaza y venir sin orejas; ó ansí acontecen cosas recias.

Ansí en el ojo el besugo, como el enfermo en el pulso. (Se conoce.)

Ansí engañan á los bobos. (Cuando cebando con algo, burlan á uno.)

Ansí es el queso sin corteza, como la doncella sin vergüenza; ó ansí es el árbol.

Ansí es el marido sin hecho, como la casa sin techo.

Ansí es la mujer en domingo, co- mo el trigo con rocío. (Porque se ali- ña y pone galana.)

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Ansí es dura cosa al loco callar, como al cuerdo mal hablar:

Ansí está el labrador entre dos abo- gados, como el poce entre dos gatos.

Ansí las tenga Vm., como Catalina de León. (Dándose las buenas pas- cuas, ó noches, se responde á esto con gracia maliciosa, torciendo el sentido de las en narices, como Catalina de León, que era una pescadora desnari- gada, en Cádiz muy conocida.)

Ansí le está, como la silla al asno. (Dicho por ironía.)

Ansí os podéis quedar, como el pe- rro de Ecija, que mirando la luna se secó pensando que era manteca.

Ansí lo lleven las viñas. (Dícese á quien le sabe bien el vino.)

Ansí lo hiló la mal lograda. (Cuan- do se desvalde algo.)

Ansí salta, como granizo en albar- da. (Dícese de quien se enoja presto y se sacude.)

Ansí, santo, entróos á ver y hurtás- teme el asno.

Ansí se usa con el mozo malo, dar- le del pan y del palo.

Ansí se sacude, como granizo de albarda.

Ansí se despobló Caparra. (Dícenlo cuando se van los de una conversa- ción, pocos á pocos. Caparra es un pedazo de calle de pocas casas, cerca de Plasencia, en el Camino de la Pla- ta, donde se parecen grandes ruinas y rastros de haber sido gran ciudad en tiempo de romanos.)

Ansí se ganó ello. (Ironía á desper- dicios.)

Ansí se consuela quien sus made- jas quema; ó con eso se consuela. (Esto dice el que no logró su traza, trabajo y diligencia; antes, salió con daño y pérdida en lo que pensaba acertar y ganar, cuando ve en otro el mismo suceso y daño; tomóse de los oficios de las mujeres, que por ser orgullosas, al coger las madejas las queman; y si á otras sucede lo mis- mo, se consuelan de su j^erro, porque mal de muchos, gozo es.)

Ansí se cría el güerto como el puerco. (Entiéndese, con cuidado. El Comendador dice como el cuerpo, y parece yerro del molde.)

Ansí se haz el escudero rapaz (Que con tales y tules modos bajos suyos, viene á ser tenido y mandado como rapaz. Mas si rapas se pone en vocativo, y se habla con él, será de- cirle y enseñar cómo so ha de hacer hombre de valor, y se pondrá coma antes de rapaz. «Ansí se haz el escu- dero, rapaz.»)

Ansí se hace la porrada, sacando puerros y echando agua.

Ansí se hacen los gavilanes man- cos, ó mansos. (Dícese cuando burlan á alguno, quitándole algo que iba á coger, dejándole engañado sin ello.)

Ansí se hacen los milanos flacos, viendo los pollos y deseándolos.

Ansí dijo la zorra á las uvas, no pu- diéndolas alcanzar, que no estaban maduras.

Ansí como á él se le entiende, me guarde á Dios.

Ansí como ansí, no las había gana, que estaban agrillas. (Disimulación de la zorra cuando no pudo alean zal- las uvas, porque estaban altas. Aplí- case cuando se hace de la necesidad virtud, y se disimula al deseo de lo que no se puede haber )

Ansí parezca yo á Dios, como me parece. (Dícese aprobando una cosa que parece bien, y varíase conforme su género. En un romance al Rey D. Felipe II, se dice, hablando con él: Ansí parezca yo á Dios, como vos me parecéis.)

Ansí pase el toro por su puerta. (Dícese esto con amor á